Rehabilitación de cadera
Introducción
La rehabilitación de cadera combina movilidad, fortalecimiento, control lumbopélvico y recuperación de gestos funcionales como caminar, subir escaleras, sentarse, levantarse o volver progresivamente al deporte. La progresión debe adaptarse al diagnóstico, al dolor, al grado de rigidez y a la tolerancia de cada paciente.
No todos los ejercicios son adecuados en todas las fases. En los primeros momentos suele priorizarse el control del dolor y la movilidad suave; después se introducen ejercicios de fuerza, estabilidad, equilibrio y readaptación funcional.
Índice de contenidos
- Objetivos de la rehabilitación de cadera
- Fases de la rehabilitación
- Ejercicios boca arriba
- Ejercicios de lado
- Ejercicios boca abajo
- Ejercicios de pie
- Posturas para favorecer la extensión
- Movilidad, fortalecimiento y estiramientos
- Ejercicios funcionales avanzados
- Precauciones y contraindicaciones
- Beneficios a largo plazo
- Conclusión
- Volver a secciones principales
Objetivos de la rehabilitación de cadera
La rehabilitación busca recuperar una cadera móvil, estable y tolerante a la carga. Los objetivos concretos dependen de la lesión, de la fase clínica y de las necesidades funcionales del paciente.
- Reducir el dolor y la inflamación.
- Recuperar movilidad sin aumentar los síntomas.
- Fortalecer glúteos, flexores, abductores, aductores, cuádriceps e isquiotibiales.
- Mejorar el control de la pelvis y la estabilidad durante la marcha.
- Facilitar gestos cotidianos como subir escaleras, levantarse de una silla o caminar más tiempo.
- Prevenir recaídas y mejorar la tolerancia progresiva a la carga.
Fases de la rehabilitación de cadera
Las fases son orientativas. En cirugía, prótesis, artroscopia, fracturas o lesiones complejas, deben ajustarse siempre a las indicaciones médicas y al protocolo específico.
Fase inicial o protectora
En fases iniciales el objetivo es controlar el dolor, mantener movilidad suave y activar la musculatura sin sobrecargar la articulación. Los ejercicios deben ser lentos, cómodos y sin rebotes.
- Controlar dolor e inflamación.
- Mantener movilidad suave de la cadera.
- Activar glúteos y musculatura estabilizadora sin sobrecarga.
- Evitar movimientos bruscos o rangos dolorosos.
Fase subaguda o de recuperación funcional
Cuando el dolor disminuye, se introducen ejercicios activos de movilidad, fortalecimiento suave y control de pelvis. En esta fase todavía debe evitarse forzar el rango articular o aumentar la carga demasiado rápido.
- Elevación de pierna recta.
- Elevación lateral de pierna.
- Puente de glúteos.
- Abducción, aducción y círculos de cadera controlados.
Fase de fortalecimiento
En esta fase se trabaja fuerza en carga, control de rodilla y pelvis, estabilidad y tolerancia progresiva al esfuerzo. La técnica debe estar por encima de la carga.
- Sentadillas asistidas.
- Step-ups.
- Clamshell con banda.
- Peso muerto a una pierna, sentadilla búlgara e hip thrust cuando la evolución lo permita.
Fase funcional y mantenimiento
La fase funcional busca recuperar actividades reales: caminar más distancia, subir escaleras, correr, saltar, cambiar de dirección o volver al deporte. Debe introducirse solo cuando existe suficiente fuerza, movilidad y control.
- Peso muerto con piernas rígidas.
- Zancadas controladas.
- Ejercicios de equilibrio.
- Saltos laterales, sentadilla con salto o carrera con cambios de ritmo si procede.
Ejercicios boca arriba
Los ejercicios en decúbito supino permiten trabajar movilidad y fuerza básica con poca carga sobre la cadera. Son útiles en fases iniciales o intermedias, siempre que no aumenten el dolor.
De espaldas, con las piernas extendidas, doblar una rodilla hacia el pecho sin despegar la pierna contraria del suelo. Repetir con la otra pierna.
Doblar la rodilla sobre el pecho, extender la pierna hacia la vertical y bajarla lentamente hasta volver a la posición inicial.
Separar una pierna lateralmente y volver después al centro, manteniendo el tronco estable.
Con ambas piernas extendidas y ligeramente separadas, girarlas simultáneamente hacia dentro y después hacia fuera.
Con las rodillas dobladas, elevar la pelvis de forma controlada sin arquear la zona lumbar.
Con las rodillas flexionadas, dejar caer una rodilla hacia fuera de forma controlada y volver al centro.
Con las piernas extendidas, elevar el tronco e intentar acercarse a los pies. Debe realizarse solo si no aumenta el dolor lumbar o inguinal.
Ejercicios de lado
Los ejercicios en decúbito lateral son especialmente útiles para glúteo medio, abductores, aductores y control de pelvis. Deben hacerse sin girar el tronco ni compensar con la zona lumbar.
De lado, con la pierna inferior doblada y la superior extendida, elevar la pierna superior hasta donde se tolere con buen control.
Elevar la pierna superior, doblarla hacia el pecho, extenderla después hacia atrás y volver a la posición inicial.
Con la pierna superior flexionada apoyada delante, doblar la pierna inferior hacia el pecho y extenderla después hacia atrás.
Con la pierna superior adelantada, elevarla hasta la vertical, llevarla después hacia atrás y repetir el recorrido en sentido inverso.
Estos ejercicios son especialmente útiles para mejorar abductores y control de la pelvis, muy importantes en tendinopatía glútea y dolor lateral de cadera.
Ejercicios boca abajo
Acostado boca abajo atravesado en la cama o en una mesa, con las piernas extendidas y los pies en el suelo, levantar alternativamente las piernas hasta la horizontal o hasta donde se consiga sin compensar con la zona lumbar.
Este ejercicio favorece el trabajo de glúteo mayor y la extensión de cadera.
Ejercicios de pie
Los ejercicios de pie acercan la rehabilitación a situaciones reales del día a día. Deben introducirse cuando el paciente tolera la carga y mantiene un control razonable de la pelvis.
De pie sobre un banquito, apoyando el peso sobre la pierna sana y dejando la otra colgando, balancear la pierna libre hacia delante y hacia atrás.
Subir a un escalón o banquito con la pierna afectada y bajar controladamente. Es útil para recuperar fuerza funcional y confianza.
Sentarse y levantarse de una silla, usando un asiento más alto al principio si es necesario.
Apoyar el pie de la pierna afectada sobre una silla e inclinarse hacia delante para intentar tocar el pie con ambas manos.
Posturas que favorecen la extensión de la cadera
Estas posturas pueden ayudar en pacientes con tendencia a mantener la cadera en flexión o con rigidez anterior. Deben hacerse con comodidad, sin dolor intenso y sin forzar.
Acostado de espaldas, con el tronco ligeramente elevado y un cojín duro o manta doblada bajo las nalgas. No debe haber apoyo bajo los muslos. Mantener de 10 a 30 minutos si se tolera bien.
Acostado boca abajo, con un cojín bajo el vientre, otro bajo los muslos y otro bajo los pies, dejando libre la ingle. Mantener de 10 a 30 minutos según tolerancia.
Movilidad, fortalecimiento y estiramientos
Además de los ejercicios por posición, algunos movimientos pueden utilizarse como base transversal en muchos programas de recuperación de cadera.
Movilidad
Fortalecimiento
Estiramientos
Ejercicios funcionales avanzados
Los ejercicios funcionales se introducen cuando la movilidad, la fuerza básica y el control de pelvis son suficientes. Permiten preparar la cadera para actividades reales y demandas deportivas.
En deportistas, corredores o pacientes con alta demanda funcional, la progresión puede incluir cambios de ritmo, saltos, desplazamientos laterales y ejercicios de equilibrio más exigentes, siempre que no provoquen dolor persistente ni cojera.
Precauciones y contraindicaciones
- Evitar movimientos bruscos, especialmente rotaciones forzadas.
- No forzar el rango de movimiento si aparece dolor agudo.
- Evitar impactos, carrera o saltos en fases tempranas.
- Consultar antes de iniciar ejercicios tras prótesis, artroscopia, fractura o cirugía reciente.
- Reducir intensidad si aparece dolor persistente, cojera o inflamación después del ejercicio.
- Priorizar la calidad del movimiento sobre el número de repeticiones.
- Evitar compensar con la pelvis o la zona lumbar.
- Respetar las restricciones específicas tras una prótesis de cadera u otro procedimiento quirúrgico.
Beneficios a largo plazo
Una rehabilitación bien planteada no solo mejora el dolor inicial, sino que ayuda a recuperar autonomía, seguridad y tolerancia a la actividad diaria.
- Mayor autonomía para caminar, levantarse de una silla y subir escaleras.
- Mejor equilibrio y menor riesgo de caídas.
- Mejor control de la pelvis y de la extremidad inferior.
- Retorno más seguro a actividades deportivas o laborales.
- Menor riesgo de recaídas por sobrecarga o mala progresión.
Conclusión
La rehabilitación de cadera debe ser progresiva, individualizada y orientada a la función. Una buena recuperación combina movilidad, fuerza, control de pelvis, equilibrio y readaptación a los gestos reales del paciente.
La constancia, la técnica correcta y el respeto de los tiempos de recuperación son claves para mejorar el dolor, recuperar seguridad y reducir el riesgo de recaídas.