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Dr. Arturo Mahiques

La displasia del desarrollo de la cadera (DDC) es una alteración del desarrollo de la articulación coxofemoral que puede presentarse con grados muy distintos de severidad. No debe entenderse solo como una luxación congénita, sino como un espectro que incluye caderas inmaduras, inestables, subluxadas, luxadas o con displasia residual.

Introducción

La displasia del desarrollo de la cadera (DDC) es una alteración del desarrollo de la articulación coxofemoral que puede presentarse con grados muy distintos de severidad. Durante muchos años se utilizó de forma habitual la expresión luxación congénita de cadera, pero hoy resulta más correcto hablar de DDC, porque ese nombre engloba mejor todo el espectro de formas clínicas.

En algunos niños el problema consiste en una cadera claramente inestable o luxada desde etapas muy precoces. En otros, lo que existe es un acetábulo poco profundo, una cobertura insuficiente de la cabeza femoral o una alteración que se hace evidente con el crecimiento. Por eso la DDC no debe entenderse como un único cuadro fijo, sino como un proceso evolutivo que puede expresarse de distintas maneras.

Esta visión más amplia es importante tanto para el diagnóstico como para el tratamiento. Una cadera que no está luxada puede seguir siendo displásica y requerir control, y una cadera tratada correctamente en la infancia puede necesitar seguimiento para confirmar que su desarrollo posterior sea satisfactorio.

Qué es la DDC y qué formas puede adoptar

La cadera normal funciona como una articulación en la que la cabeza femoral encaja de forma estable dentro del acetábulo. Para que esta relación sea correcta, ambas estructuras deben desarrollarse de manera armónica. Cuando el acetábulo es poco profundo, cuando existe laxitud capsular o cuando la cabeza femoral no se mantiene bien centrada, aparece la DDC.

Las formas clínicas pueden ser muy variadas. Hay casos en los que se aprecia una cadera inmadura, todavía poco desarrollada para la edad, pero sin pérdida completa de congruencia. En otros niños la cadera es inestable y puede desplazarse en la exploración. En las formas más avanzadas aparece una subluxación, en la que la cabeza femoral no está bien contenida, y en los casos más severos una luxación, con pérdida completa del contacto normal con el acetábulo.

Forma clínica Descripción
Cadera inmadura El acetábulo es poco profundo para la edad, pero la cabeza femoral permanece centrada.
Cadera inestable La articulación puede luxarse o reducirse en la exploración clínica.
Displasia acetabular Existe alteración de la forma o de la cobertura acetabular aunque la cabeza femoral pueda mantenerse centrada.
Subluxación La cabeza femoral pierde parcialmente la congruencia con el acetábulo.
Luxación La cabeza femoral queda fuera del acetábulo.
Displasia residual Persisten alteraciones de cobertura acetabular pese al crecimiento o tras un tratamiento inicial.

Entender este espectro evita reducir toda la patología a la idea clásica de una luxación neonatal evidente. Muchas de las formas con trascendencia funcional a largo plazo son precisamente aquellas que no debutan de forma tan llamativa y que pueden pasar desapercibidas si no se realiza un seguimiento adecuado.

Factores de riesgo

La DDC es una alteración multifactorial. No existe una única causa, y algunos pacientes no presentan antecedentes reconocibles. Aun así, se conocen varias circunstancias que aumentan la probabilidad de encontrar una cadera inestable o displásica.

Uno de los factores más conocidos es la presentación de nalgas, sobre todo cuando se mantiene en etapas avanzadas del embarazo. También tiene mucha importancia la historia familiar, ya que es más frecuente encontrar DDC en niños con familiares afectados. El sexo femenino también aparece de forma repetida en la mayoría de las series clínicas.

La DDC puede asociarse además a otras alteraciones ortopédicas neonatales, como la tortícolis muscular congénita o algunas deformidades del pie. Estas asociaciones no significan por sí mismas que exista displasia de cadera, pero sí justifican una exploración más cuidadosa.

  • Presentación de nalgas.
  • Antecedentes familiares de DDC.
  • Sexo femenino.
  • Inestabilidad clínica detectada en la exploración neonatal.
  • Menor espacio intrauterino o situaciones de empaquetamiento fetal.
  • Asociación con tortícolis o deformidades del pie.

Hoy también se insiste en evitar posiciones mantenidas de las caderas en extensión y aducción, porque no favorecen un desarrollo fisiológico de la articulación. Por eso se recomienda respetar una postura más natural de flexión y separación de las piernas en los lactantes pequeños.

Manifestaciones clínicas según la edad

La forma en que se manifiesta la DDC cambia con el crecimiento. En el recién nacido, el hallazgo principal es la inestabilidad. Más adelante, cuando la cadera deja de ser fácilmente reducible, predominan la limitación del movimiento, la asimetría funcional y, si el problema persiste, la cojera o el dolor.

Recién nacido

En esta etapa puede no existir ninguna deformidad visible. Por eso la exploración ortopédica es fundamental. Las maniobras de Barlow y Ortolani permiten valorar si la cadera es luxable o reducible. Son maniobras delicadas que forman parte del cribado clínico neonatal.

Maniobras clínicas en la displasia del desarrollo de la cadera

Lactante pequeño

A medida que pasan las semanas, la cadera puede dejar de ser fácilmente reducible y comienzan a destacar otros signos. El más importante es la limitación de la abducción. También puede observarse asimetría de pliegues, aunque este dato aislado tiene poco valor por sí mismo. En las formas unilaterales puede aparecer el signo de Galeazzi, con aparente acortamiento del muslo al flexionar las rodillas.

Signo de Galeazzi en la displasia del desarrollo de la cadera

Lactante mayor y niño pequeño

Cuando el diagnóstico se retrasa, la clínica se hace más evidente. En los casos unilaterales puede apreciarse cojera, acortamiento aparente del miembro o limitación funcional. En las formas bilaterales la marcha puede ser más inestable y con una base amplia.

Niños mayores, adolescentes y adultos jóvenes

En estas edades el problema ya no suele presentarse como una inestabilidad neonatal, sino como una displasia residual o una cobertura acetabular insuficiente mantenida en el tiempo. El paciente puede notar dolor inguinal, cansancio al caminar o hacer deporte, sensación de mala mecánica de la cadera o limitación funcional. Con el tiempo, esta situación favorece el daño labral y cartilaginoso y aumenta el riesgo de artrosis precoz.

Diagnóstico

El diagnóstico de la DDC combina una exploración clínica cuidadosa con las pruebas de imagen adecuadas para cada edad. No basta con una única valoración al nacimiento, porque algunas alteraciones son sutiles o evolucionan con el tiempo.

Exploración clínica

En el periodo neonatal destacan las maniobras de Barlow y Ortolani. Sin embargo, su utilidad disminuye con el paso de las semanas. A partir de entonces cobra más importancia la limitación de la abducción, la asimetría funcional y la sospecha de inestabilidad o desplazamiento residual.

Pruebas de imagen

Durante los primeros meses, la prueba más útil es la ecografía, porque gran parte de la articulación todavía es cartilaginosa y no se valora bien en radiografía simple. Más adelante, cuando progresa la osificación, la radiografía anteroposterior de pelvis se convierte en la prueba de referencia para el seguimiento.

Método Edad orientativa Utilidad
Ecografía Primeros meses de vida Valora morfología acetabular, estabilidad y relación entre cabeza femoral y acetábulo.
Radiografía AP de pelvis A partir de los 4-6 meses Permite analizar índice acetabular, líneas de referencia y posición femoral.
RM / TAC Casos seleccionados Se reservan para planificación quirúrgica o situaciones complejas.
Radiografía de displasia del desarrollo de la cadera

Clasificaciones útiles

En una página divulgativa no hace falta abusar de clasificaciones demasiado académicas, pero sí conviene mencionar algunas herramientas que ayudan a describir la gravedad de la displasia y a orientar el seguimiento.

Clasificación de Graf

Se utiliza en ecografía durante los primeros meses de vida. Permite diferenciar entre una cadera normal, una cadera inmadura, una displasia con pérdida progresiva de cobertura y una luxación franca.

Tipo Interpretación general
I Cadera madura o normal.
II Cadera inmadura o displásica leve, según la edad y el subtipo.
III Cadera displásica con subluxación.
IV Luxación completa.

Índice acetabular

En radiografía, uno de los datos más útiles es el índice acetabular, porque permite valorar la inclinación del techo acetabular y seguir la evolución de la cobertura con el crecimiento. Tiene especial interés para detectar una displasia residual.

Edad Valor orientativo
Recién nacido < 30°
1 año < 25°
> 2 años < 20°

Clasificación de Tönnis

Se utiliza sobre todo para graduar el desplazamiento de la cabeza femoral en los casos con subluxación o luxación visibles en radiografía.

Tratamiento según edad y gravedad

El tratamiento de la DDC depende de la edad del niño, del grado de displasia, de si la cadera está centrada o desplazada y de si la articulación conserva o no una buena reducibilidad. No todas las formas requieren la misma actitud.

Caderas inmaduras o displasias leves

En algunos lactantes pequeños, sobre todo cuando la alteración es leve y la cadera conserva estabilidad, puede optarse por una observación estrecha con controles clínicos y ecográficos. Algunas caderas inmaduras completan su maduración en las primeras semanas de vida si la evolución es favorable.

Inestabilidad o luxación reducible en los primeros meses

Cuando la cadera es claramente inestable o reducible, el objetivo es conseguir una reducción concéntrica y estable, de modo que la cabeza femoral permanezca bien centrada y estimule el desarrollo normal del acetábulo. En esta fase, el tratamiento más conocido es el arnés de Pavlik, acompañado de controles clínicos y ecográficos periódicos.

Situación Tratamiento habitual
Cadera inestable o reducible en lactante pequeño Arnés de Pavlik con seguimiento clínico y ecográfico.
Falta de mejoría o cadera no reducible Revaloración especializada y consideración de reducción cerrada o abierta según edad y rigidez.
Arnés de Pavlik en la displasia del desarrollo de la cadera

Diagnóstico tardío o luxación persistente

Cuando la DDC se diagnostica más tarde, el tratamiento suele requerir procedimientos más complejos. Entre los 6 meses y los 2 años puede plantearse una reducción cerrada bajo anestesia e inmovilización con yeso pelvipédico si la congruencia es aceptable. Si la reducción cerrada no es posible o no resulta estable, puede ser necesaria una reducción abierta.

En niños mayores, sobre todo cuando existe una alteración importante de la cobertura acetabular o una deformidad femoral asociada, puede ser preciso recurrir a osteotomías pélvicas y/o femorales. En ese punto, el objetivo no es solo recolocar la cadera, sino mejorar la biomecánica articular y reducir el riesgo de secuelas a largo plazo.

Displasia residual y formas tardías

La DDC no termina necesariamente cuando la cadera se reduce o cuando el niño empieza a caminar sin una alteración llamativa. En algunos pacientes persiste una cobertura acetabular insuficiente que puede mantenerse durante años con pocos síntomas aparentes.

En la infancia esta situación puede detectarse en los controles radiográficos como una displasia residual. Más adelante, ya en la adolescencia o en la edad adulta joven, puede aparecer dolor inguinal, fatiga al esfuerzo, limitación funcional o molestias mecánicas. En estos casos, la articulación no está funcionando sobre una base anatómica del todo normal, y eso favorece el daño del labrum, la sobrecarga del cartílago y el desarrollo de artrosis precoz.

Por eso una página moderna sobre DDC no debe centrarse solo en la luxación neonatal. También debe explicar las formas tardías y residuales, que son muy relevantes desde el punto de vista funcional.

Seguimiento, complicaciones y pronóstico

Seguimiento

El seguimiento debe adaptarse a la gravedad inicial y a la edad del paciente, pero en general no conviene dar el problema por cerrado demasiado pronto. Incluso cuando la evolución clínica parece buena, la imagen puede mostrar una cobertura acetabular todavía insuficiente. Por eso se realizan controles clínicos y radiográficos durante el crecimiento, especialmente en los casos que han precisado tratamiento.

Complicaciones principales

Entre las complicaciones más relevantes destacan la necrosis avascular de la cabeza femoral, la persistencia de una reducción no completamente concéntrica, la displasia residual, la rigidez y, a largo plazo, la artrosis precoz.

Complicaciones de la displasia del desarrollo de la cadera

Pronóstico

El pronóstico mejora de forma muy importante cuando la DDC se diagnostica y se trata pronto. En los primeros meses de vida, una cadera que se consigue centrar de manera estable tiene muchas posibilidades de evolucionar favorablemente. En cambio, los diagnósticos tardíos o las displasias residuales no reconocidas se asocian a más limitación funcional, mayor necesidad de cirugía reconstructiva y más riesgo de deterioro articular posterior.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la displasia del desarrollo de la cadera?

Es una alteración del desarrollo de la articulación de la cadera que puede incluir desde una cadera inmadura o inestable hasta una subluxación o una luxación completa.

¿Es lo mismo que la luxación congénita de cadera?

No exactamente. La luxación congénita es una de las formas posibles dentro del espectro de la DDC, pero no la única.

¿Cómo se diagnostica?

Se diagnostica mediante la exploración clínica y pruebas de imagen. En los primeros meses la ecografía es especialmente útil, mientras que más adelante la radiografía permite valorar mejor la evolución de la cadera.

¿Cuál es el tratamiento más habitual?

Depende de la edad y del grado de afectación. En los primeros meses puede utilizarse el arnés de Pavlik, mientras que los casos diagnosticados más tarde pueden requerir otros tratamientos, incluso cirugía.

¿Puede dar problemas en la edad adulta?

Sí. Algunas caderas pueden presentar displasia residual y, con el tiempo, favorecer dolor, limitación funcional o artrosis precoz si no se controlan adecuadamente.

Conclusiones

La displasia del desarrollo de la cadera debe entenderse como un proceso amplio y evolutivo, no como una simple luxación congénita. Bajo este término se agrupan formas leves, moderadas y severas, y todas ellas comparten una idea central: la relación entre la cabeza femoral y el acetábulo no se desarrolla de manera óptima.

La detección precoz, la correcta interpretación de la exploración clínica y el uso adecuado de la ecografía o de la radiografía según la edad son fundamentales para evitar secuelas. Del mismo modo, el seguimiento a medio y largo plazo es esencial para identificar displasias residuales que podrían condicionar dolor, cojera o artrosis precoz años más tarde.