Bursitis infrarrotuliana
El término bursitis infrarrotuliana engloba la irritación de bursas situadas por debajo de la rótula y alrededor del tendón rotuliano. Conviene distinguir la bursa superficial de la profunda, porque una tumefacción delante de la tuberosidad tibial no es lo mismo que una colección profunda detrás del tendón.
El dolor anterior inferior de rodilla tiene además varios imitadores frecuentes: tendinopatía rotuliana, irritación de la grasa de Hoffa, enfermedad de Osgood-Schlatter en adolescentes, lesión ósea y dolor femoropatelar. Diagnosticar por localización aproximada sin correlacionar estructuras puede conducir a tratamientos poco específicos.
Índice de contenidos
Dos bursas infrarrotulianas diferentes
La bursa infrarrotuliana superficial se encuentra entre la piel y la región de la tuberosidad tibial. Puede irritarse por presión o traumatismo directo. La bursa infrarrotuliana profunda se sitúa entre la parte distal del tendón rotuliano y la tibia proximal y participa en el deslizamiento del aparato extensor.

La presencia de líquido en una bursa profunda puede acompañar otros problemas del aparato extensor. Por eso la imagen se interpreta junto con síntomas y exploración, no como un diagnóstico independiente.
Mecanismos y carga: más de una causa posible
La irritación superficial se relaciona especialmente con apoyo repetido o contacto directo por debajo de la rótula. La bursa profunda puede irritarse en contextos de sobrecarga del aparato extensor, aunque la evidencia específica es más limitada que para otras bursas de la rodilla.
En deportistas, un aumento brusco de saltos, carrera, cambios de dirección o volumen de entrenamiento puede coincidir con dolor en la región. Eso no demuestra que la bursa sea la única fuente, por lo que conviene valorar también el tendón rotuliano y la articulación.
Síntomas: dolor debajo de la rótula
La bursa superficial puede producir aumento de volumen palpable sobre la tuberosidad tibial y dolor al arrodillarse. La profunda puede dar dolor más localizado detrás o a los lados del tendón rotuliano, a veces con flexión profunda o cargas repetidas.
El patrón por sí solo no diferencia todas las causas. Dolor durante saltos y aterrizajes puede corresponder a tendinopatía rotuliana; dolor en un adolescente sobre una tuberosidad tibial prominente puede encajar mejor con Osgood-Schlatter; y dolor anterior con extensión terminal puede implicar la grasa infrapatelar.
Exploración clínica
Se localiza el máximo dolor y se comprueba si existe una colección superficial, dolor sobre el tendón rotuliano, sensibilidad en la tuberosidad tibial o síntomas más profundos. La evaluación incluye rango de movimiento, sentadilla, escalón, salto o tareas específicas según la edad y la actividad.
También se revisa el aparato extensor. Tras un traumatismo, una incapacidad para realizar extensión activa o elevación de la pierna extendida exige descartar una rotura tendinosa o fractura, y no debe atribuirse a una simple bursitis.
Diagnóstico diferencial del dolor infrarrotuliano
| Posibilidad | Pistas |
|---|---|
| Tendinopatía rotuliana | Dolor relacionado con carga en el tendón, frecuente en saltos; no requiere una bursa distendida. |
| Osgood-Schlatter | Adolescente en crecimiento, dolor y prominencia de tuberosidad tibial. |
| Grasa de Hoffa | Dolor anterior profundo cercano al tendón, a menudo sensible a extensión o pinzamiento. |
| Dolor femoropatelar | Dolor perirrotuliano con tareas de flexión cargada, no necesariamente localizado en una bursa. |
| Lesión traumática | Golpe, caída, hematoma, lesión ósea o del aparato extensor. |
Ecografía y resonancia: responder a una duda
La ecografía permite diferenciar una colección superficial de una profunda, estudiar el tendón rotuliano y guiar un procedimiento cuando está indicado. Su utilidad depende de la experiencia y de una pregunta clínica concreta.
La resonancia ofrece mejor evaluación global cuando se sospecha una lesión intraarticular, grasa de Hoffa, edema óseo, masa o patología compleja. En dolor crónico, la estrategia de imagen debe seguir el contexto general de la rodilla; no es necesario pedir una RM solo para confirmar una bursitis evidente.
Edad y contexto cambian la interpretación
En un adulto, una colección infrarrotuliana profunda puede aparecer junto a sobrecarga del aparato extensor, artrosis o cambios del tendón. En un adolescente, en cambio, el dolor sobre la tuberosidad tibial obliga a pensar primero en problemas propios del crecimiento, especialmente Osgood-Schlatter. Utilizar la misma etiqueta y el mismo tratamiento en ambos escenarios sería un error.
Después de una caída sobre la zona anterior, la prioridad es diferente: se valoran hematoma, lesión cutánea, fractura y continuidad del aparato extensor. Si existe una herida sobre una bursa superficial, también aumenta la importancia de vigilar infección. El mecanismo de inicio ayuda a decidir qué pruebas son necesarias.
En pacientes operados de rodilla, una nueva tumefacción anterior debe interpretarse en el contexto de la cirugía. No toda colección posquirúrgica es una bursitis primaria y puede ser necesario descartar seroma, hematoma, infección u otras complicaciones.
Tres escenarios clínicos frecuentes
Dolor durante saltos sin tumefacción
Si el dolor se concentra en el polo inferior de la rótula o el tendón y aumenta con saltos, aterrizajes y cargas rápidas, una tendinopatía rotuliana puede ser más probable que una bursitis aislada. El manejo de carga y la progresión de fuerza siguen siendo útiles, pero el diagnóstico cambia el pronóstico y la dosificación.
Bolsa superficial tras trabajar de rodillas
Una tumefacción blanda directamente sobre la tuberosidad tibial después de presión repetida orienta más a la bursa superficial. En este caso la protección frente al apoyo directo puede ser más importante que modificar todas las actividades deportivas.
Dolor profundo con imagen de líquido
Una pequeña cantidad de líquido en la bursa profunda puede ser un hallazgo acompañante. Antes de infiltrar o aspirar conviene comprobar que la localización, la exploración y la respuesta a carga son concordantes y que no existe una fuente principal distinta.
Tratamiento: reducir la irritación sin desentrenar toda la rodilla
La primera línea suele ser conservadora: identificar la presión o carga que desencadena síntomas, modificarla temporalmente y mantener el resto de actividad tolerable. En una bursa superficial puede bastar con evitar arrodillarse sobre superficies duras y utilizar protección local.
Si el problema aparece con deporte, se ajustan volumen e intensidad y se trabaja la capacidad del aparato extensor. El reposo absoluto prolongado puede reducir fuerza y no resuelve la causa de carga al volver a entrenar.
Analgesia o antiinflamatorios pueden utilizarse si son apropiados, considerando antecedentes y contraindicaciones. No sustituyen la modificación de la exposición que mantiene irritada la zona.
Aspiración e infiltración
Una bursa superficial muy tensa o un diagnóstico incierto puede plantear aspiración; no es un procedimiento rutinario. En la bursa profunda, una técnica guiada por imagen puede mejorar la precisión cuando se considera una infiltración, pero la evidencia específica es limitada.
Antes de cualquier corticoide debe descartarse infección y confirmar que la bursa es una diana razonable. La proximidad del tendón rotuliano obliga además a evitar inyecciones intratendinosas.
Rehabilitación: recuperar tolerancia a carga
Una progresión útil empieza con tareas que no aumentan de forma significativa el dolor ni generan una respuesta mantenida después. Se recupera movilidad y se fortalece de manera gradual cuádriceps, musculatura de cadera y pantorrilla según la demanda funcional.
- Isométricos o ejercicios de baja carga si las tareas dinámicas irritan demasiado.
- Sentadilla y escalón en rangos tolerables.
- Progresión de carga del aparato extensor.
- Saltos, carrera y cambios de dirección solo cuando la fase previa se tolera.
No existe un número de repeticiones universal para una “bursitis”. La dosis depende del tejido implicado, irritabilidad, nivel previo y objetivo.
Retorno al deporte
Se progresa por función: movilidad suficiente, fuerza cercana al nivel necesario, tareas específicas toleradas y ausencia de aumento relevante de síntomas al día siguiente. Una pequeña imagen residual no obliga por sí sola a mantener restricciones si el deportista está funcionalmente recuperado.
Cuándo revisar el diagnóstico
Fiebre, eritema intenso, herida, masa sólida, dolor nocturno progresivo, traumatismo importante o incapacidad del aparato extensor no encajan con una bursitis mecánica simple. También merece reevaluación un dolor que persiste pese a gestionar adecuadamente la carga, porque puede existir otra fuente anterior de rodilla.
Fuentes y evidencia consultada
Preguntas frecuentes
¿Hay una sola bursa infrarrotuliana?
No. Se describen una bursa infrarrotuliana superficial, situada entre piel y tuberosidad tibial, y una bursa infrarrotuliana profunda, entre el tendón rotuliano y la tibia proximal. La localización exacta cambia el diagnóstico diferencial.
¿La bursitis infrarrotuliana es lo mismo que tendinitis rotuliana?
No. El tendón rotuliano y las bursas están próximos, por lo que los síntomas pueden parecerse, pero son estructuras distintas. La exploración y, cuando hace falta, la ecografía o RM ayudan a diferenciarlas.
¿Siempre hay que hacer una ecografía?
No. Puede ser útil si la localización es dudosa, hay una masa, se sospechan varias estructuras o el resultado va a cambiar el manejo. Una presentación clínica clara puede no requerir imagen.
¿Se puede seguir entrenando con bursitis infrarrotuliana?
A menudo se mantiene actividad que no aumente claramente los síntomas y se reduce de forma temporal la carga provocadora. La progresión depende de dolor, función y respuesta de la rodilla, no de un calendario fijo.