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Dr. Arturo Mahiques

Una fase definida por criterios, no por días

La fase inicial comienza después de una lesión, una reagudización o una intervención cuando predominan dolor, derrame, pérdida de movimiento, dificultad para activar el cuádriceps o alteración del apoyo y la marcha. No corresponde a una semana fija. Dos personas en el mismo día desde la lesión pueden necesitar cargas y protecciones diferentes.

Esta guía describe principios generales. Antes de aplicarlos hay que conocer el diagnóstico y, si existe cirugía, las restricciones de apoyo, rango, ortesis y activación muscular. Una reconstrucción del ligamento cruzado anterior, una reparación meniscal, una artroplastia, una fractura, una cirugía de cartílago y una lesión rotuliana no comparten necesariamente la misma progresión.

Objetivos de la fase inicial

Los objetivos habituales son proteger el tejido, controlar síntomas, recuperar la extensión y una flexión útil dentro de los límites permitidos, reactivar el cuádriceps, evitar desacondicionamiento y conseguir una marcha segura. No todos se alcanzan al mismo ritmo ni tienen la misma prioridad en cada diagnóstico.

La valoración registra dolor, temperatura, herida si la hay, derrame, rango activo y pasivo, capacidad de contracción, elevación de la pierna, apoyo y ayudas técnicas. También importa la función: dormir, cambiar de posición, levantarse y desplazarse con seguridad.

Control de dolor e inflamación

El derrame puede limitar la flexión y contribuir a la inhibición muscular artrogénica: una reducción de la activación voluntaria del cuádriceps causada por cambios de señal procedentes de la articulación. No es simplemente falta de esfuerzo. Gestionar inflamación y recuperar activación forma parte del tratamiento.

Se ajustan actividad y carga y pueden utilizarse elevación, compresión o frío si están indicados, protegiendo piel y circulación. La medicación corresponde al profesional responsable. El objetivo no es eliminar toda sensación antes de moverse, sino evitar una respuesta desproporcionada: aumento mantenido del dolor o derrame, pérdida de movimiento o empeoramiento de la marcha indican reducir la dosis y reevaluar.

Protección según diagnóstico o cirugía

En tratamiento conservador, la carga y el movimiento suelen progresar según estabilidad, síntomas y función. Después de cirugía prevalece el protocolo específico: una reparación meniscal puede limitar flexión o apoyo; una cirugía condral puede restringir carga; una fractura depende de consolidación; una artroplastia tiene objetivos y riesgos propios; y una reparación del tendón rotuliano o cuadricipital protege el aparato extensor.

No se debe copiar el protocolo de un LCA a estas situaciones. La ortesis, las muletas y los límites de rango son herramientas de protección, no indicadores de fracaso. Si las instrucciones no están claras, se confirman antes de aumentar carga.

Movilidad: extensión y flexión progresiva

Recuperar la extensión

La extensión es importante para caminar y activar el cuádriceps. Puede trabajarse con la pierna apoyada de modo que la rodilla quede libre y relajada, mediante contracción activa y con movilización profesional cuando proceda. No se coloca peso directo sobre una rodilla dolorosa ni se fuerza si existe un bloqueo, una restricción quirúrgica o una causa mecánica no aclarada.

Flexión dentro de lo permitido

Los deslizamientos de talón y la flexión asistida permiten graduar el rango. Se progresa por calidad y respuesta, no por alcanzar una cifra idéntica. Tras determinadas reparaciones el límite de flexión es deliberado; en otras situaciones recuperar movimiento temprano es prioritario.

Flexión asistida de rodilla mediante deslizamiento del talón

Activación del cuádriceps

Isométricos

Una contracción isométrica busca tensar el cuádriceps y acercar suavemente la parte posterior de la rodilla al apoyo sin moverla. Importan la contracción visible, la respiración y la ausencia de compensaciones. Puede facilitarse con indicaciones táctiles o visuales; la electroestimulación, cuando está indicada y supervisada, puede ser un complemento, no un sustituto del ejercicio.

Elevación de pierna recta

Se incorpora solo si está autorizada y la persona mantiene la extensión durante toda la elevación. Si la rodilla cae, aparece dolor importante o existe una reparación del aparato extensor, se regresa a activación asistida o se espera. La guía de fortalecimiento del cuádriceps desarrolla opciones posteriores sin imponer una rutina universal.

Activación isométrica inicial del cuádriceps

Carga, ayudas y marcha

La prescripción puede variar desde descarga hasta apoyo según tolerancia. Cuando se permiten, muletas o bastón ayudan a respetar el límite y a evitar una marcha muy compensada. La altura, el patrón de uso y el entorno deben ser seguros. Se retiran por criterios de control y autorización, no por calendario.

La progresión observa que el apoyo no aumente de forma mantenida dolor o derrame, que la rodilla no ceda y que el paso sea controlado. Caminar más distancia con cojera no representa necesariamente progreso. En escaleras, superficies irregulares o trabajo físico la demanda es mayor y se introduce después.

Cadera, tobillo y prevención del desacondicionamiento

Si las restricciones lo permiten, se mantienen movilidad de tobillo, circulación, fuerza de cadera y control de tronco. También pueden entrenarse la pierna contraria y el miembro superior para facilitar transferencias y ayudas. El propósito es conservar capacidad general sin desplazar carga indebida hacia la rodilla lesionada.

Las tareas se eligen según contexto: cambiar de postura, levantarse, caminar en casa o volver a una actividad laboral requieren capacidades diferentes. Un programa breve y bien tolerado, repetido con buena técnica, es preferible a acumular ejercicios sin objetivo.

Criterios orientativos para pasar a la fase intermedia

La progresión puede plantearse cuando el dolor está controlado, el derrame disminuye o permanece estable, la extensión evoluciona adecuadamente, existe flexión suficiente para las tareas previstas, el cuádriceps controla la rodilla, la marcha y el apoyo son seguros y la carga no provoca un empeoramiento sostenido. También se valora control neuromuscular en tareas sencillas.

No son reglas absolutas ni sustituyen criterios quirúrgicos. Puede avanzarse en fuerza mientras una limitación de rango sigue tratándose, o mantener protección de carga aunque mejore el dolor. La fase 2 de recuperación intermedia comienza cuando se tolera una participación funcional mayor.

Cuándo reducir carga o solicitar revisión

Reduzca la dosis y revise el plan ante aumento persistente de dolor o derrame, pérdida de extensión, deterioro de la marcha, fallo repetido o incapacidad creciente para activar el cuádriceps. Requieren valoración rápida la fiebre con rodilla muy inflamada, una herida que empeora, dolor o inflamación brusca de pantorrilla, dificultad respiratoria, pie frío o pálido, pérdida neurológica, bloqueo verdadero o dolor intenso inesperado.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto dura la fase inicial?

No tiene una duración universal. Se progresa según diagnóstico, protección necesaria, derrame, movilidad, control del cuádriceps, marcha y respuesta a la carga.

¿Debo conseguir toda la flexión cuanto antes?

No siempre. La flexión se recupera de forma progresiva cuando el diagnóstico y el procedimiento lo permiten; algunas reparaciones o cirugías establecen límites específicos.

¿Puedo apoyar la pierna desde el principio?

Depende de la lesión y del tratamiento. Algunas situaciones permiten carga según tolerancia y otras exigen apoyo parcial o descarga durante un periodo indicado por el equipo tratante.

¿Cuándo puede hacerse una elevación de pierna recta?

Cuando está autorizada y se puede mantener la rodilla extendida sin que caiga durante la elevación. Si hay déficit de control, dolor marcado o una reparación del aparato extensor, debe adaptarse o posponerse.