Síndrome de Sinding-Larsen-Johansson
El síndrome de Sinding-Larsen-Johansson es una causa de dolor en la parte anterior de la rodilla que aparece sobre todo en niños y adolescentes en crecimiento. Afecta a la inserción proximal del tendón rotuliano en el polo inferior de la rótula y se considera una lesión por tracción repetida del aparato extensor sobre un esqueleto todavía inmaduro.
Suele aparecer en jóvenes físicamente activos, especialmente si practican deportes con carrera, salto, cambios de ritmo o aterrizajes repetidos. Aunque comparte localización con la tendinopatía rotuliana o rodilla de saltador, no es exactamente la misma entidad, ya que el contexto de edad y el mecanismo de lesión son diferentes.
Índice de contenidos
Qué es el síndrome de Sinding-Larsen-Johansson
Se trata de una apofisitis o lesión por tracción en la zona donde el tendón rotuliano se inserta en la parte inferior de la rótula. En la práctica, el joven nota dolor justo por debajo de la rótula, sobre todo durante o después del deporte.
Es más frecuente durante fases de crecimiento rápido, cuando el hueso y las inserciones tendinosas todavía están madurando. La carga repetida del salto, la carrera o los gestos explosivos puede irritar esa zona y provocar dolor localizado.
Anatomía y mecanismo de lesión
El tendón rotuliano forma parte del aparato extensor de la rodilla. Une la rótula con la tuberosidad anterior de la tibia y transmite la fuerza del cuádriceps. En el síndrome de Sinding-Larsen-Johansson, la zona que sufre es la inserción proximal del tendón, es decir, el polo inferior de la rótula.
Cuando el joven corre, salta o aterriza repetidamente, el tendón tracciona de forma repetida sobre esa inserción. Si la carga supera la capacidad de adaptación del tejido en crecimiento, aparece dolor y sensibilidad local.
Por eso se considera una lesión emparentada con otras apofisitis de la edad del crecimiento, como la enfermedad de Osgood-Schlatter, aunque en este caso la localización está en la rótula y no en la tuberosidad tibial.
Factores predisponentes
No siempre existe un único desencadenante. Lo habitual es que confluyan varios factores:
- práctica deportiva con saltos, carrera y cambios de dirección;
- aumento rápido de la carga de entrenamiento;
- fase de crecimiento acelerado;
- rigidez de cuádriceps, isquiotibiales o gemelos;
- déficit de control del miembro inferior;
- cambios de carga, fuerza o movilidad que sean relevantes para el patrón concreto del adolescente;
- entrenamiento sobre superficies duras.
En muchos casos el dolor aparece en jóvenes que continúan haciendo deporte a pesar de las molestias, porque al principio el cuadro puede parecer leve o intermitente.
Síntomas
El síntoma principal es el dolor localizado en el polo inferior de la rótula. El niño o adolescente suele señalar un punto bastante concreto en la parte anterior de la rodilla, justo por debajo de la rótula.
- dolor al correr, saltar o aterrizar;
- molestias al subir y bajar escaleras;
- dolor con sentadillas o flexión repetida de rodilla;
- sensibilidad a la palpación del polo inferior rotuliano;
- empeoramiento tras entrenamientos intensos.
A diferencia de otras lesiones más graves de rodilla, no suele haber inestabilidad clara, bloqueo ni un gran derrame articular. El cuadro suele ser más bien mecánico y localizado.
Diagnóstico
El diagnóstico es sobre todo clínico. La edad del paciente, la localización del dolor, la relación con la actividad deportiva y la exploración física suelen orientar bastante bien.
Exploración física
- dolor selectivo a la palpación del polo inferior de la rótula;
- molestias con salto, sentadilla o contracción del aparato extensor;
- rigidez muscular o déficit de flexibilidad;
- fuerza, movilidad y control de tareas funcionales cuando aporten información clínica.
Pruebas de imagen
Las pruebas de imagen no siempre son imprescindibles, pero pueden ser útiles cuando hay dudas diagnósticas o se quiere confirmar la lesión.
- Radiografía: puede mostrar irregularidad o fragmentación en el polo inferior de la rótula.
- Ecografía: puede valorar partes blandas y la inserción tendinosa.
- Resonancia magnética: se reserva para casos dudosos, persistentes o cuando se quiere descartar otra patología.
Cuándo revisar el diagnóstico
El patrón habitual es un dolor gradual y focal en el polo inferior de la rótula durante el crecimiento. Un traumatismo agudo con incapacidad para extender la rodilla, un gran derrame, fiebre, dolor nocturno persistente, bloqueo o síntomas muy alejados de esa localización obligan a valorar otras causas.
En pacientes jóvenes también deben considerarse lesión por avulsión o fractura del polo inferior, lesión osteocondral y otras causas de dolor anterior. La imagen adquiere más importancia cuando la evolución no encaja con una lesión por tracción simple.
La presencia de una irregularidad o fragmentación radiográfica no debe interpretarse fuera del contexto clínico. El objetivo de la imagen es responder una pregunta diagnóstica, no confirmar automáticamente la causa del dolor.
Diagnóstico diferencial
Conviene diferenciar este síndrome de otras causas de dolor anterior de rodilla:
- tendinopatía rotuliana o rodilla de saltador;
- dolor femoropatelar;
- enfermedad de Osgood-Schlatter;
- fracturas o lesiones por avulsión del polo inferior de la rótula;
- plica sinovial;
- inestabilidad rotuliana.
La diferencia con la rodilla de saltador clásica es importante: ambas pueden doler en una zona parecida, pero el síndrome de Sinding-Larsen-Johansson aparece sobre todo en el esqueleto inmaduro, mientras que la tendinopatía rotuliana típica es más propia del deportista esqueléticamente maduro.
Tratamiento
El tratamiento suele ser conservador. El objetivo principal es reducir la irritación de la inserción tendinosa y permitir que el paciente siga evolucionando sin cronificar el dolor.
Medidas iniciales
- reposo relativo y reducción de actividades dolorosas;
- modificación temporal de la carga deportiva;
- hielo local después de la actividad;
- analgésicos o antiinflamatorios si están indicados;
- control de la técnica y del volumen de entrenamiento.
En general no se trata de prohibir toda actividad física, sino de ajustar la carga para que el dolor disminuya y la inserción deje de sufrir una tracción excesiva.
Ajustar carga sin medicalizar el crecimiento
El crecimiento no es una enfermedad y el objetivo no es “proteger” la rodilla de cualquier actividad. Se modifica temporalmente aquello que dispara una reacción clara —por ejemplo, una acumulación de saltos o sprints— y se mantiene el movimiento que sea bien tolerado.
La dosis se revisa según la respuesta durante y después de entrenar. Si el adolescente recupera su nivel basal al día siguiente y mantiene buena función, la carga puede progresar gradualmente. Si aparecen cojera, pérdida de rendimiento o un aumento mantenido del dolor, conviene reducir la exposición y reevaluar.
No existe una técnica de carrera, un ángulo de rodilla o una corrección biomecánica que deba imponerse a todos. Fuerza y movilidad se trabajan porque ayudan a recuperar capacidad, no para perseguir una alineación ideal.
Rehabilitación y vuelta al deporte
La rehabilitación debe orientarse a recuperar la función sin dolor y a corregir los factores que favorecen la sobrecarga. Conviene trabajar no solo la rodilla, sino también la flexibilidad y el control del miembro inferior.
- estiramientos de cuádriceps, isquiotibiales y gemelos;
- fortalecimiento progresivo del aparato extensor;
- trabajo de cadera y control motor;
- mejora de la técnica de salto y aterrizaje;
- retorno progresivo al deporte según síntomas.
La reincorporación a la actividad debe hacerse de forma gradual. Si el paciente vuelve demasiado pronto al mismo nivel de carga, es fácil que el dolor reaparezca.
Pronóstico
El pronóstico suele ser bueno. La mayoría de los pacientes mejora con el tiempo, el ajuste de carga y la rehabilitación. Como ocurre con otras lesiones por tracción del crecimiento, la evolución suele ser favorable si se evita mantener el dolor durante meses sin control.
En algunos casos las molestias pueden prolongarse, especialmente si la exposición deportiva sigue superando de forma mantenida la capacidad de la zona. La evidencia específica para este síndrome es limitada, de modo que es preferible hablar de una evolución generalmente favorable y controlar los casos persistentes en lugar de prometer un plazo fijo o atribuir la recuperación a la corrección de una biomecánica concreta.
Preguntas frecuentes
¿En qué se diferencia Sinding-Larsen-Johansson de Osgood-Schlatter?
Ambas son lesiones por tracción del aparato extensor durante el crecimiento, pero la localización es distinta: Sinding-Larsen-Johansson afecta al polo inferior de la rótula y Osgood-Schlatter a la tuberosidad tibial.
¿Es lo mismo que la rodilla de saltador?
No. Pueden doler cerca del polo inferior de la rótula, pero Sinding-Larsen-Johansson aparece en el esqueleto inmaduro y compromete la zona de inserción en desarrollo. La tendinopatía rotuliana típica se diagnostica sobre todo en deportistas esqueléticamente maduros.
¿Siempre hay que hacer radiografía o resonancia?
No. El diagnóstico suele apoyarse en la edad, la localización del dolor y la exploración. La imagen se reserva para cuadros atípicos, persistentes, traumáticos o cuando hay que diferenciar una lesión de avulsión, una lesión osteocondral u otra causa de dolor anterior.
¿Cuándo puede volver al deporte un adolescente con este síndrome?
No existe un plazo único. La vuelta es progresiva cuando las actividades cotidianas son bien toleradas y correr, saltar, aterrizar y las tareas específicas pueden reintroducirse sin un aumento relevante y mantenido de los síntomas.
Fuentes
- Wilczyński et al. — Sinding-Larsen-Johansson disease: clinical features, imaging and conservative treatments (2024).
- Rathleff et al. — Activity modification and knee strengthening in traction-related adolescent knee pain.
- POSNA — Osgood-Schlatter, differential traction apophysitis of the extensor mechanism.