Síndrome compartimental crónico de esfuerzo: dolor de pierna inducido por ejercicio
Un patrón de dolor reproducible con esfuerzo, no una cifra de presión aislada
El síndrome compartimental crónico de esfuerzo (SCCE o CECS, por sus siglas en inglés) es una causa de dolor inducido por ejercicio que aparece de forma relativamente predecible al correr, marchar o realizar una actividad repetitiva. El patrón típico combina dolor, sensación de tensión o presión y, en algunos pacientes, hormigueo o debilidad transitoria. Los síntomas suelen aumentar mientras continúa el esfuerzo y disminuir al reducirlo o detenerlo.
La dificultad es que este patrón se solapa con otras causas frecuentes de dolor de pierna. Además, aunque durante décadas se ha utilizado la medición de presión intracompartimental como referencia diagnóstica, no existe un protocolo universalmente validado que permita transformar una cifra en un diagnóstico automático. La valoración moderna empieza por reproducir bien la historia clínica, descartar alternativas y decidir si una prueba invasiva va a modificar la conducta.

Índice de contenidos
- Crónico de esfuerzo no es síndrome compartimental agudo
- Compartimentos de la pierna
- Qué se sabe de la fisiopatología
- Patrón clínico que hace sospecharlo
- Exploración antes y después del esfuerzo
- Diagnóstico diferencial del dolor de pierna
- Presión intracompartimental y criterios de Pedowitz
- RM y otras pruebas
- Tratamiento conservador
- Fasciotomía
- Rehabilitación y retorno
- Persistencia, recaída y reevaluación
- Fuentes
- Preguntas frecuentes
Crónico de esfuerzo no es síndrome compartimental agudo
El síndrome compartimental agudo es una urgencia quirúrgica. Suele aparecer después de traumatismos, fracturas, sangrado, reperfusión u otras situaciones y produce un cuadro progresivo que no se resuelve simplemente al parar de correr. El SCCE, en cambio, suele ser reversible con el reposo y repetirse durante actividades similares.
Esa diferencia no debe utilizarse para tranquilizar ante cualquier dolor intenso de pierna. Un dolor desproporcionado y persistente, una pierna muy tensa tras traumatismo, empeoramiento rápido, pérdida progresiva de fuerza o sensibilidad o dolor importante con el estiramiento pasivo requieren valoración urgente. Una persona con antecedentes de SCCE también puede sufrir una lesión aguda diferente.
Compartimentos de la pierna: la localización importa
La pierna contiene grupos musculares delimitados por fascia y estructuras óseas. No todos los pacientes tienen afectado el mismo compartimento y no es correcto liberar quirúrgicamente una región solo porque “la pierna duele”. La distribución de síntomas y la exploración deben ser coherentes con la anatomía.


| Compartimento | Funciones/estructuras orientativas | Patrón posible |
|---|---|---|
| Anterior | Dorsiflexores; nervio peroneo profundo | Dolor anterolateral, tensión; en casos intensos, alteraciones sensitivas del primer espacio interdigital o debilidad de dorsiflexión |
| Lateral | Peroneos; relación con nervio peroneo superficial | Dolor lateral, sensación de presión y ocasionales parestesias dorsales |
| Posterior superficial | Gastrocnemio y sóleo | Dolor o presión posterior de pantorrilla |
| Posterior profundo | Tibial posterior, flexores y paquete tibial | Dolor profundo posteromedial; diagnóstico diferencial especialmente amplio |
Algunas descripciones anatómicas distinguen además subcompartimentos, especialmente en la región posterior profunda. Esto es relevante porque una liberación incompleta o una selección incorrecta de compartimentos puede influir en el resultado quirúrgico.
Qué se sabe de la fisiopatología y qué sigue siendo incierto
Durante el ejercicio aumenta el flujo sanguíneo y el volumen muscular. En el SCCE se propone que el aumento de volumen dentro de un espacio fascial poco complaciente eleva la presión y altera transitoriamente la perfusión o la función nerviosa. Esta explicación es plausible, pero no resuelve toda la enfermedad: existen personas sintomáticas con valores de presión difíciles de clasificar y personas con mediciones elevadas que no encajan clínicamente.

La revisión de 2026 sobre dilemas diagnósticos y terapéuticos vuelve a subrayar que persisten incertidumbres sobre mecanismo, criterios diagnósticos y selección de tratamiento. Por eso conviene evitar explicaciones demasiado mecánicas y utilizar la presión como una pieza del razonamiento, no como toda la enfermedad.
El patrón clínico: reproducibilidad, tiempo y reversibilidad
La historia es especialmente valiosa cuando los síntomas aparecen de manera repetible: por ejemplo, después de varios minutos de carrera o a una determinada intensidad, aumentan si se mantiene la actividad y mejoran en minutos tras detenerla. En el consenso internacional de expertos se consideraron esenciales el dolor y la sensación de tensión durante el ejercicio.

Las parestesias o la debilidad pueden aparecer cuando el cuadro es intenso, pero no son obligatorias. Debe preguntarse por bilateralidad, distancia o tiempo hasta el inicio, superficie de entrenamiento, velocidad, calzado, cambios recientes de carga, antecedentes de fractura o cirugía y si el dolor persiste muchas horas después. Un patrón que ya está presente en reposo, despierta por la noche o progresa pese a reducir carga obliga a ampliar el diagnóstico diferencial.
Exploración antes y después de provocar síntomas
Entre episodios, la exploración puede ser normal. Por eso resulta útil examinar al paciente antes y, cuando es seguro, inmediatamente después de la actividad que reproduce el cuadro. El objetivo es registrar localización de la tensión, dolor, cambios sensitivos, fuerza, pulsos y cualquier signo que oriente a otro diagnóstico.

La exploración vascular y neurológica tiene especial importancia. La disminución de pulsos con ciertas posiciones, síntomas muy dependientes de la postura, déficit neurológico persistente o dolor focal óseo cambian la hipótesis. También debe observarse la marcha o carrera cuando el mecanismo parece claramente relacionado con la técnica o con un cambio reciente de entrenamiento.
Diagnóstico diferencial: no todo dolor de pierna del corredor es compartimental
| Posibilidad | Pistas orientativas |
|---|---|
| Lesión por estrés tibial | Dolor óseo focal o progresivo, sensibilidad localizada, síntomas que pueden persistir tras el esfuerzo |
| Síndrome de estrés tibial medial | Dolor posteromedial más difuso relacionado con carga, sin patrón neurológico típico |
| Atrapamiento nervioso | Quemazón, parestesias o debilidad con una distribución neural; puede coexistir con ejercicio |
| Enfermedad vascular por esfuerzo | Claudicación, frialdad, cambios de pulso o síntomas relacionados con posiciones; requiere estudio específico |
| Tendón/músculo | Dolor reproducible con contracción o estiramiento localizado, lesión aguda o sobrecarga específica |
| Origen lumbar | Dolor irradiado, síntomas neurológicos o relación con columna además de la carga |
El diagnóstico puede ser especialmente difícil en el compartimento posterior profundo porque dolor tibial, tendones, nervios y problemas vasculares pueden imitarse. Antes de una fasciotomía conviene que la hipótesis clínica sea mucho más específica que “dolor de pierna con deporte”.
Medición de presión: útil en algunos casos, pero sin un umbral universal
La presión intracompartimental (ICP) sigue siendo la prueba objetiva más utilizada. Históricamente se han difundido los criterios de Pedowitz: valores por encima de 15 mmHg en reposo, 30 mmHg al minuto postejercicio o 20 mmHg a los cinco minutos. Son cifras muy conocidas, pero su uso tiene limitaciones importantes.

La presión cambia con la posición, el ejercicio empleado, el momento de medición, la localización y profundidad del catéter y el compartimento estudiado. La revisión sistemática de 2024 encontró gran heterogeneidad en los protocolos, aunque la mayoría de estudios seguían utilizando mediciones estáticas y los umbrales clásicos. El consenso Delphi internacional tampoco alcanzó acuerdo sobre que la ICP sea imprescindible en todos los pacientes.
Por tanto, Pedowitz debe entenderse como un criterio histórico frecuente, no como una ley biológica. Una medición discordante con una historia poco típica no debería precipitar cirugía; y una historia muy típica con una medición dudosa puede justificar revisar protocolo, diagnóstico diferencial o repetir una provocación adecuada antes de concluir.
RM, ecografía, Doppler y otras pruebas: responder preguntas concretas
La RM después del ejercicio puede mostrar cambios de señal en músculos afectados y se ha estudiado como alternativa no invasiva, pero no existe todavía un método suficientemente estandarizado para sustituir universalmente a la valoración clínica y a la presión cuando esta está indicada. La ecografía puede ayudar con tendones o lesiones superficiales; el Doppler se utiliza si existe sospecha vascular.
Radiografía, RM ósea, neurofisiología u otras pruebas se eligen sobre todo para descartar alternativas: lesión por estrés, patología lumbar, neuropatía o enfermedad vascular. No es buena práctica solicitar una batería completa a todos los corredores con dolor de pierna.
Tratamiento conservador: modificar carga y comprobar qué cambia realmente
El manejo no quirúrgico suele empezar por reducir temporalmente la actividad que provoca el cuadro y mantener otras formas de acondicionamiento tolerables. Después se reconstruye exposición de forma progresiva. En corredores puede estudiarse cadencia, longitud de zancada y patrón de apoyo, pero no existe una técnica de carrera que deba imponerse a todos los pacientes.
El consenso de expertos consideró el reentrenamiento de la marcha/carrera una opción razonable. Sin embargo, los estudios conservadores son pequeños y heterogéneos; cambiar obligatoriamente a antepié, modificar zapatillas o usar plantillas no puede prometer una resolución universal. La elección debe depender del patrón individual y de si el cambio reduce síntomas sin crear una nueva sobrecarga.
Fuerza de pantorrilla, dorsiflexores, cadera y control de carrera pueden formar parte del programa, sobre todo si existen déficits, pero el SCCE no debe explicarse simplemente por “debilidad”. Masaje, estiramiento o tratamiento manual pueden modificar síntomas a corto plazo, pero no existe evidencia sólida para presentarlos como métodos que aumentan de forma permanente el volumen del compartimento.
Fasciotomía: liberar el compartimento correcto en el paciente correcto
La fasciotomía abre la fascia del compartimento o compartimentos responsables. Puede realizarse mediante técnicas abiertas o menos invasivas. La decisión tiene más sentido cuando el patrón clínico es reproducible, se han descartado diagnósticos alternativos importantes y el problema limita una actividad relevante pese a un manejo conservador razonable.


Los resultados publicados no son uniformes. La revisión sistemática de 2024 encontró una satisfacción posquirúrgica aproximada entre 42 % y 94 % y retorno al deporte entre 26 % y 100 %, una amplitud que refleja diferencias de selección, técnica y definición de éxito. Un metaanálisis de finales de 2024 encontró ventajas de la fasciotomía frente al manejo conservador en varios resultados, pero la calidad global de la evidencia sigue limitada.
En una cohorte con seguimiento medio de seis años, publicada en 2025, la satisfacción fue razonablemente alta, aunque persistieron parestesias, hinchazón o calambres en una proporción relevante. Es una buena razón para evitar frases como “la cirugía cura el síndrome” y para discutir desde el principio la posibilidad de síntomas residuales.
Rehabilitación y retorno: no existe un protocolo posoperatorio universal
Después de fasciotomía se controlan herida, edema, movilidad de tobillo y tolerancia progresiva al apoyo. Luego se reconstruyen fuerza, marcha, capacidad aeróbica y finalmente carrera o actividad específica. La progresión debe respetar la cicatrización, pero no debería basarse solo en el calendario.
Una revisión sistemática publicada en 2024 encontró una gran variabilidad en los protocolos de rehabilitación y criterios de retorno después de cirugía. Por eso es más prudente avanzar cuando la herida está estable, la marcha es funcional, la fuerza y movilidad son suficientes y el aumento de carga no reproduce de forma relevante el patrón previo, antes de introducir carrera, intervalos, cuestas o tareas militares/deportivas.
Persistencia o recaída: volver a revisar el diagnóstico
El dolor que persiste después de un tratamiento no demuestra automáticamente que “la fascia se haya cerrado”. Puede existir una liberación incompleta, otro compartimento implicado, cicatriz, lesión nerviosa, o simplemente un diagnóstico inicial diferente. La revisión sistemática y el consenso internacional muestran que tampoco existe un algoritmo universal para enfermedad residual o recurrente.
Una reevaluación útil vuelve al patrón original: ¿los síntomas son exactamente los mismos?, ¿aparecen con el mismo umbral de ejercicio?, ¿existe ahora déficit neurológico?, ¿se ha descartado una lesión ósea o vascular?, ¿la cirugía liberó el compartimento sospechado? Repetir una operación sin responder estas preguntas puede perpetuar el problema.
Fuentes y evidencia consultada
- Diagnostic and therapeutic dilemmas in chronic exertional compartment syndrome, 2026
- Diagnosis and management of CECS: systematic review, 2024
- International clinical consensus on CECS diagnosis and treatment
- Fasciotomy versus conservative management: systematic review and meta-analysis, 2024
- Postoperative rehabilitation and return to activity: systematic review, 2024
- Medium- to long-term outcomes after fasciotomy, 2025
- Two- versus four-compartment fasciotomy: systematic review
Preguntas frecuentes
¿Los criterios de Pedowitz confirman por sí solos un síndrome compartimental crónico de esfuerzo?
No. Los umbrales clásicos de presión se siguen utilizando en muchos centros, pero dependen del protocolo, el compartimento, el momento de la medición y la técnica. La historia reproducible con ejercicio y el diagnóstico diferencial son esenciales; una cifra aislada no debe sustituir la valoración clínica.
¿El síndrome compartimental crónico de esfuerzo es una urgencia?
La forma crónica de esfuerzo suele aparecer con actividad y mejorar al detenerla, por lo que no es la misma urgencia que un síndrome compartimental agudo. Dolor intenso persistente tras traumatismo, déficit neurológico progresivo o una pierna muy tensa y dolorosa requieren valoración urgente.
¿Se puede tratar sin cirugía?
Sí. La primera estrategia puede incluir modificación temporal de la actividad, recuperación de capacidad y, en corredores seleccionados, reentrenamiento de la técnica. La evidencia no permite garantizar que un cambio de apoyo o de calzado resuelva todos los casos, y la respuesta debe valorarse de forma individual.
¿La fasciotomía garantiza volver al mismo deporte?
No. La fasciotomía puede mejorar dolor y permitir volver a actividad en muchos pacientes correctamente seleccionados, pero los resultados publicados son heterogéneos. Puede persistir dolor, parestesias o limitación, y algunas personas requieren revisión o no regresan al mismo nivel deportivo.