Fractura por estrés de cadera
La fractura por estrés de cadera es una lesión ósea producida por la repetición de cargas que superan la capacidad de adaptación del hueso. Es una causa importante de dolor inguinal o de cadera en deportistas, corredores y personas con fragilidad ósea.
Índice de contenidos
Qué es una fractura por estrés de cadera
La fractura por estrés de cadera es una lesión ósea producida por la repetición de cargas que superan la capacidad de adaptación del hueso. No suele aparecer tras un traumatismo único importante, sino por acumulación de microdaños durante semanas.
En esta región, la localización más vigilada es el cuello femoral, porque algunas fracturas de estrés pueden progresar y desplazarse si no se diagnostican a tiempo. También pueden aparecer en la rama púbica, el acetábulo o la región trocantérea, aunque el comportamiento clínico no siempre es el mismo.
Es una lesión típica de corredores, militares, bailarines y deportistas con cargas repetidas, pero también puede aparecer en personas con fragilidad ósea, déficit nutricionales o alteraciones hormonales.
Tipos de fractura por estrés
Fractura de fatiga
Ocurre cuando un hueso normal se somete a cargas repetidas e intensas, por ejemplo al aumentar de golpe el entrenamiento, correr largas distancias o cambiar la superficie de ejercicio.
Fractura por insuficiencia
Se produce cuando la carga habitual actúa sobre un hueso debilitado, por ejemplo en casos de osteoporosis, osteopenia, déficit de vitamina D, alteraciones hormonales o tratamientos que afectan a la calidad ósea.
Según la localización y el riesgo
No todas las fracturas por estrés de cadera tienen la misma importancia. Las del cuello femoral, sobre todo en determinadas zonas, exigen una valoración más cuidadosa por el riesgo de progresión, desplazamiento o complicaciones mecánicas.
Localizaciones más frecuentes
Cuello femoral
Es la localización más relevante clínicamente. Puede producir dolor inguinal o anterior de cadera, empeorar con la carga y confundirse al principio con una tendinopatía o una sobrecarga muscular.
Ramas púbicas
Pueden dar dolor inguinal, pubiano o proximal del muslo, sobre todo en corredores y deportistas con carga repetida.
Acetábulo y pelvis
Son menos frecuentes, pero deben considerarse cuando hay dolor persistente de cadera o pelvis sin explicación clara y con radiografías iniciales normales.
Región trocantérea o proximal del fémur
Es una localización menos habitual, aunque posible en contextos de sobrecarga o fragilidad ósea.
Causas y factores de riesgo
Sobrecarga mecánica
- Aumento brusco del volumen o intensidad de entrenamiento.
- Cambios de superficie o calzado.
- Carrera repetida, saltos o marchas prolongadas.
- Falta de recuperación entre sesiones.
Factores biológicos
- Osteopenia u osteoporosis.
- Déficit de vitamina D o calcio.
- Trastornos menstruales o baja disponibilidad energética.
- Pérdida de peso excesiva o alimentación insuficiente.
- Tratamientos prolongados con corticoides.
Factores biomecánicos
- Alteraciones de la marcha.
- Dismetrías o desequilibrios musculares.
- Déficit de control lumbopélvico.
- Alteraciones del apoyo plantar o de la cadena cinética.
Síntomas
- Dolor progresivo en ingle, cadera o muslo proximal.
- Empeoramiento con carrera, salto o marcha prolongada.
- Mejoría relativa con el reposo al inicio.
- Dolor al apoyo monopodal o al cargar peso.
- En fases más avanzadas, dolor incluso al caminar o en reposo.
Al principio puede parecer una sobrecarga muscular, una tendinopatía del iliopsoas, una pubalgia o un dolor inespecífico de cadera. Precisamente por eso conviene sospecharla cuando el dolor persiste y no encaja bien con una lesión muscular simple.
Signos de alarma
- Dolor inguinal o de cadera que aumenta claramente con la carga y no mejora.
- Dolor al caminar o cojera progresiva.
- Dolor nocturno o en reposo en fases avanzadas.
- Imposibilidad para correr o apoyar con normalidad.
- Antecedentes de sobreentrenamiento, amenorrea, osteoporosis o déficit nutricional.
En un deportista o persona activa con dolor inguinal persistente, una radiografía normal inicial no descarta una fractura por estrés.
Diagnóstico
El diagnóstico combina la historia clínica, la exploración y las pruebas de imagen. Es importante preguntar por cambios recientes en la carga de entrenamiento, antecedentes de dolor progresivo, limitación funcional y factores de riesgo óseo o metabólico.
- Dolor con la carga o con el apoyo monopodal.
- Dolor inguinal o femoral proximal sin traumatismo importante.
- Limitación funcional que no mejora como una sobrecarga simple.
- Contexto de fragilidad ósea o de sobreuso deportivo.
Pruebas de imagen
Radiografía
Suele ser la primera prueba, pero puede ser normal en fases iniciales. Por eso, si la sospecha clínica es alta, no debe descartarse la lesión solo por una radiografía sin hallazgos.
Resonancia magnética
Es la prueba más útil cuando la radiografía no aclara el cuadro. Permite detectar edema óseo, línea de fractura y extensión de la lesión antes de que existan cambios claros en la radiografía.
Tomografía computarizada
Puede ser útil en algunos casos para valorar mejor la cortical o definir patrones concretos, pero la resonancia suele ser más sensible en fases tempranas.
Gammagrafía ósea
Hoy se usa menos que antes, pero puede detectar actividad ósea aumentada cuando no se dispone de resonancia.
Tratamiento
Descarga y modificación de actividad
La base del tratamiento es suspender la actividad que ha provocado la lesión y proteger la carga según la localización y la gravedad. Algunas fracturas permiten manejo conservador con descarga parcial o progresiva, pero otras exigen una vigilancia mucho más estricta.
Control de factores de riesgo
- Corregir déficit nutricionales y de vitamina D.
- Valorar densidad ósea si hay sospecha de fragilidad.
- Revisar alteraciones hormonales o menstruales si existen.
- Analizar errores de entrenamiento y de recuperación.
Cuándo puede requerir cirugía
Algunas fracturas por estrés del cuello femoral, especialmente si tienen riesgo de progresión o desplazamiento, pueden requerir tratamiento quirúrgico. La decisión depende de la localización exacta, la estabilidad, los hallazgos de imagen y la situación funcional del paciente.
Recuperación y rehabilitación
La recuperación debe ser progresiva y no basarse solo en “esperar a que deje de doler”. Hay que readaptar la carga, recuperar fuerza, corregir déficits biomecánicos y evitar una vuelta demasiado rápida al deporte.
- Trabajo de control lumbopélvico.
- Fortalecimiento de glúteos y musculatura de la cadera.
- Readaptación de la marcha si hubo descarga prolongada.
- Progresión gradual al impacto y a la carrera.
- Revisión del entrenamiento, del apoyo y del calzado si procede.
La vuelta al deporte debe hacerse cuando la evolución clínica y el control de la carga lo permitan, no solo cuando haya pasado un número fijo de semanas. Puede ampliarse esta parte en la guía de rehabilitación de cadera.
Prevención
- Aumentar la carga de entrenamiento de forma progresiva.
- Respetar descansos y recuperación.
- Mantener una nutrición suficiente y buena salud ósea.
- Corregir déficits biomecánicos y de fuerza.
- No ignorar el dolor persistente de cadera o ingle durante el ejercicio.