Columna dorsal
La columna dorsal o torácica se sitúa entre el cuello y la región lumbar y se articula con las costillas. Esa relación con la caja torácica reduce parte de su movilidad, pero la región sigue participando en rotación, flexión, extensión, respiración y coordinación con la cintura escapular.
Esta página es el hub regional dorsal. Organiza dorsalgia, dolor interescapular, deformidades torácicas y otras causas que requieren un diagnóstico diferencial más amplio.
Índice de contenidos
Visión general
La región torácica incluye doce vértebras y forma parte de una unidad funcional con las costillas, el esternón y las escápulas. El movimiento visible del tronco resulta de la suma de varios segmentos y de la contribución lumbar, cervical y escapular.

La rigidez torácica puede acompañar a dolor musculoesquelético, pero no debe considerarse automáticamente la causa. Del mismo modo, una postura cifótica no equivale por sí sola a una lesión.
Dorsalgia y dolor interescapular
La dorsalgia describe dolor en la zona media de la espalda. Puede aparecer tras sobrecarga, posiciones mantenidas, tos, actividad deportiva o sin un desencadenante claro. El dolor interescapular se percibe entre las escápulas y puede relacionarse con tejidos locales, columna cervical o torácica y cintura escapular.
En la práctica interesa saber si el dolor es reproducible con movimiento o palpación, si cambia con la respiración, si se acompaña de síntomas neurológicos y si existe una causa sistémica o visceral posible. El hecho de que una zona esté “contracturada” no demuestra que el músculo sea la fuente primaria.
Cifosis, Scheuermann y cifoescoliosis
La región dorsal contribuye de forma importante al perfil sagital. La cifosis torácica fisiológica no es una enfermedad. La relevancia clínica aparece cuando existe una deformidad estructural, progresión, desequilibrio global, dolor relevante o una causa concreta.

- Enfermedad de Scheuermann: hipercifosis estructural del crecimiento con criterios radiográficos específicos.
- Cifoescoliosis: combina alteraciones en varios planos y necesita valorar equilibrio global.
- Deformidades de columna: visión general de escoliosis, cifosis y otras alteraciones.
Causas inflamatorias y no mecánicas
La dorsalgia persistente no siempre es una sobrecarga. Un patrón de dolor inflamatorio, rigidez prolongada, síntomas en otras articulaciones o antecedentes compatibles pueden orientar hacia una espondiloartritis, incluida la espondilitis anquilosante.
La región torácica también puede verse afectada por fracturas vertebrales, especialmente en osteoporosis, por infección, enfermedad tumoral o dolor referido de tórax y abdomen. Estas causas son menos frecuentes, pero su probabilidad cambia mucho con edad, antecedentes y signos acompañantes.
Costillas, respiración y cintura escapular
La región torácica se articula con las costillas, por lo que algunos movimientos respiratorios y del tronco cambian la tensión en articulaciones costovertebrales y tejidos intercostales. El dolor que aumenta al inspirar profundamente puede ser musculoesquelético, pero también obliga a interpretar el contexto y descartar causas cardiopulmonares cuando existen síntomas acompañantes.
Las escápulas se deslizan sobre la parrilla costal y comparten musculatura con cuello, hombro y tórax. Por eso, un dolor entre los omóplatos puede modificarse al mover el hombro o la columna cervical. No es correcto asumir que todo dolor interescapular procede de una “vértebra dorsal bloqueada”.
En exploración se valora la relación entre movimientos torácicos, cervicales, hombro y respiración, además de fuerza y tolerancia a carga. Esto permite seleccionar ejercicios útiles sin convertir un hallazgo de movilidad en un diagnóstico por sí mismo.
Cuándo estudiar con imagen
Los criterios ACR diferencian varios escenarios. En dolor torácico agudo sin mielopatía, radiculopatía ni signos de alarma, la imagen no es automáticamente necesaria. Si existe mielopatía o radiculopatía, la resonancia sin contraste suele tener un papel central; ante traumatismo, osteoporosis, sospecha de cáncer, infección o inmunosupresión, la estrategia de imagen cambia.
Esto es importante porque la columna dorsal no debe abordarse con la regla simplista de “si duele, hay que hacer una resonancia”. La indicación depende de la probabilidad clínica y de qué decisión se pretende tomar con el resultado.
Rehabilitación y ejercicio
En cuadros musculoesqueléticos no complicados, la recuperación suele centrarse en mantener actividad tolerable y recuperar gradualmente movilidad, fuerza y capacidad para las tareas que provocan limitación. La región torácica se entrena junto con cintura escapular, tronco y respiración, no como un segmento aislado.
Si existe osteoporosis con fracturas, enfermedad inflamatoria activa o síntomas neurológicos, el programa debe adaptarse al diagnóstico y al riesgo individual.
Signos de alarma
- dolor tras traumatismo o con riesgo elevado de fractura;
- debilidad, alteración sensitiva extensa, cambios de marcha u otros signos compatibles con afectación medular;
- fiebre, inmunosupresión o factores de riesgo de infección;
- antecedente de cáncer con dolor nuevo o progresivo;
- dolor torácico o abdominal, disnea, sudoración u otros síntomas que sugieran un origen no musculoesquelético.
Evolución y seguimiento
En una dorsalgia mecánica no complicada, la evolución se sigue por cambios en dolor, sueño, movilidad y capacidad para trabajar o entrenar. La persistencia de una molestia no obliga por sí sola a hacer imagen, pero sí justifica revisar el diagnóstico si el patrón no mejora, aparecen síntomas sistémicos o existe un riesgo específico.
En adolescentes con deformidad, el seguimiento tiene otra lógica: importa el crecimiento restante y la progresión. En adultos con osteoporosis, una pérdida de altura o dolor agudo tras un gesto aparentemente menor puede hacer considerar fractura vertebral. En enfermedad inflamatoria, la rigidez y los síntomas extraarticulares cambian la prioridad de valoración.
Separar estos escenarios evita dos errores: banalizar cualquier dolor dorsal como “contractura” o, por el contrario, medicalizar con pruebas innecesarias un episodio musculoesquelético común.
Mapa de la rama dorsal
Preguntas frecuentes
¿El dolor dorsal suele ser muscular?
Puede serlo, pero no siempre. La región torácica puede producir dolor musculoesquelético, articular o referido y, según el contexto, también requiere descartar fractura, enfermedad inflamatoria, infección, tumor u otras causas.
¿Una cifosis visible significa que existe una enfermedad?
No necesariamente. El perfil dorsal presenta variabilidad. Una deformidad estructural se valora por su magnitud, flexibilidad, edad, crecimiento, síntomas y causa, no solo por la apariencia.
¿Cuándo se pide una resonancia de la columna dorsal?
No se solicita de forma rutinaria para cualquier dorsalgia. Su indicación aumenta si hay mielopatía o radiculopatía, sospecha de infección o tumor, hallazgos óseos preocupantes, cirugía previa o determinados signos de alarma.
¿La movilidad torácica puede trabajarse con ejercicio?
Sí, cuando es apropiado. La movilidad, fuerza y tolerancia a la carga pueden entrenarse de forma progresiva, pero el programa debe adaptarse si existe fractura, osteoporosis, enfermedad inflamatoria, déficit neurológico u otra condición específica.