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Dr. Arturo Mahiques

Una vértebra transicional lumbosacra (LSTV) es una variante congénita en la unión entre columna lumbar y sacro. La última vértebra lumbar puede presentar una apófisis transversa aumentada, formar una pseudoarticulación con el sacro o ilion o fusionarse parcial o completamente. El hallazgo anatómico por sí solo no equivale a enfermedad.

Se utiliza el nombre síndrome de Bertolotti cuando una persona con una vértebra transicional presenta dolor lumbar y existe una relación clínica suficientemente plausible entre los síntomas y esa anatomía. Esa atribución exige cuidado porque la misma persona puede tener dolor discal, facetario, sacroilíaco, radicular u otra causa independiente.

Esquema de una vértebra transicional lumbosacra
La vértebra transicional es una variante anatómica; el síndrome requiere además síntomas y una correlación clínica razonable.

Vértebra transicional no es lo mismo que síndrome de Bertolotti

Las LSTV abarcan un espectro entre sacralización de la última vértebra lumbar y lumbarización del primer segmento sacro. Su presencia modifica la anatomía de la charnela lumbosacra y puede cambiar la distribución de carga, pero muchas se descubren de manera incidental.

El diagnóstico de síndrome de Bertolotti no debe establecerse solo porque una radiografía muestre una apófisis transversa grande. El dolor debe encajar en el contexto y deben considerarse diagnósticos alternativos. La literatura actual sigue señalando variabilidad en los criterios diagnósticos y falta de estudios comparativos sólidos a largo plazo.

Principio clínico: primero se identifica qué estructura puede generar los síntomas; después se decide si la vértebra transicional tiene un papel causal. Invertir ese orden favorece el sobrediagnóstico.

Clasificación de Castellvi: útil para describir, no para decidir sola

La clasificación de Castellvi describe la relación de las apófisis transversas con el sacro/ilion. Es útil para comunicar la morfología, pero no constituye por sí misma un algoritmo terapéutico.

TipoMorfología resumida
IApófisis transversa aumentada sin pseudoarticulación ni fusión completa
IIPseudoarticulación entre la apófisis transversa y sacro/ilion
IIIFusión ósea completa unilateral o bilateral
IVCombinación de pseudoarticulación en un lado y fusión en el otro

Las formas pueden ser unilaterales o bilaterales. La descripción exacta ayuda a planificar una infiltración o cirugía si finalmente se atribuyen los síntomas a la región transicional.

De dónde puede proceder el dolor

La anatomía transicional puede relacionarse con varios posibles generadores de dolor, y distinguirlos es importante porque no todos se tratan igual.

Pseudoarticulación

Una articulación anómala entre la apófisis transversa y el sacro o ilion puede desarrollar cambios degenerativos y ser una fuente localizada de dolor en determinados pacientes.

Segmento superior

El disco o las facetas por encima de la transición pueden recibir una distribución distinta de movimiento y carga. Un hallazgo degenerativo en ese nivel necesita igualmente correlación clínica.

Foramen y raíz nerviosa

En algunos casos la anatomía ósea o los cambios adyacentes pueden contribuir a estrechamiento y síntomas radiculares.

Otras fuentes coexistentes

Cadera, articulación sacroilíaca, musculatura, dolor facetario u otras causas lumbares pueden explicar total o parcialmente los síntomas.

Por eso una misma LSTV puede ser irrelevante en una persona y clínicamente importante en otra.

Síntomas y exploración

El dolor puede localizarse en región lumbar baja, unión lumbosacra o glúteo, a veces de forma unilateral. Puede aumentar con determinadas cargas, extensión o actividades repetidas, pero esos datos no son específicos. Si existe compromiso radicular, puede aparecer dolor hacia la pierna, parestesias o déficit neurológico.

La exploración revisa movilidad lumbar, cadera, articulación sacroilíaca, fuerza, sensibilidad y reflejos cuando corresponde. La palpación localizada sobre la pseudoarticulación puede reproducir dolor, pero tampoco confirma el diagnóstico de forma aislada.

Es especialmente importante registrar qué actividades se limitan y cómo evoluciona el cuadro. El objetivo no es demostrar que la variante “existe” —eso lo hace la imagen—, sino decidir si explica razonablemente los síntomas.

Diagnóstico e imagen: identificar bien el nivel

La radiografía puede mostrar la transición y la relación con sacro e ilion. El TAC define con mayor detalle la anatomía ósea cuando se necesita planificar una intervención. La resonancia permite valorar discos, raíces, canal y otras causas de dolor.

Radiografía de una vértebra transicional lumbosacra
La imagen confirma la anatomía transicional, pero no demuestra por sí sola que sea el origen del dolor.

Numeración vertebral y planificación

Las vértebras transicionales pueden dificultar la numeración correcta de los niveles lumbares. Antes de una infiltración o cirugía es esencial correlacionar el estudio completo y asegurarse de que todos los profesionales están hablando del mismo nivel anatómico.

También deben revisarse hernia discal, dolor facetario, estenosis y patología de cadera o sacroilíaca según el patrón.

Diagnóstico diferencial: evitar que la variante explique todo

La principal dificultad del síndrome de Bertolotti es atribuir correctamente el dolor. Una persona con LSTV puede presentar al mismo tiempo una hernia discal, cambios facetarios, dolor de la articulación sacroilíaca, patología de cadera o un cuadro de dolor lumbar no específico. Cada posibilidad necesita datos a favor y en contra.

El dolor claramente localizado cerca de una pseudoarticulación, reproducible con carga y concordante con cambios locales puede aumentar la sospecha, pero sigue siendo inespecífico. Cuando predominan irradiación, alteración de reflejos o debilidad, la prioridad pasa a localizar la raíz afectada. Cuando la limitación principal es inguinal o existe pérdida marcada de movilidad de cadera, debe explorarse esa articulación en lugar de asumir un origen lumbosacro.

También puede haber dolor en el nivel inmediatamente superior a la transición. En ese caso, tratar únicamente la pseudoarticulación podría no resolver el problema. La decisión se fortalece cuando historia, exploración, imagen y, en casos seleccionados, respuesta a un procedimiento diagnóstico apuntan en la misma dirección.

Infiltración dirigida: herramienta clínica, no prueba perfecta

Cuando la pseudoarticulación parece una fuente plausible, una infiltración guiada con anestésico local, con o sin tratamiento antiinflamatorio según el caso, puede tener un propósito diagnóstico y terapéutico. Una reducción clara del dolor durante el periodo esperado del anestésico apoya la hipótesis, pero no la convierte en certeza absoluta.

La respuesta puede verse influida por dispersión del anestésico, dolor procedente de varias estructuras o variabilidad de los síntomas. Por eso la decisión quirúrgica no debería descansar únicamente en el resultado de una inyección.

Tratamiento conservador

Si no existe una indicación urgente, el manejo inicial suele ser no quirúrgico y se adapta a la función. La presencia de una variante congénita no implica que haya que “corregir” la anatomía si los síntomas pueden controlarse.

  • Educación sobre la diferencia entre hallazgo anatómico y síndrome doloroso.
  • Modificación temporal de cargas que disparan mucho los síntomas, seguida de recuperación progresiva.
  • Ejercicio para fuerza de tronco y miembros inferiores, movilidad y capacidad general según tolerancia.
  • Tratamiento farmacológico individualizado cuando está indicado, considerando riesgos y otras enfermedades.
  • Reevaluación del diagnóstico si la respuesta no encaja con la hipótesis inicial.

No existe un programa de ejercicios exclusivo del síndrome de Bertolotti con superioridad demostrada. El plan se construye alrededor de las limitaciones de la persona y puede compartir principios con la rehabilitación dorsolumbar.

Resección, fusión y selección quirúrgica

La cirugía es una opción para casos persistentes y bien seleccionados, no una consecuencia automática de la clasificación radiológica. La evidencia disponible procede en gran parte de series pequeñas y estudios heterogéneos, por lo que la selección del paciente es especialmente importante.

Resección de la pseudoarticulación

Puede considerarse cuando los síntomas se localizan de forma convincente en la pseudoarticulación y no existe una degeneración dominante en otro nivel que explique mejor el cuadro. La anatomía debe permitir una resección segura.

Fusión

Puede discutirse cuando existe un problema estructural que hace insuficiente la resección aislada, por ejemplo degeneración o inestabilidad relevante en determinados escenarios. Añade complejidad, pérdida de movimiento segmentario y riesgos propios, por lo que requiere una indicación razonada.

La comparación entre técnicas no permite afirmar que una sea universalmente superior. La decisión integra fuente probable de dolor, morfología, niveles adyacentes, neurología, edad, actividad, expectativas y experiencia quirúrgica.

Qué hace más sólida la indicación

Antes de operar conviene que exista concordancia entre el lado y zona de dolor, la anatomía que se pretende tratar y el fracaso de un manejo conservador razonable. También debe revisarse el estado del disco superior y de las facetas, porque puede modificar la elección entre resección y estabilización. Una mejoría transitoria tras infiltración puede aportar información, pero no sustituye esta valoración global.

El objetivo quirúrgico debe formularse de forma concreta —por ejemplo, eliminar una pseudoarticulación sintomática o estabilizar un segmento seleccionado— y acompañarse de expectativas realistas. La existencia de una LSTV en sí misma no es un objetivo quirúrgico.

Preguntas frecuentes

¿Tener una vértebra transicional significa tener síndrome de Bertolotti?

No. Una vértebra transicional lumbosacra es una variante anatómica y muchas personas no tienen síntomas. Se habla de síndrome de Bertolotti cuando existe dolor y hay una relación clínica razonable entre ese dolor y la anatomía transicional después de valorar causas alternativas.

¿La clasificación de Castellvi dice qué tratamiento necesita cada paciente?

No por sí sola. Castellvi describe la morfología de la vértebra transicional, pero no demuestra qué estructura produce dolor ni determina automáticamente la indicación de infiltración, resección o fusión.

¿Una infiltración diagnóstica confirma de forma absoluta el origen del dolor?

No. Una mejoría clara tras una infiltración dirigida puede apoyar que la pseudoarticulación o una estructura vecina participe en el dolor, pero la respuesta debe interpretarse junto con la clínica y la imagen y no es una prueba perfecta.

¿El síndrome de Bertolotti siempre se opera?

No. El tratamiento suele comenzar de forma conservadora. La cirugía se reserva para pacientes seleccionados con síntomas persistentes, una fuente de dolor suficientemente bien localizada y una anatomía compatible; la evidencia disponible es más limitada que para otras patologías lumbares frecuentes.