Bursitis de rodilla
La bursitis de rodilla es la inflamación de una de las bolsas serosas situadas alrededor de la articulación. Estas bursas reducen el roce entre piel, tendones, músculos y hueso, pero pueden irritarse por apoyo repetido, traumatismos, sobrecarga, microcristales o infección. Según la localización, la clínica cambia y también lo hace el enfoque del tratamiento.
Índice de contenidos
Qué es la bursitis de rodilla
En la rodilla existen varias bursas con importancia clínica. Algunas son superficiales, como la prepatelar, y otras son más profundas, como la infrapatelar profunda o las bursas relacionadas con la cara posteromedial de la articulación. Cuando estas estructuras se inflaman, aparece dolor, tumefacción o molestias funcionales que pueden confundirse con otras patologías de la rodilla.
No todas las bursitis de rodilla se comportan igual. Las superficiales suelen mostrar una inflamación más visible, mientras que las profundas pueden producir sobre todo dolor localizado o molestias con determinados movimientos.
Tipos y localizaciones principales
Las bursitis de rodilla más habituales son las siguientes:
- bursitis prepatelar, por delante de la rótula;
- bursitis infrapatelar superficial, por delante del tendón rotuliano;
- bursitis infrapatelar profunda, entre el tendón rotuliano y la tibia proximal;
- bursitis anserina, en la cara medial proximal de la tibia;
- bursitis poplítea o quiste de Baker;
- bursitis del semimembranoso y otras bursas posteromediales;
- bursitis del gemelo interno, menos frecuente como entidad aislada.
Algunas de estas localizaciones tienen mucha relación con el gesto repetitivo, otras con sobrepeso, artrosis, alteraciones mecánicas o patología intraarticular asociada.
Causas y factores de riesgo
La bursitis de rodilla puede aparecer por distintos mecanismos. En la práctica clínica, las causas más comunes son la fricción repetida, el apoyo mantenido y los traumatismos directos, aunque también hay que considerar causas inflamatorias, metabólicas o infecciosas.
Causas frecuentes
- arrodillarse o apoyar la rodilla de forma repetida;
- golpes directos o caídas;
- sobreuso deportivo o laboral;
- alteraciones biomecánicas;
- artrosis o patología intraarticular asociada;
- gota, pseudogota u otros depósitos de microcristales;
- artritis reumatoide y otras enfermedades inflamatorias;
- infección, especialmente en bursas superficiales.
Factores de riesgo
- trabajos con apoyos repetidos sobre la rodilla;
- deportes con carga repetitiva o fricción;
- obesidad;
- valgo de rodilla u otras alteraciones mecánicas;
- diabetes o inmunosupresión en el contexto de bursitis séptica;
- episodios previos de bursitis o irritación crónica local.
Síntomas
Los síntomas dependen de la bursa afectada, pero en general puede haber dolor localizado, tumefacción, calor local y limitación para determinados gestos. En las bursitis profundas el dolor puede ser más difícil de localizar y parecerse a otras lesiones de rodilla.
- tumefacción o bulto localizado;
- dolor con el apoyo, la flexión o la extensión según la bursa afectada;
- calor local o enrojecimiento;
- molestia al arrodillarse o al subir escaleras;
- dolor en cara anterior, medial o posterior de la rodilla;
- limitación funcional variable.
Cuando existe fiebre, enrojecimiento marcado, dolor intenso o empeoramiento rápido, hay que considerar la posibilidad de bursitis séptica o de otra patología inflamatoria aguda.
Diagnóstico
El diagnóstico suele basarse en la historia clínica y en la exploración física. La localización del dolor, la presencia de tumefacción y el mecanismo de aparición orientan mucho. En los casos dudosos pueden ser útiles las pruebas de imagen y, si se sospecha infección, el estudio del contenido bursátil.
Pruebas útiles
- exploración clínica: localización del dolor, temperatura, fluctuación, dolor a la presión y relación con el movimiento;
- ecografía: muy útil para confirmar líquido en la bursa y diferenciarlo de otras masas superficiales;
- resonancia magnética: útil si hay duda diagnóstica o sospecha de patología asociada;
- punción: indicada cuando se sospecha bursitis séptica, gota o contenido hemorrágico.
Diagnóstico diferencial
- derrame articular de rodilla;
- rotura meniscal;
- tendinopatía rotuliana;
- quiste sinovial u otras tumoraciones de partes blandas;
- patología femoropatelar;
- lesiones del cartílago o artrosis;
- patología intraarticular con quiste poplíteo secundario.
Bursitis prepatelar
La bursa prepatelar se encuentra entre la rótula y la piel. Su inflamación suele deberse a fricción constante más que a simple presión, aunque también puede aparecer días después de un golpe o una caída sobre la rodilla.
Es la llamada “rodilla de sirvienta”, aunque hoy se observa en muchas otras profesiones y también puede asociarse a artritis reumatoide, gota o infección.
Clínica típica
- tumefacción visible delante de la rótula;
- dolor al arrodillarse;
- calor local y sensibilidad a la presión;
- dolor que puede aumentar con la flexión por la tensión sobre la bursa.
Como es una bursa superficial, la bursitis séptica debe descartarse siempre que haya enrojecimiento marcado, fiebre o evolución rápida.
Bursitis infrapatelar
La bursa infrapatelar puede ser superficial y profunda. La superficial se sitúa entre el tendón rotuliano y la piel; la profunda entre el tendón rotuliano y la cara anterosuperior de la tibia.
Infrapatelar superficial
Se localiza algo más distal que la prepatelar y suele relacionarse con fricción repetida, bipedestación prolongada o determinadas actividades laborales. También puede verse en pacientes con gota.
Infrapatelar profunda
Se inflama menos frecuentemente que la superficial. El paciente puede no tener dolor importante con la flexión y extensión pasiva, pero sí dolor con la actividad activa en los últimos rangos del movimiento. Cuando hay edema visible, suele localizarse a ambos lados del tendón rotuliano y ser sensible a la palpación.
Aspectos útiles
- puede confundirse con tendinopatía rotuliana;
- la ecografía ayuda mucho en el diagnóstico;
- en deportistas, la rehabilitación debe corregir sobrecarga y rigidez asociadas.
Bursitis anserina
La bursitis anserina o de la pata de ganso se sitúa en la cara medial proximal de la tibia, por debajo de la interlínea articular. Se relaciona con sobreuso, obesidad, valgo de rodilla, artrosis y alteraciones de la mecánica de la extremidad.
Suele producir dolor en la cara interna de la rodilla, especialmente al subir escaleras, caminar más de la cuenta o al levantarse de una silla. En muchos pacientes se asocia a rigidez muscular y a un patrón de sobrecarga medial.
Si prefieres tratarla aparte dentro del sitio, puede enlazarse a: bursitis anserina.
Bursitis poplítea y quiste de Baker
Los quistes poplíteos suelen corresponder a una bolsa distendida que comunica con la articulación o a una herniación sinovial posterior. En niños rara vez existe patología intraarticular asociada y muchas veces se resuelven espontáneamente.
En adultos, sin embargo, es frecuente que exista artrosis, sinovitis, lesión meniscal u otra patología intraarticular asociada. Por eso pueden recidivar si no se corrige la causa de base.
Cuándo sospecharlo
- bulto o sensación de tensión en hueco poplíteo;
- dolor posterior de rodilla;
- molestias al flexionar;
- relación con derrame o patología intraarticular.
Para una explicación más concreta puede enlazarse a: quiste de Baker.
Bursas posteromediales: semimembranoso y gemelo interno
En la región posteromedial de la rodilla pueden inflamarse bursas relacionadas con el tendón del semimembranoso o con el gemelo medial. Son menos conocidas como diagnóstico aislado, pero tienen importancia en el estudio del dolor posterior o posteromedial de rodilla.
Bursitis del semimembranoso
Puede apreciarse en la zona medial del hueco poplíteo, cerca del tendón del semimembranoso, produciendo dolor posteromedial por debajo de la línea articular.
Bursitis del gemelo interno
Se sitúa en la línea media del hueco poplíteo. Cuando se inflama puede palparse una masa que se prolonga por encima de la cabeza del gemelo medial.
Tratamiento
Tratamiento conservador
- reposo relativo y reducción de la actividad desencadenante;
- hielo local durante unos minutos varias veces al día;
- antiinflamatorios no esteroideos cuando estén indicados;
- protección frente al apoyo repetido, sobre todo en bursas superficiales;
- corrección de factores mecánicos y sobrepeso;
- fisioterapia y ejercicios adaptados según localización.
Infiltraciones y otros tratamientos
La infiltración intrabursal con una mezcla de corticoide y anestésico local puede ser útil en casos seleccionados, siempre evitando la inyección intratendinosa. Si se sospecha infección, no debe infiltrarse sin haber estudiado antes el cuadro.
Cuándo pensar en cirugía
- fracaso del tratamiento conservador;
- bursitis recidivante muy sintomática;
- exostosis o factor anatómico asociado;
- bursitis séptica complicada o persistente.
Rehabilitación y prevención
La rehabilitación no debe centrarse solo en bajar la inflamación. En muchas bursitis de rodilla es importante corregir los factores que favorecen la sobrecarga: rigidez muscular, obesidad, gestos repetitivos, debilidad de cadera o alteraciones del eje.
Medidas útiles
- ejercicios para mejorar fuerza y control de la extremidad;
- estiramientos si existe rigidez muscular asociada;
- modificación de actividades y retorno progresivo al esfuerzo;
- protección del apoyo directo sobre la rodilla;
- corrección del gesto deportivo o laboral cuando proceda.
En deportistas y en pacientes con bursitis de repetición, la prevención es tan importante como el tratamiento del episodio agudo.