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Dr. Arturo Mahiques

El dolor postraumático de la mano no es un diagnóstico único. Después de una caída, golpe, aplastamiento, herida, fractura, luxación o cirugía puede persistir dolor por rigidez, sobrecarga de tejidos en recuperación, adherencias, inestabilidad, lesión nerviosa, artrosis postraumática o una combinación de factores.

La tarea clínica es localizar el generador probable y medir la función. Una radiografía antigua, una cicatriz o una frase como “ya está consolidado” no explican por sí solas por qué una persona aún no puede cerrar el puño, hacer pinza o tolerar carga.

Dolor postraumático de la mano tras traumatismo

Evolución: mirar la tendencia, no un calendario rígido

Después de una lesión es normal que la tolerancia a carga tarde más en recuperar que la consolidación radiográfica. El dolor debe interpretarse junto con edema, movilidad, fuerza y función. Una tendencia lenta pero progresiva es diferente de una pérdida de función nueva o de un dolor creciente.

La vuelta a tareas se dosifica. Si una actividad deja un aumento intenso y prolongado de síntomas, la carga puede ser excesiva; si la mano se mantiene siempre protegida y no se expone a tareas, puede perder capacidad.

Causas frecuentes de dolor persistente

  • Rigidez capsular tras inmovilización o lesión articular.
  • Adherencias de tendones flexores o extensores.
  • Mala consolidación, incongruencia articular o inestabilidad.
  • Artrosis postraumática.
  • Lesión de nervio digital, neuroma o cicatriz hipersensible.
  • Edema persistente y sensibilidad de tejidos blandos.
  • Infección o cuerpo extraño, menos frecuentes pero importantes.
  • Síndrome de dolor regional complejo cuando se cumplen criterios clínicos.

Varias causas pueden coexistir, especialmente después de lesiones complejas.

Rigidez y edema: dos fuentes habituales de limitación

La rigidez puede producir dolor por tensión capsular y alterar el patrón de uso de toda la mano. Comparar movilidad activa y pasiva orienta si domina una limitación articular o un problema de deslizamiento tendinoso.

Rigidez de los dedos después de un traumatismo de mano

El edema puede persistir durante meses, pero se evalúa su tendencia y si existe una causa mecánica, inflamatoria o vascular. Compresión, elevación y movimiento pueden utilizarse en escenarios seleccionados, siempre respetando la lesión subyacente.

Dolor nervioso, alodinia y neuromas

Quemazón, descargas, hipersensibilidad o dolor al tocar una cicatriz sugieren un componente neural. El mapa sensitivo ayuda a distinguir un nervio digital de una lesión más proximal. Un Tinel focal sobre una cicatriz puede orientar, pero no es diagnóstico por sí solo.

Dolor nervioso de la mano tras traumatismo

La ecografía de alta resolución puede ayudar a visualizar neuromas y continuidad nerviosa. El tratamiento puede incluir desensibilización, adaptación de uso, fármacos para dolor neuropático en casos seleccionados y cirugía cuando existe una lesión anatómica concordante y limitante.

Exploración clínica orientada a función

La evaluación revisa piel, color y temperatura, edema, cicatrices, movilidad activa y pasiva, fuerza, estabilidad, tendones y sensibilidad. La localización del dolor se relaciona con gestos concretos: pinza, agarre, extensión resistida, apoyo o cierre del puño.

También se pregunta qué tarea sigue siendo imposible. Una diferencia entre “me duele 5/10” y “no puedo manejar una llave” es relevante para fijar objetivos y medir resultados.

Elegir las pruebas por la pregunta clínica

La radiografía es apropiada para revisar consolidación, alineación y artrosis. La TAC define mejor determinadas deformidades o superficies articulares. La ecografía estudia tendones, masas y nervios superficiales de forma dinámica. La RM puede ser útil para cartílago, ligamentos o tejidos profundos cuando la exploración no resuelve la duda.

Los estudios neurofisiológicos se reservan para déficits que sugieren lesión de nervios mayores. Ninguna prueba debe pedirse solo “porque sigue doliendo” sin formular qué información cambiaría el tratamiento.

Rehabilitación orientada a tareas

La revisión sistemática de 2025 sobre disfunción persistente tras trauma encontró que la evidencia de muchas intervenciones sigue siendo limitada y con riesgo de sesgo. Esto refuerza un enfoque individualizado en lugar de vender una técnica universal.

Rehabilitación de la mano tras traumatismo

El programa puede incluir movilidad, ortesis, control de edema, cicatriz, desensibilización, fuerza, destreza y exposición progresiva a tareas. La dosis se ajusta a la respuesta y a la estabilidad del tejido.

Cuándo pensar en síndrome de dolor regional complejo

El SDRC se considera cuando el dolor se acompaña de una combinación de alteraciones sensitivas, cambios de temperatura o color, edema/sudoración y cambios motores o tróficos. Los criterios de Budapest exigen signos observables además de síntomas y que no exista una explicación mejor.

El diagnóstico temprano es útil, pero sobrediagnosticarlo también puede desviar la atención de una lesión nerviosa, infección, rigidez mecánica o inestabilidad que necesitan tratamiento específico.

Cuándo reconsiderar una opción quirúrgica

La cirugía no se indica por dolor persistente sin diagnóstico anatómico. Puede ser razonable si existe mala unión con alteración funcional, inestabilidad, bloqueo, adherencia tendinosa madura, neuroma doloroso o artrosis focal incapacitante y se puede definir un objetivo concreto.

Antes de operar se comprueba qué parte de la limitación es corregible y qué movilidad, fuerza o sensibilidad puede razonablemente recuperarse. La cirugía y la rehabilitación forman un continuo, no alternativas aisladas.

Retorno a actividad y señales de alarma

El retorno laboral o deportivo progresa desde tareas de baja demanda a agarres, impactos o herramientas según tolerancia y seguridad. Una sensibilidad protectora insuficiente exige precaución con calor, cuchillas o maquinaria.

Requieren reevaluación prioritaria: aumento brusco del dolor, mano fría o pálida, pérdida nueva de sensibilidad o movimiento, herida con secreción, fiebre, tumefacción rápidamente progresiva o deformidad después de un nuevo traumatismo.

Por qué el dolor puede persistir aunque el tejido haya cicatrizado

Después de semanas o meses, el dolor puede estar mantenido por una combinación de rigidez, menor tolerancia a carga, sensibilidad neural y cambios en la forma de utilizar la mano. Esto no significa que el dolor sea imaginario ni que todo dependa de “daño activo”. La evaluación intenta separar señales de lesión estructural pendiente de una mano que necesita recuperar capacidad.

El miedo a mover puede aparecer después de una experiencia traumática o de varias reagudizaciones. La respuesta no es forzar sin límites, sino recuperar confianza con exposiciones graduadas y tareas medibles. El sueño deficiente, estrés y baja actividad general pueden amplificar la experiencia dolorosa y se consideran sin utilizar estos factores para invalidar síntomas físicos.

Cuando el patrón cambia o aparece un déficit nuevo, se vuelve a estudiar la anatomía. Una explicación basada en sensibilización no debe utilizarse para pasar por alto una lesión tratable.

Medicamentos: papel limitado y dirigido

Los analgésicos pueden facilitar sueño o participación en rehabilitación, pero no sustituyen el diagnóstico. Los AINE pueden ser útiles cuando existe un componente inflamatorio y no hay contraindicaciones; los fármacos para dolor neuropático se reservan para síntomas compatibles con lesión neural.

Los opioides no constituyen una estrategia de recuperación funcional a largo plazo para la mayoría de los dolores postraumáticos crónicos. Las infiltraciones solo tienen sentido cuando existe una estructura y un objetivo clínico concreto. Repetir procedimientos sin reevaluar la causa puede añadir riesgo sin mejorar capacidad.

Trabajo, sueño y uso de la mano

El retorno laboral puede requerir adaptar temporalmente peso, frecuencia de agarres, vibración, exposición al frío o precisión manual. La adaptación debe revisarse y progresarse; una restricción indefinida puede terminar convirtiéndose en el nuevo nivel de capacidad.

En tareas con riesgo, la sensibilidad y el control son tan importantes como la fuerza. Una mano con hipoestesia no debe exponerse sin protección a calor o herramientas cortantes. Si el dolor altera el sueño, conviene ajustar horarios de carga, posición y tratamiento, porque dormir peor puede reducir la tolerancia al ejercicio al día siguiente.

El objetivo final es recuperar uso espontáneo. Cuando la persona vuelve a incluir la mano en tareas cotidianas sin vigilar cada movimiento, suele ser una señal funcional tan relevante como una mejora en una escala de dolor.

Fuentes y evidencia consultada

Preguntas frecuentes

¿Cuánto tiempo es normal que duela la mano después de un golpe o fractura?

No existe un plazo único. El dolor suele disminuir de forma progresiva, pero puede persistir por rigidez, edema, lesión tendinosa o nerviosa, inestabilidad o cambios articulares. Lo importante es la tendencia y la recuperación de función; un dolor que empeora o deja de evolucionar merece reevaluación.

¿Una resonancia es siempre la mejor prueba si la mano sigue doliendo?

No. La prueba se elige según la sospecha. Radiografía, ecografía, TAC, RM o estudios neurofisiológicos responden preguntas diferentes. Pedir una RM sin una hipótesis puede detectar cambios que no son la causa del dolor.

¿El dolor persistente significa que la lesión no ha curado?

No necesariamente. Los tejidos pueden haber cicatrizado y persistir rigidez, sensibilidad neural, pérdida de fuerza o tolerancia reducida a la carga. También puede existir una lesión no reconocida, por lo que la exploración y la evolución son fundamentales.

¿Todo dolor desproporcionado es SDRC?

No. El síndrome de dolor regional complejo se diagnostica con criterios clínicos específicos y tras descartar explicaciones mejores. Dolor intenso aislado no es suficiente.