Síndrome del túnel tarsiano
El síndrome del túnel tarsiano es una neuropatía por compresión o irritación del nervio tibial y/o de sus ramas en la región posteromedial del tobillo y el retropié. Puede producir quemazón, hormigueo, adormecimiento o dolor en la planta del pie, pero no existe un síntoma, una maniobra ni una prueba complementaria que lo confirme de forma aislada.
El reto clínico consiste en demostrar que el patrón encaja con una neuropatía tibial distal, localizar aproximadamente el nivel de afectación y buscar una causa que pueda cambiar el tratamiento. La fascitis plantar, la neuropatía de Baxter, el atrapamiento de ramas calcáneas, una radiculopatía S1 y una polineuropatía pueden producir síntomas parcialmente superpuestos.
Índice de contenidos
- Anatomía y ramas del nervio tibial
- Causas y factores asociados
- Síntomas y patrones clínicos
- Exploración: Tinel y maniobras provocativas
- Cómo se construye el diagnóstico
- EMG y estudios de conducción
- Ecografía, resonancia y radiografías
- Diagnóstico diferencial del dolor plantar
- ¿Túnel proximal o una rama distal?
- Tratamiento conservador
- Rehabilitación y carga
- Infiltraciones y bloqueos
- Cuándo valorar cirugía
- Pronóstico y seguimiento
- Fuentes
- Preguntas frecuentes
Anatomía y ramas del nervio tibial
El túnel tarsiano clásico se sitúa detrás y por debajo del maléolo medial, bajo el retináculo flexor. En este espacio discurren tendones flexores, vasos tibiales posteriores y el nervio tibial. Distalmente el nervio se divide en ramas plantares medial y lateral y emite ramas calcáneas con una anatomía variable.

La variabilidad de la división importa: dos pacientes con una compresión cercana pueden tener territorios sensitivos diferentes. El dolor de talón aislado, por ejemplo, obliga a considerar ramas calcáneas o el nervio de Baxter y no debe etiquetarse automáticamente como “túnel tarsiano”.
Causas y factores asociados
La compresión puede ser extrínseca —calzado, vendajes muy ajustados, edema, cicatriz— o intrínseca, cuando una estructura dentro del túnel reduce el espacio disponible. Entre las causas tratables están gangliones, varicosidades, tenosinovitis, tumores benignos, secuelas de fractura y fibrosis postraumática.

El valgo del retropié o un pie plano pueden modificar la tensión sobre el nervio en determinados pacientes, pero no son una causa demostrada por sí solos. Del mismo modo, diabetes, hipotiroidismo u otras neuropatías pueden aumentar vulnerabilidad neural sin demostrar que el problema esté exactamente en el túnel.
- Lesión ocupante de espacio: ganglión, lipoma, schwannoma u otra masa.
- Varicosidades o alteraciones vasculares locales.
- Tenosinovitis y procesos inflamatorios alrededor de los flexores.
- Secuelas de fractura, esguince, cirugía o cicatriz.
- Edema local o presión externa mantenida.
- Deformidad del retropié cuando existe correlación clínica.
Síntomas y patrones clínicos
El patrón típico combina síntomas neuropáticos plantares —quemazón, parestesias, descarga eléctrica o adormecimiento— que pueden aumentar al caminar, permanecer mucho tiempo de pie o al final del día. Algunas personas refieren síntomas nocturnos; otras solo durante actividades concretas.


La debilidad de musculatura intrínseca o la atrofia son menos frecuentes y sugieren una afectación más avanzada. Cuando aparece debilidad progresiva, el cuadro merece una localización más rápida y no debe manejarse como una simple “sobrecarga del pie”.
Exploración: Tinel y maniobras provocativas
Se exploran el recorrido del nervio tibial, el territorio sensitivo plantar, fuerza de musculatura intrínseca y posibles causas locales. El signo de Tinel puede reproducir parestesias distales al percutir sobre el nervio, pero su ausencia no excluye la neuropatía y su presencia no demuestra por sí sola que ese sea el origen de todos los síntomas.

Las maniobras de dorsiflexión-eversión o de compresión mantenida pueden aumentar tensión o presión en la región y aportar información si reproducen el patrón habitual. Se interpreta el conjunto, no un test aislado. También se examinan columna lumbar, reflejos, fuerza proximal y pulsos cuando el diagnóstico diferencial lo requiere.
Cómo se construye el diagnóstico
No existe un estándar diagnóstico único aceptado. Una evaluación de calidad combina: distribución de síntomas, exploración neurológica, factores desencadenantes, búsqueda de una causa local y pruebas complementarias seleccionadas cuando pueden aclarar el nivel o modificar el tratamiento.
| Pregunta | Herramienta que puede aportar información |
|---|---|
| ¿El patrón parece neuropático y tibial distal? | Historia y exploración clínica. |
| ¿Hay una neuropatía objetivable o un origen más proximal? | Conducción nerviosa y EMG. |
| ¿Existe una masa, varicosidad, tenosinovitis o cambio del nervio? | Ecografía dirigida y/o RM. |
| ¿Hay secuela ósea, artrosis o deformidad relevante? | Radiografía o TC según la pregunta. |
EMG y estudios de conducción: útiles, pero no perfectos
Los estudios electrodiagnósticos pueden demostrar alteración de ramas plantares, cuantificar daño axonal y ayudar a diferenciar túnel tarsiano de radiculopatía, plexopatía o polineuropatía. Sin embargo, las respuestas plantares son pequeñas, presentan variabilidad y pueden ser técnicamente difíciles.
Por ello, un estudio normal no descarta por sí solo un síndrome clínicamente plausible. Tampoco conviene interpretar una anomalía leve sin comprobar que encaja con los síntomas y la exploración. Cuando el resultado y la clínica discrepan, la ecografía del nervio puede aportar información anatómica adicional.

Ecografía, resonancia y radiografías
La ecografía de alta resolución permite seguir el nervio, comparar calibre proximal y dentro del túnel y buscar gangliones, varicosidades o tenosinovitis. Un estudio de 2026 en pacientes con diagnóstico clínico y electrofisiológico encontró una sensibilidad moderada, lo que refuerza su utilidad como herramienta complementaria y también su limitación: una ecografía negativa no excluye el síndrome.

La RM es útil cuando interesa valorar una masa profunda, músculos con denervación, fibrosis o estructuras vecinas. Radiografía y TC se reservan para preguntas óseas. Pedir todas las pruebas a todos los pacientes no mejora necesariamente la precisión; lo importante es que cada prueba responda a una duda concreta.
Diagnóstico diferencial del dolor plantar
- Fascitis/fasciopatía plantar: suele predominar dolor mecánico medial del talón, especialmente con primeros pasos, sin un territorio neurológico claro.
- Neuropatía de Baxter: puede producir dolor plantar-medial de talón y coexistir con fasciopatía.
- Atrapamiento de ramas calcáneas mediales: dolor más focal del talón medial.
- Radiculopatía S1: se buscan síntomas proximales, reflejos y distribución que excede el pie.
- Polineuropatía: suele ser bilateral o de distribución más extensa.
- Fractura por estrés de calcáneo, almohadilla grasa, artritis o patología vascular.
¿Túnel proximal o una rama distal?
El término “túnel tarsiano” se ha utilizado históricamente de manera amplia. En la práctica es mejor intentar localizar si el problema afecta al tronco tibial bajo el retináculo o a una rama distal. Esto explica por qué una persona puede tener dolor focal en talón, otra parestesias en el arco y otra síntomas hacia varios dedos.

Esta localización también evita cirugías demasiado extensas cuando el cuadro se concentra en una rama, o descompresiones demasiado limitadas si existe una compresión proximal claramente documentada.
Tratamiento conservador dirigido a la causa
Cuando no existe déficit progresivo ni una masa que requiera tratamiento específico, suele iniciarse un manejo conservador. El objetivo no es “estirar el nervio” de forma agresiva, sino reducir el factor que lo irrita y mantener función.
- Modificar temporalmente actividades que reproducen parestesias intensas.
- Revisar calzado, vendajes, ortesis o presión directa sobre la zona.
- Tratar tenosinovitis, edema o enfermedad sistémica cuando forman parte del problema.
- Usar una ortesis solo si una alteración de apoyo parece clínicamente relevante; no por la mera presencia de pie plano.
- Analgesia o medicación para dolor neuropático según valoración médica y perfil del paciente.

Rehabilitación, movilidad neural y progresión de carga
La rehabilitación se adapta al desencadenante. Si predominan síntomas con carga prolongada, se regula volumen de marcha o carrera y se reconstruye tolerancia progresivamente. Si existe debilidad, se trabaja fuerza de tobillo y pie sin provocar parestesias sostenidas.
Las técnicas de movilidad neural pueden utilizarse de forma suave en algunos casos, pero no deben generar una irritación intensa ni se consideran un método capaz de “despegar” una compresión estructural. La mejoría se mide por territorio sensitivo, intensidad y duración de síntomas, tolerancia a caminar y función, no solo por dolor a la palpación.
Infiltraciones y bloqueos: qué pueden y qué no pueden demostrar
Una infiltración perineural o alrededor de una causa inflamatoria puede utilizarse en casos seleccionados con finalidad terapéutica o como apoyo de localización. Debe realizarse evitando inyección intraneural y valorando riesgos individuales.
Una mejoría transitoria tras anestésico local no demuestra de forma absoluta que todo el dolor provenga de ese nervio, y la ausencia de respuesta tampoco excluye la neuropatía si la distribución del fármaco o el nivel elegido no fueron adecuados. La evidencia para protocolos de infiltración es limitada.
Cuándo valorar cirugía
La descompresión es más razonable cuando existe una lesión ocupante de espacio, una causa anatómica corregible, déficit motor progresivo o síntomas persistentes y bien localizados pese a un tratamiento conservador adecuado. La operación puede requerir liberar el túnel y, según el caso, segmentos distales alrededor de las ramas.
Los resultados publicados son variables y no deben presentarse como garantía. En cuadros idiopáticos mal localizados la incertidumbre es mayor. Antes de operar conviene comprobar que no se está tratando como túnel tarsiano una radiculopatía, una polineuropatía o una causa mecánica de talalgia.
Pronóstico y seguimiento
La evolución depende de la causa y del grado de lesión neural. Una irritación por presión externa puede mejorar relativamente rápido al eliminarla; una neuropatía con pérdida axonal y atrofia requiere más tiempo y puede no recuperar completamente.
Durante el seguimiento interesa registrar territorio de parestesias, sensibilidad, fuerza intrínseca, tolerancia a bipedestación/marcha y posible progresión. El empeoramiento neurológico objetivo cambia la prioridad de la reevaluación.
Fuentes y evidencia consultada
Preguntas frecuentes
¿Un electromiograma normal descarta el síndrome del túnel tarsiano?
No. Los estudios electrodiagnósticos pueden apoyar el diagnóstico, localizar una neuropatía y detectar problemas proximales o una polineuropatía, pero su sensibilidad es imperfecta y la técnica en las ramas plantares es exigente. El resultado debe interpretarse junto con la historia, la exploración y, cuando procede, la imagen.
¿La ecografía confirma por sí sola un túnel tarsiano?
No. Puede mostrar aumento de calibre del nervio, cambios focales o causas como gangliones, varicosidades y tenosinovitis, pero una ecografía normal no excluye el cuadro. Es especialmente útil cuando responde a una pregunta anatómica concreta.
¿El pie plano causa siempre síndrome del túnel tarsiano?
No. La alineación del retropié puede modificar tensión y espacio alrededor del nervio en algunas personas, pero el pie plano es frecuente y no demuestra por sí solo una neuropatía. Debe existir correlación clínica.
¿Cuándo se valora una descompresión quirúrgica?
Se considera sobre todo cuando existe una causa compresiva corregible, déficit neurológico progresivo o síntomas persistentes bien localizados pese a un manejo conservador razonable. El resultado es menos predecible cuando no puede identificarse con claridad el nivel o la causa del atrapamiento.