Síndrome de intersección
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Definición
La paratendinitis seca de los radiales, también conocida como síndrome de la intersección o síndrome de la encrucijada, aparece en el tercio distal de la cara dorsal del antebrazo, aproximadamente a 4 cm proximal a la articulación de la muñeca.
En esta zona, los tendones del primer compartimento extensor —el abductor largo del pulgar y el extensor corto del pulgar— cruzan por encima de los tendones radiales del segundo compartimento, generando una región de fricción mecánica especialmente sensible al sobreuso.
Etiología
La lesión se produce como consecuencia de microtraumatismos por sobreutilización. Es una patología frecuente en actividades laborales o deportivas que exigen movimientos repetidos de flexoextensión de muñeca y tensión mantenida sobre los tendones que se cruzan en esta zona.
- Movimientos repetidos de flexoextensión de muñeca.
- Uso continuado de herramientas, como destornilladores o martillos.
- Trabajos manuales repetitivos, por ejemplo carpintería o mecanografía.
- Actividades deportivas con gestos repetidos de muñeca.
- Tendones supernumerarios, que pueden aumentar el rozamiento.
- Traumatismo directo en casos menos frecuentes.
El síndrome de intersección no suele ser una patología crónica continua, sino que con frecuencia aparece en forma de brotes agudos relacionados con la actividad desencadenante.
Anatomía patológica
Casi siempre existe una bolsa serosa entre los dos grupos musculares —los radiales y el abductor largo/extensor corto del pulgar—, y es en esa zona donde suele localizarse el proceso inflamatorio, en forma de bursitis.
En otros casos, se afecta el paratendón o tejido celular laxo que rodea a los tendones, cuadro que puede describirse como tenocelulitis. Por extensión, también se utiliza el término de tenosinovitis.
Una característica habitual es la secreción de fibrina, responsable de una crepitación palpable o audible, muy característica de este síndrome.
Clínica
El cuadro clínico suele tener un inicio brusco, ya sea postraumático o por sobreuso. El paciente refiere dolor en la cara dorsal y radial del antebrazo distal, proximal a la muñeca.
- Dolor agudo, a veces tan intenso que puede hacer pensar inicialmente en una fractura.
- Tumefacción moderada en la zona de cruce tendinoso.
- Crepitación típica al movilizar la muñeca mientras se palpa la región.
- Empeoramiento con los movimientos repetidos de muñeca y pulgar.
- Mejoría con la inmovilización en la fase aguda.
Diagnóstico
El diagnóstico se basa en una historia clínica detallada y en la exploración física. La localización exacta del dolor y la presencia de crepitación son datos especialmente orientadores.
Datos importantes de la anamnesis
- Localización del dolor.
- Inicio del cuadro.
- Actividad desencadenante.
- Movimientos que lo agravan o alivian.
Exploración física
- Palpación de toda la muñeca y del antebrazo distal para localizar puntos dolorosos.
- Inspección de tumefacción y signos inflamatorios.
- Evaluación de fuerza muscular en muñeca, mano y codo.
- Pruebas contra resistencia para provocar dolor.
- Valoración de la fuerza de agarre como referencia funcional.
- Búsqueda de crepitación a la palpación durante el movimiento.
Habitualmente no son necesarias pruebas complementarias para confirmar el diagnóstico. Lo más importante es diferenciarlo de la enfermedad de De Quervain.
En el síndrome de intersección, el dolor suele localizarse 3-4 cm proximal a la articulación de la muñeca, mientras que en la enfermedad de De Quervain el dolor es más distal, cerca de la estiloides radial.
Tratamiento
Tratamiento no quirúrgico
El tratamiento inicial tiene como objetivo disminuir la inflamación y el dolor, y suele ser suficiente en la mayoría de los pacientes.
- Reposo funcional de la zona durante 2-3 semanas.
- Antiinflamatorios.
- Frío local en fases agudas.
- Calor local en cuadros más crónicos o residuales.
- Férula para mantener la muñeca y el pulgar en posición neutra.
- Fisioterapia.
- Infiltraciones locales en casos seleccionados.
El reposo es básico en las fases iniciales, manteniendo la muñeca alineada en posición neutra. Esta inmovilización puede lograrse con una férula que limite la movilidad del pulgar y la muñeca.
Como este síndrome suele desencadenarse por actividad repetitiva, es muy importante modificar temporalmente las tareas que lo provocan. También son fundamentales los descansos frecuentes y la corrección de la técnica laboral o deportiva.
Una vez disminuyen el dolor y la inflamación, debe iniciarse una rehabilitación progresiva orientada a recuperar movilidad, fuerza y tolerancia a la carga.
Si el reposo, la rehabilitación y los medicamentos no logran controlar los síntomas, pueden proponerse infiltraciones con corticoides. En muchos casos su efecto es temporal, pero permite aprovechar una ventana sin dolor para completar la recuperación funcional.
Si el tratamiento conservador es eficaz, suele apreciarse una mejoría en un plazo de 4 a 6 semanas.
Tratamiento quirúrgico
La gran mayoría de los pacientes mejora y permanece asintomática con medidas conservadoras. En los casos rebeldes puede recurrirse a tratamiento quirúrgico.
Se realiza una incisión longitudinal para acceder a los extensores radiales del carpo, desde la muñeca hasta más allá de la zona inflamada.
La cirugía consiste en la liberación del segundo compartimento dorsal mediante la apertura del retináculo extensor. Después se mantiene la muñeca inmovilizada con una férula con ligera extensión durante unos 10 días, iniciando posteriormente la movilización progresiva según tolerancia.
Aunque la apertura del retináculo podría favorecer una posición en cuerda de arco de los extensores radiales del carpo, esta complicación es poco frecuente en la práctica.
Rehabilitación de muñeca y mano
La recuperación funcional suele requerir un programa de rehabilitación adaptado al tipo de lesión, al tratamiento realizado y a la evolución clínica del paciente.