Dedos en martillo, garra y mazo
Los dedos en martillo, en garra y en mazo son deformidades de los dedos menores del pie. Pueden producir roce con el calzado, callosidades, dolor plantar y pérdida de apoyo del dedo, pero no representan una sola enfermedad ni se corrigen todos de la misma manera.
La valoración actual se centra en cuatro preguntas: qué articulaciones están deformadas, si la deformidad es flexible o rígida, si la metatarsofalángica es estable y cuál es la causa. Esa distinción evita atribuir todo el dolor a la forma visible del dedo y permite reconocer una lesión de la placa plantar, una sobrecarga metatarsal o una enfermedad neurológica.
Índice de contenidos
- Martillo, garra y mazo: diferencias
- Cómo se produce la deformidad
- Causas y factores asociados
- Flexible frente a rígido
- Síntomas y problemas de apoyo
- Exploración clínica
- Cuándo pedir radiografías o imagen
- Diagnóstico diferencial
- Tratamiento conservador
- Calzado, almohadillas y ortesis
- Cuándo valorar cirugía
- Qué se corrige en cirugía
- Cuándo estudiar causa neurológica
- Evolución y prevención de recurrencia
- Fuentes
- Preguntas frecuentes
Martillo, garra y mazo: describir antes de etiquetar
La terminología histórica no es completamente uniforme. Una revisión de 2025 encontró múltiples definiciones diferentes de dedo en martillo y garra en la literatura y poca estandarización de su evaluación. Por eso es más útil describir qué articulación está en flexión o extensión que confiar únicamente en una etiqueta.
- Dedo en martillo: predomina la flexión de la articulación interfalángica proximal. La metatarsofalángica puede estar neutra o en extensión.
- Dedo en garra: suele combinar hiperextensión metatarsofalángica con flexión de la interfalángica proximal y distal.
- Dedo en mazo: predomina la flexión de la interfalángica distal.

Cómo se produce la deformidad
Los dedos menores dependen del equilibrio entre músculos intrínsecos, tendones flexores y extensores, cápsula, ligamentos y placa plantar. Si ese equilibrio se altera, la metatarsofalángica puede comenzar a extenderse mientras las interfalángicas se flexionan. Con el tiempo aparecen retracciones capsulares y tendinosas y una deformidad inicialmente reducible puede hacerse fija.
La inestabilidad metatarsofalángica merece atención especial. Una lesión de placa plantar puede elevar el dedo, producir desviación transversal y acabar acompañándose de un dedo en martillo o crossover toe. Corregir solo la interfalángica sin valorar la articulación proximal puede dejar el mecanismo principal sin tratar.
Causas y factores asociados
No existe una causa única. Un calzado corto o estrecho puede aumentar presión y síntomas, pero no explica todos los casos. También influyen la arquitectura del antepié, hallux valgus, longitud relativa de metatarsianos, pie cavo, laxitud o inestabilidad de la metatarsofalángica y desequilibrios musculares.
Enfermedades inflamatorias como artritis reumatoide y enfermedades neuromusculares como Charcot-Marie-Tooth pueden producir deformidades múltiples. La diabetes y la neuropatía periférica añaden riesgo porque una deformidad rígida con sensibilidad reducida puede generar callos, úlceras y heridas sin dolor proporcional.
Flexible frente a rígido: una diferencia que cambia el tratamiento
En una deformidad flexible, el dedo puede llevarse pasivamente hacia una alineación cercana a la normal y todavía existe capacidad de apoyo. En una deformidad rígida, las articulaciones y tejidos blandos han desarrollado retracción estructural y la corrección manual es limitada.
También se valora si el dedo toca el suelo, si la metatarsofalángica puede reducirse y si existe subluxación. Esta información es más útil para planificar que medir un único ángulo.
Síntomas: roce dorsal, dolor plantar y pérdida de apoyo
Los síntomas dependen de dónde se concentra la presión. Puede aparecer un callo dorsal sobre la interfalángica proximal, una callosidad en la punta del dedo o dolor bajo la cabeza metatarsiana porque el dedo deja de participar correctamente en el apoyo.

Cuando el problema principal es plantar, conviene diferenciar metatarsalgia, inestabilidad metatarsofalángica, neuroma de Morton, bursitis intermetatarsiana y lesión ósea. La forma del dedo puede ser parte del cuadro y no necesariamente su única causa.
Exploración clínica: mirar el pie en carga
Se observa el pie de pie y durante la marcha, no solo tumbado. Se comprueba qué articulaciones están flexionadas o extendidas, si el dedo toca el suelo, la reducibilidad, los puntos de callosidad y el calzado habitual.
La estabilidad de las articulaciones metatarsofalángicas se explora cuando hay dolor plantar o desviación. También se revisan hallux valgus, arco plantar, movilidad del tobillo, fuerza y sensibilidad. Un examen neurológico es importante cuando el patrón es bilateral, progresivo o afecta a varios dedos.
Cuándo pedir radiografías o pruebas de imagen
Las radiografías en carga ayudan cuando la deformidad es importante, existe dolor metatarsal, se plantea cirugía o hay sospecha de artrosis, subluxación o alteración ósea. Permiten valorar alineación global y deformidades asociadas.
La ecografía o la resonancia no son rutinarias para diagnosticar un simple dedo en martillo. Se reservan para preguntas concretas, como sospecha de lesión de placa plantar, masa, lesión tendinosa o dolor que no se explica por la exploración.
Diagnóstico diferencial y asociaciones que cambian la estrategia
- Lesión de placa plantar e inestabilidad metatarsofalángica.
- Metatarsalgia mecánica.
- Neuroma de Morton o bursitis intermetatarsiana.
- Artrosis o artritis inflamatoria de las articulaciones del dedo.
- Neuropatía periférica y enfermedades neuromusculares.
- Callosidad o úlcera como problema predominante en un pie de riesgo.
El objetivo es identificar la estructura que genera los síntomas y la causa de la deformidad, no operar una radiografía o una apariencia estética.
Tratamiento conservador: aliviar presión y conservar función
El tratamiento inicial se adapta a los síntomas. Una puntera ancha y suficientemente profunda reduce roce dorsal y distal. Se modifican actividades o calzado que comprimen el dedo y se tratan las callosidades sin lesionar la piel.
Los ejercicios de movilidad y fuerza pueden ayudar a conservar capacidad en deformidades flexibles y a trabajar déficits asociados, aunque la evidencia no permite prometer una corrección estructural permanente. Si hay inestabilidad metatarsofalángica, el plan debe incluir estrategias específicas para esa articulación.
Calzado, almohadillas y ortesis
Una revisión de 2024 encontró que las modificaciones de calzado y determinadas ortesis pueden disminuir síntomas y presión plantar en algunos pacientes con deformidades de dedos menores. La respuesta depende del tipo de deformidad y del dispositivo; no todos los separadores o férulas sirven para todos.
Las almohadillas metatarsales se colocan de forma que descarguen y no aumenten la presión sobre la cabeza dolorosa. Una ortesis de silicona puede proteger un punto de roce, pero si ocupa demasiado espacio dentro de un zapato estrecho puede empeorar el problema.
Cuándo valorar cirugía
La cirugía se plantea cuando dolor, roce recurrente, dificultad de calzado o pérdida funcional persisten pese a un tratamiento conservador razonable. La indicación no debería basarse únicamente en el aspecto del dedo.
Antes de operar se define si la deformidad es flexible o rígida y si existe inestabilidad metatarsofalángica. También se valora el estado vascular, sensibilidad, comorbilidades y expectativas. En pies neuropáticos o con riesgo de ulceración la estrategia puede ser diferente.
Qué se corrige en cirugía
Las técnicas pueden actuar sobre tendones y cápsula, sobre la articulación interfalángica mediante artroplastia o artrodesis, o sobre el metatarsiano y la placa plantar si el problema está más proximal. No existe un implante universalmente superior: una revisión sistemática sobre artrodesis de la interfalángica proximal no encontró ventajas clínicas consistentes de dispositivos internos modernos frente a agujas de Kirschner pese a diferencias radiográficas.
La planificación secuencial —desde la metatarsofalángica hacia distal— evita corregir la punta del dedo dejando una articulación proximal inestable.
Cuándo estudiar una causa neurológica
Varios dedos en garra bilaterales, pie cavo, debilidad de musculatura intrínseca o distal, pérdida de sensibilidad, antecedentes familiares o progresión llamativa justifican ampliar el estudio. En Charcot-Marie-Tooth, por ejemplo, el desequilibrio muscular puede producir arco alto y dedos en martillo.
En estas situaciones, tratar el dedo de forma aislada sin comprender el patrón neuromuscular aumenta el riesgo de recurrencia o de una corrección insuficiente.
Evolución y prevención de recurrencia
Una deformidad flexible puede permanecer estable durante años si se controlan presión, calzado y factores asociados; otras progresan hacia rigidez. Después de cirugía, la corrección depende de tejidos, estabilidad proximal, rehabilitación y causa de base. Puede existir recurrencia, rigidez o un dedo que quede elevado.
El mejor objetivo es un dedo funcional, tolerable en el calzado y con distribución de carga aceptable, no una apariencia geométricamente perfecta.
Fuentes y evidencia consultada
Preguntas frecuentes
¿Dedo en martillo, en garra y en mazo son lo mismo?
No. El dedo en martillo se define principalmente por flexión de la interfalángica proximal; el dedo en garra combina hiperextensión metatarsofalángica con flexión de las articulaciones interfalángicas; y el dedo en mazo afecta sobre todo a la interfalángica distal. En la práctica puede haber patrones mixtos y la terminología no siempre se usa de forma uniforme.
¿Un dedo en martillo flexible puede corregirse sin cirugía?
Las medidas conservadoras pueden aliviar presión y dolor y mantener una deformidad flexible más funcional, pero no se debe prometer que reviertan de manera permanente una deformidad estructurada. El calzado amplio, la descarga y las ortesis se individualizan según el patrón y la tolerancia.
¿Cuándo conviene pensar en una causa neurológica?
Cuando hay varios dedos en garra, pie cavo marcado, debilidad, pérdida sensitiva, progresión rápida, afectación bilateral desproporcionada o antecedentes neurológicos. En esos casos hay que estudiar la causa y no tratar únicamente la forma del dedo.
¿La cirugía es la misma para todos los dedos deformados?
No. La técnica depende de qué articulación está deformada, si es flexible o rígida, de la estabilidad metatarsofalángica, la placa plantar, los tendones, la longitud metatarsiana y deformidades asociadas. La corrección debe dirigirse al mecanismo dominante, no solo al aspecto externo.