Saltar al contenido principal
🦴 www.cto-am.com
Dr. Arturo Mahiques

La estenosis de canal lumbar es una reducción del espacio disponible para las raíces nerviosas dentro del canal vertebral, los recesos laterales o los forámenes de la región lumbar. En la zona lumbar baja ya no se encuentra la médula espinal propiamente dicha en la mayoría de los adultos: las estructuras que pueden verse comprometidas son sobre todo la cauda equina y las raíces nerviosas.

La imagen puede mostrar un canal estrecho sin que exista una enfermedad sintomática. Por eso el diagnóstico no se basa en medir milímetros en una resonancia, sino en relacionar síntomas, exploración, capacidad para caminar y hallazgos anatómicos. Dentro de la columna lumbar, se relaciona con espondilolistesis, hernia discal y cambios degenerativos facetarios.

Qué significa realmente tener estenosis lumbar

La estenosis describe una situación anatómica; el síndrome clínico aparece cuando esa reducción de espacio se asocia a síntomas compatibles. Dos personas con imágenes parecidas pueden tener una capacidad funcional muy distinta. Del mismo modo, un informe que utiliza palabras como «severa» no sustituye a la valoración neurológica ni determina por sí solo una operación.

El patrón más conocido es la claudicación neurógena, pero algunos pacientes presentan dolor radicular más focal, entumecimiento, debilidad o una combinación. El dolor lumbar puede acompañar al cuadro, aunque no siempre es el síntoma principal.

Esquema de estenosis del canal lumbar
La relevancia clínica de una estenosis depende de la concordancia entre la anatomía, los síntomas y la limitación funcional.

Dónde puede estrecharse el canal

Estenosis central

Reduce el espacio del canal donde discurren varias raíces de la cauda equina. Se asocia con frecuencia a claudicación neurógena bilateral o difusa.

Receso lateral

El estrechamiento ocurre en la zona por la que transcurre una raíz antes de salir del canal. Puede producir síntomas más radiculares.

Foraminal

Afecta el foramen de salida de una raíz. Puede relacionarse con pérdida de altura discal, osteofitos o deformidad segmentaria.

Estos patrones pueden coexistir. La extensión del problema y el nivel afectado ayudan a interpretar la clínica, pero no existe una equivalencia automática entre grado radiológico y gravedad de síntomas.

Causas y cambios degenerativos

La forma adquirida degenerativa es la más habitual en adultos. Suele ser el resultado de varios cambios que se acumulan: pérdida de altura y abombamiento discal, artrosis e hipertrofia facetaria, engrosamiento o plegamiento del ligamento amarillo y cambios de alineación. Una espondilolistesis degenerativa puede estrechar aún más el canal.

También existen canales constitucionalmente estrechos y causas menos frecuentes como quistes sinoviales, secuelas de fracturas, deformidades o cambios posquirúrgicos. La edad aumenta la frecuencia de cambios degenerativos, pero «degeneración» no significa necesariamente dolor ni deterioro inevitable.

Síntomas y claudicación neurógena

La claudicación neurógena suele aparecer al caminar o permanecer de pie y puede manifestarse como dolor, pesadez, hormigueo, sensación de debilidad o pérdida de confianza en las piernas. Sentarse suele aliviarla; muchas personas también toleran mejor caminar inclinadas hacia delante o pedalear que caminar erguidas.

  • Puede ser unilateral o bilateral.
  • La distancia de marcha antes de detenerse es un dato funcional útil para seguimiento.
  • Puede coexistir con dolor radicular que desciende por una pierna.
  • Los síntomas neurológicos pueden fluctuar y no siempre están presentes en reposo.

La mejoría con flexión es orientativa, no una prueba diagnóstica. Un cuadro vascular, una artrosis de cadera, neuropatía periférica o desacondicionamiento pueden limitar la marcha de forma parecida.

Exploración y capacidad funcional

La exploración incluye fuerza, sensibilidad, reflejos, pulsos periféricos, marcha y equilibrio. En algunos pacientes el examen neurológico en reposo es casi normal y el problema aparece tras caminar; por eso importa preguntar por tiempo de bipedestación, distancia de marcha y actividades concretas.

También se exploran cadera y rodilla, se busca un posible origen vascular y se valoran factores que modifican el tratamiento: fragilidad, riesgo de caídas, enfermedades cardiovasculares, osteoporosis y objetivos personales.

Radiografía, resonancia y TAC

La resonancia magnética es la prueba de referencia cuando se necesita valorar canal, raíces, discos y tejidos blandos, especialmente si los síntomas persisten y se contempla una intervención. No suele ser necesaria ante cualquier episodio de dolor lumbar sin signos de alarma.

Las radiografías de pie aportan información sobre alineación, artrosis y espondilolistesis. Las proyecciones dinámicas se reservan para preguntas concretas sobre movilidad o inestabilidad. El TAC define mejor la anatomía ósea y puede ser útil si la RM está contraindicada o para planificación quirúrgica.

Idea clave: una RM se interpreta en contexto. La intensidad del estrechamiento radiológico y la limitación funcional no siempre avanzan en paralelo.

Claudicación vascular y otros imitadores

DatoClaudicación neurógenaClaudicación vascular
DesencadenanteBipedestación o marcha; influye la posturaEsfuerzo muscular al caminar
AlivioSedestación y a menudo flexiónReposo, incluso de pie
PulsosHabitualmente conservadosPueden estar disminuidos
PruebasExploración neurológica e imagen selectivaExploración vascular e índice tobillo-brazo según caso

La comparación es orientativa. Es posible padecer ambas enfermedades a la vez, sobre todo en personas mayores con factores de riesgo cardiovascular.

Tratamiento no quirúrgico

Si no existe una urgencia neurológica, el tratamiento inicial suele ser conservador. El objetivo no es «abrir el canal» con ejercicios, sino mejorar capacidad, fuerza, tolerancia a la marcha y autonomía mientras se controla el dolor.

  • Educación sobre el curso del problema y dosificación de actividad.
  • Ejercicio de fuerza de tronco y miembros inferiores adaptado.
  • Trabajo aeróbico con modalidad tolerable: caminar por intervalos, bicicleta u otras opciones.
  • Entrenamiento de equilibrio y marcha si existe inseguridad o riesgo de caída.
  • Analgesia individualizada según edad, comorbilidad y riesgo farmacológico.

La fisioterapia puede combinar ejercicio, estrategias de autocontrol y adaptación temporal de tareas. El reposo prolongado favorece desacondicionamiento y no es una estrategia de base.

Infiltraciones y cirugía

Las infiltraciones epidurales pueden considerarse en pacientes seleccionados con dolor radicular o síntomas irritativos, pero su beneficio suele ser limitado en el tiempo y no corrigen la estrechez estructural. Su indicación debe ponderar riesgos y objetivos.

La cirugía descompresiva se plantea cuando la limitación es importante y persiste pese a un manejo razonable, cuando existe déficit neurológico progresivo o cuando los síntomas y la imagen muestran una correlación clara. La fusión no es automática por tener estenosis: se valora en determinados escenarios de inestabilidad, deformidad o espondilolistesis, y añade complejidad y riesgos.

La elección entre descompresión aislada y procedimientos más amplios requiere valorar anatomía, estabilidad, salud ósea, comorbilidades y prioridades del paciente.

Evolución y seguimiento

La evolución es variable. Algunas personas permanecen estables durante años; otras pierden progresivamente tolerancia a la marcha. Para seguir el cuadro resultan útiles medidas sencillas: distancia o tiempo caminando, necesidad de pausas, fuerza, equilibrio, sueño y actividades que la persona desea recuperar.

Una peor imagen en una revisión no obliga por sí sola a operar si la función sigue siendo aceptable. Del mismo modo, un deterioro neurológico nuevo merece reevaluación aunque una resonancia antigua pareciera «moderada».

Signos de alarma

  • Pérdida rápida o progresiva de fuerza en una o ambas piernas.
  • Anestesia en silla de montar.
  • Retención urinaria, incontinencia nueva o pérdida del control intestinal.
  • Dolor intenso asociado a fiebre, infección reciente, cáncer conocido o inmunosupresión.
  • Traumatismo relevante o dolor con sospecha de fractura.

Preguntas frecuentes

¿Una resonancia con estenosis lumbar significa que necesito cirugía?

No. El estrechamiento en imagen es frecuente con la edad y debe concordar con los síntomas y la exploración. La cirugía se valora sobre todo cuando existe limitación importante persistente, déficit neurológico progresivo o una compresión que explica claramente el cuadro.

¿Qué es la claudicación neurógena?

Es un patrón de dolor, pesadez, hormigueo o debilidad en una o ambas piernas que aparece al estar de pie o caminar y suele mejorar al sentarse o flexionar el tronco. No es exclusiva de la estenosis y debe diferenciarse de causas vasculares y de cadera.

¿Se puede mejorar la estenosis lumbar con ejercicio?

El ejercicio no ensancha de forma permanente el canal, pero puede mejorar fuerza, tolerancia a la marcha, equilibrio, capacidad aeróbica y manejo de síntomas. El programa debe adaptarse a la irritabilidad y a las limitaciones de cada persona.

¿Cuándo es urgente consultar por una estenosis lumbar?

La aparición de debilidad rápidamente progresiva, anestesia en silla de montar, pérdida de control de orina o heces, fiebre con dolor intenso o un deterioro neurológico brusco requiere valoración urgente.