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Dr. Arturo Mahiques

La artrosis interfalángica afecta sobre todo a las articulaciones interfalángicas distales (IFD) y proximales (IFP). Puede producir dolor, rigidez, aumento de volumen óseo y deformidad, pero no debe interpretarse como un simple “desgaste inevitable”. La intensidad de los síntomas varía mucho entre personas y no siempre guarda relación directa con la radiografía.

Los nódulos de Heberden en IFD y de Bouchard en IFP son manifestaciones clásicas. En algunos pacientes aparecen episodios inflamatorios o una forma erosiva con dolor más intenso. La valoración debe diferenciarla de artritis inflamatoria, gota, infección y secuelas de traumatismos.

Artrosis interfalángica de los dedos de la mano
La artrosis puede afectar una o varias articulaciones de los dedos; la imagen debe correlacionarse con síntomas y función.

Qué articulaciones se afectan

La artrosis de la mano tiene predilección por las IFD, IFP y la base del pulgar. Las metacarpofalángicas se comportan de forma diferente y una afectación marcada de los nudillos obliga a pensar también en otras causas.

Interfalángicas distales

Las IFD son el lugar típico de los nódulos de Heberden. Puede aparecer desviación lateral, pérdida de extensión o flexión y episodios de inflamación alrededor de la articulación.

Nódulos de Heberden en artrosis interfalángica distal

Interfalángicas proximales

En las IFP pueden aparecer nódulos de Bouchard, engrosamiento y rigidez. Como esta articulación contribuye mucho al cierre del puño, incluso una pérdida moderada de movilidad puede interferir con agarres amplios o tareas finas.

Nódulos de Bouchard en los dedos

Síntomas y evolución

El patrón habitual combina dolor mecánico, rigidez y pérdida gradual de movilidad. Puede haber fases con mayor sensibilidad, tumefacción o calor local. La rigidez matutina suele ser relativamente breve; una rigidez prolongada, sinovitis importante o síntomas sistémicos hacen razonable estudiar artritis inflamatoria.

La función importa más que una cifra aislada de movilidad. Se pregunta por abrir envases, abotonarse, escribir, tocar instrumentos, agarrar utensilios, manejar herramientas y realizar pinza. También se valora si una deformidad produce roce, inestabilidad o conflicto entre dedos.

Diagnóstico y papel de la radiografía

El diagnóstico se apoya en historia y exploración. Se valoran articulaciones dolorosas, nódulos óseos, deformidad, movilidad activa y pasiva, fuerza, estabilidad y signos de afectación tendinosa. La clasificación EULAR 2023 para estudios de artrosis de mano combina síntomas, edad, rigidez y cambios radiográficos; recuerda que ningún hallazgo aislado define por sí solo toda la enfermedad.

La radiografía puede mostrar estrechamiento del espacio articular, osteofitos, esclerosis y quistes. En formas erosivas pueden observarse erosiones centrales. No es necesario repetir imágenes de forma rutinaria si el resultado no va a cambiar la conducta.

Diagnóstico diferencial

ProblemaPistas orientativas
Artrosis interfalángicaNódulos óseos, dolor y rigidez local; IFD/IFP frecuentes.
Artritis psoriásicaDactilitis, psoriasis, uñas alteradas, inflamación más marcada o patrón asimétrico.
Artritis reumatoideSinovitis y rigidez inflamatoria; predominio MCP/IFP y respeto relativo de IFD.
GotaEpisodios agudos intensos, tofos o hiperuricemia contextual; el diagnóstico no se hace solo por ácido úrico.
Secuela traumáticaAntecedente de fractura/luxación y afectación focal concordante.
InfecciónDolor rápidamente progresivo, calor, herida, fiebre o signos sistémicos.

Tratamiento conservador: objetivos realistas

Las recomendaciones EULAR priorizan información, autocuidado, ejercicio y ayudas u ortesis cuando aportan función. El objetivo no es “borrar” osteofitos, sino reducir dolor, conservar movilidad útil y facilitar las tareas importantes.

  • Adaptar temporalmente actividades que concentran mucha carga de pinza o torsión.
  • Utilizar utensilios de mayor diámetro o ayudas técnicas cuando disminuyen la carga sobre una articulación dolorosa.
  • Aplicar calor local si resulta agradable para rigidez; no es una obligación ni modifica la estructura articular.
  • Usar una ortesis de forma selectiva para estabilizar o descansar una articulación dolorosa sin mantenerla inmovilizada innecesariamente.

Fármacos e infiltraciones

Los antiinflamatorios no esteroideos tópicos suelen preferirse a los sistémicos para dolor localizado por su menor exposición general. Los AINE orales pueden considerarse durante periodos limitados en pacientes seleccionados, teniendo en cuenta riesgo digestivo, renal, cardiovascular e interacciones.

Las recomendaciones EULAR no aconsejan de forma rutinaria glucocorticoides intraarticulares en toda artrosis de mano, aunque permiten considerarlos en articulaciones interfalángicas dolorosas con componente inflamatorio. No deben presentarse ácido hialurónico, PRP u otros productos como regeneradores de cartílago.

Ejercicio y terapia de mano

El ejercicio puede combinar movilidad suave, cierre y apertura del puño, deslizamiento tendinoso, coordinación y fuerza progresiva. La dosis se ajusta a irritabilidad: una molestia tolerable durante el ejercicio puede ser aceptable, pero un aumento importante que persiste obliga a reducir carga o volumen.

Ejercicios para artrosis de los dedos
Los ejercicios se seleccionan para mantener movilidad y función, sin forzar una articulación inflamada.

La terapia de mano también puede trabajar estrategias de protección articular, adaptación de tareas y ortesis. No hay una postura “perfecta” que haya que mantener todo el día.

Artrosis erosiva de las interfalángicas

La denominada artrosis erosiva es un fenotipo de artrosis interfalángica con mayor componente inflamatorio y cambios erosivos centrales en radiografía. Puede cursar con episodios de dolor, tumefacción y deformidad más pronunciados.

No debe confundirse automáticamente con artritis reumatoide o psoriásica. El contexto clínico, distribución, exploración, radiografías y, cuando está indicado, analítica ayudan a distinguirlas. Los fármacos modificadores de la enfermedad utilizados para artritis inflamatoria no se recomiendan de rutina para artrosis de mano.

Cuándo valorar cirugía

La cirugía se reserva para dolor o deformidad incapacitantes tras un tratamiento conservador razonable. La elección depende de la articulación, dedo, estabilidad y demanda funcional.

En IFD, la artrodesis ofrece una articulación estable y habitualmente indolora a cambio de perder su movimiento. En IFP puede discutirse artroplastia o artrodesis. Los dedos de borde y las tareas que exigen fuerza lateral pueden favorecer soluciones más estables; otros escenarios pueden priorizar movilidad. No existe una operación única adecuada para todas las articulaciones.

Pronóstico y seguimiento

La artrosis de los dedos suele evolucionar lentamente y con periodos de mayor y menor actividad. La progresión radiográfica no implica necesariamente pérdida proporcional de función. El seguimiento debe centrarse en dolor, movilidad, fuerza, deformidad y tareas limitadas.

Un cambio brusco —articulación muy roja y caliente, fiebre, inflamación intensa de aparición súbita o traumatismo reciente— no debe atribuirse automáticamente a una “crisis de artrosis”.

Qué hacer en los brotes dolorosos

La artrosis de los dedos no produce el mismo nivel de síntomas todos los días. En fases de mayor irritación puede aumentar la sensibilidad, el edema alrededor de la articulación y la dificultad para cerrar el puño. El objetivo durante un brote es reducir temporalmente la carga sin abandonar completamente el movimiento. Puede ser razonable disminuir tareas de pinza sostenida, torsión fuerte o impacto y mantener recorridos suaves dentro de la tolerancia.

El calor puede mejorar la sensación de rigidez en algunas personas; otras prefieren frío después de una actividad irritante. Ninguna de estas medidas modifica el cartílago y su utilidad es sintomática. Una ortesis de descanso puede ayudar en una articulación especialmente dolorosa, pero llevarla de forma continua sin indicación puede favorecer pérdida de movilidad.

Un brote de artrosis no debería utilizarse como explicación automática para una articulación intensamente roja, caliente y muy tumefacta de aparición brusca. Ese patrón obliga a considerar artritis por cristales o infección, sobre todo si existe fiebre, herida o inmunosupresión.

Trabajo, tareas domésticas y autocuidado

La mano participa en cientos de gestos de baja carga que, acumulados, pueden resultar más limitantes que un único esfuerzo fuerte. En cocina, limpieza, costura, teclado, instrumentos o trabajos manuales se analizan los movimientos que desencadenan dolor: abrir tapas, sostener herramientas finas, pellizcar con la punta de los dedos o mantener el puño cerrado.

Las adaptaciones útiles no buscan “proteger” la mano de toda carga, sino distribuirla mejor. Mangos más gruesos, herramientas con mayor superficie de agarre, alternar dedos o usar ambas manos pueden reducir la demanda sobre una IFD o IFP concreta. Si una tarea es imprescindible, también puede fraccionarse en bloques más cortos mientras se recupera tolerancia.

La fuerza se entrena de forma progresiva. Evitar permanentemente los agarres por miedo a “desgastar” la articulación puede reducir capacidad y confianza. La dosis adecuada es aquella que permite progresar sin provocar un aumento importante y mantenido de los síntomas.

Qué cambios son reversibles y cuáles no

Los osteofitos y deformidades óseas establecidas no desaparecen con ejercicios, masaje o suplementos. Sin embargo, dolor, rigidez, fuerza y función sí pueden mejorar aunque la radiografía siga mostrando artrosis. Esta distinción evita promesas de “regeneración” y también el mensaje opuesto de que no hay nada que hacer porque existe desgaste.

La movilidad que se pierde por dolor o desuso puede recuperar mejor que la limitada por una deformidad articular fija. Del mismo modo, una articulación radiográficamente avanzada pero poco dolorosa puede no necesitar tratamiento invasivo. La evolución se juzga por lo que el paciente puede hacer y por la estabilidad de los síntomas.

Fuentes y evidencia consultada

Preguntas frecuentes

¿Los nódulos de Heberden y Bouchard significan que el dedo va a dejar de funcionar?

No. Son signos frecuentes de artrosis de las articulaciones interfalángicas, pero el grado de deformidad radiográfica no predice por sí solo el dolor ni la capacidad funcional. La evolución es variable y el tratamiento se adapta a los síntomas y a las tareas que resultan limitadas.

¿Hace falta una resonancia para diagnosticar artrosis de los dedos?

Habitualmente no. La historia clínica, la exploración y, cuando hace falta, una radiografía suelen ser suficientes. Ecografía o resonancia se reservan para dudas diagnósticas, sospecha de sinovitis importante, lesión tendinosa u otra causa de dolor.

¿Las infiltraciones con corticoide curan la artrosis interfalángica?

No. Una infiltración puede considerarse para una articulación interfalángica muy dolorosa e inflamada en casos seleccionados, pero no regenera cartílago ni detiene la artrosis. Su utilidad debe valorarse frente a molestias y riesgos locales.

¿Cuándo se plantea operar una articulación interfalángica?

Cuando existe dolor o deformidad incapacitante que persiste pese a tratamiento conservador y la limitación justifica el coste funcional de la cirugía. En la IFD la artrodesis es una opción frecuente; en la IFP pueden considerarse artrodesis o artroplastia según dedo, estabilidad y necesidades.

Para situar esta localización dentro del manejo común de la enfermedad, puede consultarse la guía general de artrosis; esta ficha se centra específicamente en la artrosis de dedos.