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Dr. Arturo Mahiques

La bursitis prerrotuliana es la distensión o inflamación de la bursa situada entre la piel y la cara anterior de la rótula. Puede producir una tumefacción muy visible incluso cuando la articulación de la rodilla está estructuralmente intacta. Es clásica en personas que pasan tiempo arrodilladas, pero también aparece después de un golpe, una herida o una infección.

La decisión más importante no es medir cuánto líquido hay, sino diferenciar una forma mecánica o hemorrágica de una bursitis séptica. Una infección superficial delante de la rótula requiere un manejo distinto y no debe tratarse como una simple sobrecarga.

Anatomía: una bursa muy superficial

La bursa prerrotuliana se encuentra inmediatamente por delante de la rótula. Su posición superficial la expone a la presión directa y a pequeñas lesiones cutáneas. Cuando se llena de líquido puede adoptar el aspecto de una bolsa blanda sobre la rótula, a diferencia de un derrame articular que distiende la cápsula de la rodilla.

Bursa prerrotuliana situada delante de la rótula
La bursa prerrotuliana está entre piel y rótula; su localización explica la relación con el apoyo repetido de rodillas.

La bursa no es el cartílago de la rótula ni forma parte del tendón rotuliano. Esta distinción evita interpretar una bursitis como “desgaste” articular o como una lesión del tendón.

Causas y factores de riesgo

El apoyo repetido sobre superficies duras es un mecanismo frecuente y explica los términos históricos asociados a determinadas profesiones. También puede aparecer después de un traumatismo directo, con líquido inflamatorio o sangre dentro de la bursa.

  • Trabajo prolongado de rodillas sin protección.
  • Deportes o tareas con contactos repetidos sobre la cara anterior.
  • Golpe directo o caída.
  • Herida, punción o erosión cutánea que facilita infección.
  • Enfermedades inflamatorias o depósito de cristales en algunos pacientes.
  • Inmunosupresión, diabetes u otros factores que pueden aumentar la gravedad de una infección.

Síntomas: tumefacción delante de la rótula

La forma aséptica suele causar una tumefacción localizada y molestias al arrodillarse. La flexión puede molestar por compresión de la bursa, pero muchas personas conservan bastante movilidad. Una gran pérdida de movimiento o dolor profundo dentro de la articulación obliga a considerar otros diagnósticos.

La piel puede estar normal o ligeramente irritada. Si el volumen aparece bruscamente tras un golpe puede existir componente hemorrágico. El aspecto externo no permite siempre distinguir con seguridad una bursitis estéril de una infectada.

Bursitis prerrotuliana séptica

La infección es especialmente relevante en bursas superficiales. Suele producir dolor, calor, eritema y aumento progresivo del volumen; puede acompañarse de fiebre o celulitis, aunque la ausencia de fiebre no la excluye. Una pequeña herida puede ser la puerta de entrada.

Las recomendaciones francesas publicadas en 2024 proponen valorar de forma estructurada clínica, analítica, imagen cuando corresponda y gravedad para decidir manejo ambulatorio u hospitalario. La literatura continúa mostrando variabilidad en las estrategias, por lo que no debe presentarse un único protocolo de antibiótico o duración como universal.

Una sospecha de infección no es una situación apropiada para una infiltración con corticoide. Si además hay dolor intraarticular intenso y gran limitación, debe descartarse artritis séptica.

Exploración: bursa, piel y articulación

Se inspecciona la piel, buscando abrasiones, heridas o celulitis, y se palpa la colección para definir su extensión y consistencia. Se compara la temperatura con la rodilla contralateral y se evalúa el movimiento activo y pasivo.

También se buscan derrame intraarticular, dolor femoropatelar, lesión del aparato extensor y signos de traumatismo. La capacidad para elevar la pierna extendida ayuda a valorar la continuidad funcional del cuádriceps y el tendón rotuliano si hubo golpe importante.

Pruebas e imagen: no siempre son necesarias

En una presentación típica, la exploración puede ser suficiente. La radiografía se reserva para traumatismo, sospecha de cuerpo extraño, enfermedad ósea o dolor crónico con otras posibilidades. La ecografía confirma una colección superficial y puede guiar una punción si está indicada.

La resonancia no es una prueba rutinaria para una bursitis prerrotuliana evidente. Puede ser útil si hay una masa atípica, sospecha de extensión profunda, lesión asociada o diagnóstico incierto. La cantidad de líquido en una imagen no determina por sí sola la intensidad del dolor ni la necesidad de cirugía.

Diagnóstico diferencial

  • Derrame intraarticular.
  • Hematoma subcutáneo tras traumatismo.
  • Lesión del tendón cuadricipital o rotuliano.
  • Dolor femoropatelar o artrosis.
  • Celulitis sin bursitis.
  • Artritis por cristales o infección intraarticular.
  • Masas superficiales poco frecuentes.

Si la tumefacción no está centrada sobre la rótula o tiene consistencia sólida, crecimiento progresivo o características atípicas, conviene reconsiderar la etiqueta de bursitis.

Tratamiento conservador de la bursitis aséptica

La mayoría de las formas mecánicas se manejan inicialmente sin cirugía. El elemento más específico es retirar temporalmente la presión que mantiene irritada la bursa. Eso no significa inmovilizar toda la rodilla ni abandonar toda actividad física.

  • Evitar o reducir el apoyo directo sobre la rótula.
  • Utilizar acolchado o rodilleras cuando la actividad lo requiera.
  • Mantener movimiento y carga general dentro de la tolerancia.
  • Aplicar medidas analgésicas o antiinflamatorias si son adecuadas para el paciente.
  • Revisar el diagnóstico si la bursa crece, recurre o se vuelve caliente y roja.

Aspiración e infiltración: procedimientos seleccionados

La aspiración tiene más sentido cuando existe una pregunta concreta: sospecha de infección o cristales, una colección muy tensa o necesidad de caracterizar el contenido. No se recomienda vaciar por rutina toda bursa visible, porque puede recidivar y la punción también puede introducir infección.

La infiltración con corticoide no es necesaria en la mayoría de los episodios y nunca debe hacerse si no se ha descartado razonablemente infección. Si se considera, conviene explicar beneficios esperados, riesgos cutáneos y posibilidad de recurrencia.

Antibióticos, drenaje y cirugía

La bursitis séptica necesita tratamiento antibiótico dirigido al contexto clínico y, cuando se obtiene, al resultado microbiológico. La revisión sistemática de 2022 confirma que existe heterogeneidad en duración y en indicaciones quirúrgicas; no respalda una cirugía inmediata para todos los casos.

Drenaje, incisión o bursectomía se reservan para infección complicada o refractaria, bursitis crónica/recurrente incapacitante y otras situaciones seleccionadas. En enfermedad no infectada persistente, la decisión quirúrgica debe ponderar síntomas, exposición profesional, recurrencias y riesgos de la herida anterior.

Rehabilitación: recuperar función sin volver a irritar la bursa

Cuando el dolor disminuye se recupera progresivamente flexión, extensión y fuerza. Si la rodilla estuvo protegida durante días o semanas, puede existir debilidad secundaria que merece trabajo de cuádriceps, cadera y pantorrilla.

El retorno a tareas de suelo se hace escalonando tiempo de apoyo y utilizando protección. La ausencia total de líquido no es un requisito universal si la persona está asintomática y la función se ha recuperado.

Prevención y exposición laboral

En trabajos que obligan a arrodillarse, el objetivo no es prometer que una rodillera eliminará todo riesgo, sino reducir presión acumulada y permitir cambios de postura. Acolchado adecuado, pausas, superficies menos rígidas y alternancia de tareas pueden disminuir la irritación.

Si existen episodios repetidos sin una exposición clara, conviene revisar otras causas como cristales, inflamación sistémica o infección recurrente.

Cuándo consultar con prioridad

Calor intenso, enrojecimiento que se extiende, herida, pus, fiebre o deterioro general justifican valoración rápida. También deben revisarse una bursa que aparece tras un traumatismo importante, una masa dura o progresiva y cualquier cuadro acompañado de incapacidad marcada para mover la rodilla.

Fuentes y evidencia consultada

Preguntas frecuentes

¿La bursitis prerrotuliana siempre se debe a trabajar de rodillas?

No. El apoyo repetido es un factor clásico, pero también puede aparecer tras un golpe directo, una herida, infección, enfermedades inflamatorias o depósito de cristales. La historia clínica ayuda a distinguir estos escenarios.

¿Cómo se diferencia una bursitis prerrotuliana infectada?

El enrojecimiento, calor, dolor creciente, herida y síntomas generales aumentan la sospecha, pero ningún signo aislado es definitivo. En casos dudosos puede ser necesario analizar el líquido bursal y realizar pruebas complementarias.

¿Hay que vaciar siempre una bursitis prerrotuliana?

No. Muchas bursitis asépticas mejoran con protección frente a la presión y tratamiento conservador. La aspiración se reserva para objetivos diagnósticos o terapéuticos concretos y debe valorarse frente a sus riesgos.

¿Puede volver a aparecer después de mejorar?

Sí, sobre todo si persiste la presión repetida o existe una causa subyacente. La prevención incluye modificar temporalmente la exposición, usar protección cuando sea necesaria y tratar los factores asociados.