Artrosis de rodilla
La artrosis de rodilla, también llamada gonartrosis, es un proceso degenerativo de la articulación en el que se produce deterioro progresivo del cartílago articular, cambios en el hueso subcondral, formación de osteofitos y, en muchos casos, inflamación sinovial de bajo grado.
No es solo un “desgaste del cartílago”. La artrosis afecta a toda la articulación: cartílago, hueso, meniscos, ligamentos, cápsula, membrana sinovial y musculatura periarticular. Por eso los síntomas dependen no solo del grado de desgaste visible en una radiografía, sino también de la fuerza muscular, el eje de la pierna, el peso corporal, la actividad diaria y la presencia de inflamación.
La artrosis puede afectar al compartimento femorotibial medial, al lateral, a la articulación femoropatelar o a varios compartimentos al mismo tiempo. Esta localización es importante porque condiciona el tipo de dolor, la deformidad, el tratamiento conservador y las opciones quirúrgicas.
Índice de contenidos
- Qué es la artrosis de rodilla
- Tipos de artrosis según el compartimento afectado
- Causas y factores de riesgo
- Cómo se produce la artrosis
- Cambios en la articulación
- Síntomas clínicos
- Radiología y pruebas de imagen
- Diagnóstico
- Evolución y curso clínico
- Tratamiento conservador
- Infiltraciones y tratamientos complementarios
- Ejercicios recomendados
- Tratamiento quirúrgico
- Prótesis de rodilla y rehabilitación inicial
- Recomendaciones prácticas
- Conclusión
- Contenido relacionado
Qué es la artrosis de rodilla
Por definición, la artrosis u osteoartrosis es un proceso degenerativo que ocurre a nivel de las articulaciones con sinovial. En la rodilla, este proceso afecta a una articulación sometida a cargas muy elevadas durante la marcha, las escaleras, la carrera, el trabajo físico y muchas actividades cotidianas.
El cartílago articular pierde progresivamente sus propiedades mecánicas. Se vuelve más irregular, se fisura y puede disminuir de espesor hasta dejar zonas del hueso subcondral expuestas. A la vez, el hueso responde aumentando su densidad, formando osteofitos y modificando la forma de la articulación.
La artrosis no siempre produce síntomas. Hay pacientes con signos radiológicos importantes y poca clínica, y otros con cambios moderados pero dolor significativo. Por eso el tratamiento debe basarse en la combinación de síntomas, exploración, función y pruebas de imagen.
Tipos de artrosis según el compartimento afectado
La rodilla no se desgasta siempre de la misma manera. Identificar el compartimento afectado ayuda a entender los síntomas y a planificar el tratamiento.
Artrosis femorotibial medial
Es una de las formas más frecuentes. Afecta al compartimento interno de la rodilla y suele asociarse a dolor en la cara medial, pérdida de espacio articular interno y deformidad progresiva en genu varo.
Artrosis femorotibial lateral
Afecta al compartimento externo de la rodilla. Es menos frecuente que la medial y puede asociarse a deformidad en genu valgo, sobrecarga lateral o secuelas de lesiones previas.
Artrosis femoropatelar
Afecta a la articulación entre la rótula y la tróclea femoral. Puede producir dolor anterior de rodilla, molestias al subir y bajar escaleras, dolor al levantarse de una silla, dificultad para ponerse en cuclillas y crujidos rotulianos.
Artrosis tricompartimental
Existe cuando el desgaste afecta a los tres compartimentos principales de la rodilla. Suele producir síntomas más globales, limitación funcional más marcada y mayor probabilidad de requerir cirugía protésica en fases avanzadas.
| Tipo | Zona afectada | Síntomas habituales |
|---|---|---|
| Medial | Compartimento interno femorotibial. | Dolor medial, varo progresivo, dificultad para caminar. |
| Lateral | Compartimento externo femorotibial. | Dolor lateral, valgo, sobrecarga externa. |
| Femoropatelar | Rótula y tróclea femoral. | Dolor anterior, escaleras, cuclillas, crujidos. |
| Tricompartimental | Medial, lateral y femoropatelar. | Dolor global, rigidez, deformidad y limitación funcional. |
Causas y factores de riesgo
Las lesiones artrósicas pueden tener un origen primario, relacionado con el envejecimiento y la predisposición individual, o secundario a traumatismos, deformidades, lesiones internas de la rodilla o enfermedades previas.
Artrosis femoropatelar
Cuando la artrosis se restringe a la articulación femoropatelar, puede deberse a un antiguo traumatismo, como una fractura de rótula, a una inestabilidad rotuliana, a luxaciones previas, a mal alineamiento de la rótula o a desgaste progresivo idiopático.
Artrosis tibiofemoral
Cuando afecta a los compartimentos tibiofemorales, puede relacionarse con traumatismos previos, fracturas del platillo tibial, meniscectomías, lesiones meniscales degenerativas, insuficiencia ligamentaria, osteocondritis disecante o lesiones condrales.
Artrosis global de la rodilla
Cuando afecta a toda la articulación, pueden intervenir varios factores:
- Deformidad en el eje de la pierna: genu valgo con predominio lateral y genu varo con predominio interno.
- Edad: disminuye la capacidad de reparación tisular y aumenta la exposición a cargas acumuladas.
- Fracturas previas: pueden dejar irregularidades articulares o incongruencia.
- Lesiones internas: cuerpos libres, lesiones condrales, roturas meniscales o inestabilidad ligamentaria.
- Enfermedades inflamatorias o hematológicas: artritis reumatoide, hemofilia u otras enfermedades con daño residual del cartílago.
- Obesidad y exceso de peso: aumentan la carga mecánica y favorecen un entorno inflamatorio.
- Sobrecarga laboral o deportiva: especialmente si se asocia a mala alineación o lesiones previas.
- Antecedentes familiares: pueden influir en la predisposición individual.
En muchos pacientes no existe una única causa, sino una combinación de edad, peso, eje, fuerza muscular, lesiones previas y carga acumulada.
Cómo se produce la artrosis
La artrosis se desarrolla de forma progresiva. Al principio pueden existir cambios bioquímicos y estructurales en el cartílago sin que haya una gran deformidad visible. Con el tiempo, la articulación pierde capacidad de absorber y distribuir cargas.
- El cartílago articular se deteriora lentamente hasta que, en ocasiones, el hueso adyacente queda al descubierto.
- El hueso subcondral se vuelve más denso y escleroso como respuesta a la sobrecarga.
- En los márgenes articulares se forman espolones óseos llamados osteofitos.
- La membrana sinovial puede irritarse y producir episodios de derrame o inflamación.
- La cápsula articular puede engrosarse y perder elasticidad.
- La musculatura, especialmente el cuádriceps, tiende a perder fuerza por dolor y menor actividad.
Inicialmente puede no haber alteraciones importantes en la cápsula ni en la membrana sinovial, pero la sobrecarga mantenida termina provocando engrosamiento, fibrosis y pérdida progresiva de movilidad.
Cambios en la articulación
La anormalidad principal observada en la artrosis es la pérdida del cartílago articular. Una de las primeras alteraciones es la pérdida de componentes de la matriz, como los proteoglicanos, lo que se relaciona con el reblandecimiento y la fibrilación del cartílago.
Progresivamente, el cartílago se destruye y puede dejar al descubierto el hueso subcondral, de aspecto amarillento, duro y ebúrneo. Esta alteración se favorece cuando existe incongruencia articular o mala alineación, porque la compresión deja de distribuirse de forma equilibrada.
La membrana sinovial también puede sufrir hipertrofia. Se forman pliegues o mamelones sinoviales que, a largo plazo, pueden experimentar cambios de condroificación u osificación. La separación de estos mamelones puede conducir a la formación de cuerpos libres intraarticulares.
El hueso subcondral, sometido a presiones anormales por la pérdida del cartílago, sufre una progresiva esclerosis. Esta osificación se extiende más allá de los márgenes de la articulación y da lugar a osteofitos o picos óseos en los bordes articulares.
En el interior del hueso subcondral se forman con frecuencia quistes, que pueden relacionarse con hiperemia local, necrosis por presión excesiva o entrada de líquido sinovial en zonas de debilidad ósea.
La cápsula articular también cambia en estadios avanzados. Se hace más gruesa y fibrosa, y el proceso de osificación puede invadir la cápsula cerca de sus inserciones óseas.
Síntomas clínicos
La clínica de la artrosis de rodilla varía según el compartimento afectado, el grado de inflamación, la deformidad, la fuerza muscular y la tolerancia individual al dolor.
Síntomas generales
- Dolor mecánico que empeora con la carga y mejora con el reposo.
- Rigidez al iniciar la marcha, especialmente tras estar sentado.
- Dificultad para subir y bajar escaleras.
- Dolor al caminar distancias largas.
- Crujidos, crepitación o sensación de roce.
- Derrame articular ocasional.
- Pérdida progresiva de movilidad.
- Deformidad en varo o valgo.
- Sensación de fallo o inseguridad.
- Atrofia del cuádriceps.
Artrosis femoropatelar
En una artrosis femoropatelar puede aparecer dolor anterior de rodilla, derrame articular, fallos repetidos, bloqueos o crujidos rotulianos. La exploración puede mostrar atrofia de cuádriceps, derrame aparente, dolor en los límites de movilidad y palpación dolorosa de la superficie articular de la rótula.
Artrosis tibiofemoral
En la artrosis tibiofemoral puede predominar el dolor en la cara interna o externa de la rodilla, tumefacción, restricción progresiva, deformidad en flexión, pérdida de extensión, flexión dolorosa, osteofitos palpables y deformidad en varo o valgo.
Los movimientos pueden acompañarse de crujidos audibles. En fases avanzadas, la limitación funcional puede afectar a la marcha, el sueño, las escaleras y las actividades básicas de la vida diaria.
Radiología y pruebas de imagen
La radiografía en carga es la prueba inicial más útil para valorar la artrosis de rodilla. Es importante que algunas proyecciones se realicen con el paciente de pie, porque el estrechamiento del espacio articular puede no apreciarse igual en descarga.
Signos radiológicos habituales
- Estrechamiento del espacio articular.
- Osteofitos en la rótula, tibia o fémur.
- Esclerosis del hueso subcondral.
- Quistes subcondrales.
- Deformidad en varo o valgo.
- Cuerpos libres intraarticulares en algunos casos.
- Alteraciones femoropatelares si afecta a la rótula y la tróclea.
Resonancia magnética
La resonancia no es imprescindible para diagnosticar la mayoría de artrosis avanzadas, pero puede ser útil cuando se sospechan lesiones meniscales, lesiones condrales, edema óseo, osteonecrosis, cuerpos libres o cuando los síntomas no se explican bien por la radiografía.
Ecografía
La ecografía puede ayudar a valorar derrame, quistes, bursitis o partes blandas, pero no sustituye a la radiografía para valorar el grado de artrosis.
Diagnóstico
El diagnóstico suele apoyarse en la historia clínica, la exploración física y la radiología. En muchos casos no presenta grandes dificultades, pero conviene vigilar que no pase inadvertida otra alteración coexistente.
La artrosis de rodilla puede ser asintomática. Por tanto, la demostración de lesiones en una radiografía no indica obligatoriamente que esa sea la única causa de los síntomas. Siempre hay que correlacionar la imagen con el dolor, la localización, la exploración y la función.
Qué debe valorar la exploración
- Localización del dolor.
- Rango de movilidad.
- Pérdida de extensión o flexión.
- Derrame articular.
- Deformidad en varo o valgo.
- Atrofia y fuerza del cuádriceps.
- Dolor femoropatelar.
- Estabilidad ligamentaria.
- Marcha y necesidad de ayudas.
- Impacto funcional en la vida diaria.
Diagnóstico diferencial
- Lesión meniscal degenerativa o traumática.
- Lesiones condrales focales.
- Osteonecrosis o edema óseo subcondral.
- Artritis inflamatoria.
- Bursitis o tendinopatías periarticulares.
- Dolor referido desde cadera o columna lumbar.
- Quiste de Baker sintomático.
Evolución y curso clínico
Habitualmente la artrosis progresa lentamente con el paso de los años. En muchos casos, las molestias nunca alcanzan una fase que requiera tratamiento quirúrgico. En otros, el dolor, la rigidez, la deformidad o la pérdida de autonomía llevan al paciente a consultar para buscar un tratamiento más intensivo.
La evolución no depende solo de la radiografía. Influyen el peso, la fuerza muscular, la actividad física, el eje de la pierna, las lesiones meniscales o ligamentarias, el control del dolor y el grado de inflamación sinovial.
El tratamiento debe adaptarse al momento clínico: no es lo mismo una artrosis radiológica leve con dolor ocasional que una artrosis avanzada con deformidad, rigidez y limitación para caminar.
Tratamiento conservador
El tratamiento conservador suele ser eficaz para aliviar los síntomas, mejorar la función y retrasar la necesidad de cirugía, aunque las alteraciones estructurales sean irreversibles. Debe combinar educación, ejercicio, control de peso, medidas físicas, tratamiento farmacológico y adaptación de la actividad.
Educación y adaptación de la actividad
La actividad física excesiva o mal dosificada puede agravar el dolor, pero el sedentarismo también empeora la artrosis. La falta de actividad favorece la atrofia muscular, la descalcificación ósea, la rigidez articular y el aumento de peso.
Conviene mantener un nivel razonable de actividad, siempre que el dolor lo permita, para conservar tono muscular, movilidad articular, control del peso y salud cardiovascular. En fases de mucho dolor pueden ser preferibles los ejercicios isométricos, la bicicleta suave o el trabajo en piscina.
Fortalecimiento del cuádriceps
El cuádriceps es un músculo estabilizador de la rodilla. Un buen tono muscular ayuda a mejorar la función, reducir el dolor y proteger la articulación. También es importante trabajar glúteos, cadena posterior y control del apoyo.
Pérdida de peso
El sobrepeso agrava la artrosis por aumento de carga mecánica y por mecanismos inflamatorios. Además, la obesidad dificulta la cirugía de rodilla, aumenta los riesgos quirúrgicos y puede empeorar los resultados funcionales.
Uso de bastón
El bastón puede disminuir la carga sobre la rodilla dolorosa. Debe llevarse en el lado contrario a la rodilla afectada y con una altura adecuada. Es especialmente útil en brotes dolorosos, marcha prolongada o artrosis avanzada.
Rodilleras y órtesis
Las rodilleras no modifican la estructura de la artrosis, pero algunos pacientes se sienten más seguros con ellas. En casos con varo o valgo y afectación de un compartimento, determinadas órtesis pueden ayudar a descargar parcialmente la zona dolorosa.
Antiinflamatorios y analgésicos
Los analgésicos y antiinflamatorios no esteroideos pueden ayudar al control sintomático del dolor y de la inflamación, siempre que estén indicados y valorando sus posibles efectos adversos digestivos, renales, cardiovasculares o de interacción con otros tratamientos.
Fisioterapia
La fisioterapia es una de las medidas más útiles. Se basa en ejercicio terapéutico, fortalecimiento, movilidad, educación, control de carga y mejora de la función. Debe adaptarse al grado de artrosis, dolor, edad y objetivos del paciente.
Infiltraciones y tratamientos complementarios
Las infiltraciones pueden formar parte del tratamiento sintomático de la artrosis de rodilla, pero no sustituyen al ejercicio, al control del peso ni a la corrección de factores mecánicos. Su indicación debe individualizarse.
Corticoides intraarticulares
La inyección intraarticular de corticoides puede mejorar el dolor y la inflamación, especialmente cuando existe derrame o brote inflamatorio. Las cantidades infiltradas son pequeñas y los efectos secundarios generales suelen ser escasos, pero no se recomienda infiltrar con demasiada frecuencia. En casos muy avanzados, su efecto suele ser menor o más breve.
Ácido hialurónico
El ácido hialurónico intraarticular o viscosuplementación busca mejorar la viscoelasticidad del medio articular y aliviar síntomas. Puede considerarse en fases iniciales o intermedias, especialmente cuando se desea reducir dolor y mejorar tolerancia funcional, aunque su respuesta es variable.
Glucosamina y condroitina
La glucosamina y el condroitín sulfato se han utilizado como apoyo sintomático en artrosis, con resultados variables según estudios y pacientes. Su posible beneficio suele apreciarse tras varias semanas y parece menor en fases avanzadas, cuando el cartílago está muy deteriorado.
Plasma rico en plaquetas y tratamientos biológicos
El plasma rico en plaquetas y otros tratamientos biológicos se utilizan en algunos casos seleccionados con objetivos sintomáticos y de modulación inflamatoria. No deben presentarse como regeneración garantizada del cartílago y deben indicarse con expectativas realistas.
Condroprotectores
Son sustancias a las que se ha atribuido un posible efecto beneficioso sobre el cartílago articular afectado por enfermedad degenerativa. Su utilización debe hacerse con expectativas razonables, ya que no sustituyen al control del peso, al ejercicio terapéutico ni a la modificación de la actividad.
Ejercicios recomendados para la artrosis de rodilla
La artrosis de rodilla puede causar dolor y rigidez, pero realizar ejercicios suaves y controlados ayuda a mantener la movilidad, fortalecer la musculatura y reducir el dolor. El ejercicio debe adaptarse a cada paciente y no debe provocar dolor intenso ni derrame persistente.
Ejercicios de movilidad y flexibilidad
Movilización de la rodilla sentado: sentado en una silla, extender una pierna y mover suavemente la rodilla dentro de un rango cómodo. Realizar 10 repeticiones con cada pierna.
Círculos con los tobillos: sentado o acostado, girar los tobillos en círculos suaves. Realizar 10 movimientos en cada dirección. Aunque parezca un ejercicio de tobillo, ayuda a activar la circulación y preparar la extremidad inferior.
Fortalecimiento muscular sin impacto
Elevación de pierna estirada: acostado boca arriba, levantar una pierna estirada unos 30 cm del suelo, mantener 5 segundos y bajar lentamente. Repetir 10 veces con cada pierna.
Sentadillas suaves apoyado: con una silla detrás, flexionar las rodillas como si se fuera a sentar, pero bajando solo parcialmente y volviendo a subir. Realizar entre 8 y 12 repeticiones, evitando dolor intenso.
Puente de cadera: acostado boca arriba con las rodillas flexionadas, elevar la cadera y mantener la posición entre 3 y 5 segundos. Repetir 10 veces.
Estiramientos para aliviar la rigidez
Estiramiento de cuádriceps: de pie, agarrar un pie y llevarlo hacia el glúteo sin forzar. Mantener entre 20 y 30 segundos y cambiar de pierna.
Estiramiento de isquiotibiales: sentado con una pierna estirada, inclinarse hacia delante sin arquear la espalda. Mantener 20 segundos y cambiar de pierna.
Para una pauta más amplia de ejercicios puede consultarse también la página de rehabilitación de rodilla.
Tratamiento quirúrgico
El tratamiento quirúrgico se considera cuando existe dolor intenso, deformidad marcada o limitación funcional importante, especialmente cuando el tratamiento conservador ya no consigue un control razonable de los síntomas.
Artroscopia
La artroscopia tiene un papel limitado en la artrosis avanzada. No suele indicarse solo para “limpiar” una rodilla artrósica. Puede tener utilidad en casos seleccionados con cuerpos libres, bloqueo mecánico claro o lesiones asociadas concretas.
Osteotomía
La osteotomía puede estar indicada en pacientes seleccionados, generalmente más jóvenes y activos, con artrosis localizada en un compartimento y desviación del eje. La osteotomía valguizante de tibia proximal puede descargar el compartimento medial en rodillas con varo.
Prótesis unicompartimental
Puede considerarse cuando la artrosis afecta de forma predominante a un solo compartimento, con el resto de la rodilla razonablemente conservada y ligamentos funcionales.
Prótesis total de rodilla
La artroplastia total de rodilla es el tratamiento quirúrgico más utilizado en artrosis avanzada con dolor importante, deformidad, pérdida de función y fracaso del tratamiento conservador. Su objetivo es aliviar el dolor, corregir deformidad y mejorar la capacidad funcional.
Artrodesis
La artrodesis se reserva para casos muy específicos y excepcionales, habitualmente cuando no son posibles otras opciones reconstructivas o protésicas.
Prótesis de rodilla y rehabilitación inicial
Después de una prótesis de rodilla, la rehabilitación busca controlar el dolor y la inflamación, recuperar la movilidad, activar el cuádriceps, mejorar la marcha y facilitar el retorno progresivo a las actividades diarias.
Los ejercicios deben realizarse de forma pautada y adaptada a la evolución clínica. La prioridad inicial suele ser recuperar extensión completa, flexión progresiva, marcha segura y fuerza suficiente para actividades básicas.
| Ejercicios orientativos después de una prótesis de rodilla | ||
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Recomendaciones prácticas
- Mantener un nivel moderado de actividad física, evitando el sedentarismo absoluto.
- Realizar ejercicios para fortalecer el cuádriceps y mantener la movilidad articular.
- Controlar el peso corporal para disminuir la carga sobre la rodilla.
- Evitar aumentos bruscos de caminatas, escaleras, pendientes o impacto.
- Utilizar bastón en el lado contrario a la rodilla dolorosa si ayuda a caminar mejor.
- Usar rodilleras u órtesis solo si aportan seguridad funcional o descarga real.
- Valorar antiinflamatorios, infiltraciones u otras medidas bajo indicación médica.
- Considerar la viscosuplementación con ácido hialurónico en fases iniciales o intermedias cuando esté indicada.
- Acudir a fisioterapia para recibir pautas personalizadas y tratamiento activo.
- Consultar con el traumatólogo en caso de dolor persistente, deformidad progresiva, derrames repetidos o discapacidad funcional.
Conclusión
La artrosis de rodilla es una enfermedad degenerativa progresiva que puede afectar de forma importante a la calidad de vida, especialmente en personas mayores o con factores predisponentes como traumatismos, obesidad, lesiones meniscales, alteraciones del eje o desequilibrios musculares.
Aunque las lesiones estructurales suelen ser irreversibles, es posible controlar los síntomas, reducir el dolor y mejorar la funcionalidad mediante un tratamiento integral que combine educación, ejercicio, control del peso, medidas físicas, apoyo farmacológico e infiltraciones en casos seleccionados.
La cirugía se reserva para fases avanzadas o situaciones en las que el dolor, la deformidad y la limitación funcional no responden a las medidas conservadoras. El abordaje debe adaptarse al estadio clínico de la enfermedad y a las características individuales de cada paciente.
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