Bursitis isquiática
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Qué es la bursitis isquiática
La bursitis isquiática, también llamada bursitis isquioglútea, es la inflamación de la bursa situada entre la tuberosidad isquiática y los tejidos blandos que la cubren. La tuberosidad isquiática es la zona ósea sobre la que apoyamos al estar sentados.
Por este motivo, el síntoma más característico es el dolor al sentarse, especialmente sobre superficies duras o durante periodos prolongados. También puede producir dolor en la parte baja del glúteo o en la región posterior proximal del muslo.
Es una entidad menos frecuente que la bursitis trocantérea, pero debe tenerse en cuenta en pacientes con dolor glúteo bajo persistente, molestias al sentarse o dolor posterior de cadera que no encaja con una ciática lumbar típica.
Anatomía de la bursa isquiática
La tuberosidad isquiática es una prominencia ósea de la pelvis situada en la parte inferior y posterior de la cadera. Sirve como punto de apoyo al sentarse y como zona de inserción de los tendones isquiotibiales proximales.
La bursa isquiática o isquioglútea facilita el deslizamiento entre la tuberosidad isquiática, el músculo glúteo mayor y los tejidos blandos vecinos. Cuando se inflama, el aumento de presión local puede hacer que actividades tan simples como sentarse resulten dolorosas.
Por su localización profunda, la inflamación no siempre produce una tumefacción visible. En muchos pacientes predomina el dolor profundo en la zona glútea baja.
Causas y factores favorecedores
La bursitis isquiática suele aparecer por presión repetida, fricción local o sobrecarga de los tejidos próximos a la tuberosidad isquiática. También puede relacionarse con traumatismos directos o con patología tendinosa de los isquiotibiales proximales.
- Estar sentado durante periodos prolongados, especialmente sobre superficies duras.
- Traumatismo directo o caída sobre la región glútea.
- Microtraumatismos repetidos en deportes o actividades con apoyo mantenido.
- Sobrecarga o tendinopatía de los isquiotibiales proximales.
- Déficit de fuerza o control lumbopélvico.
- Aumento brusco de actividad física, carrera o ejercicios de flexión de cadera.
- Alteraciones de la marcha o de la postura sentada.
- Enfermedades inflamatorias o depósito de cristales en casos menos frecuentes.
En muchos pacientes la bursa se irrita dentro de un contexto de dolor posterior de cadera o sobrecarga de la inserción proximal de los isquiotibiales.
Síntomas y clínica
El síntoma principal es el dolor en la parte baja del glúteo, cerca del apoyo al sentarse. Puede notarse como dolor profundo, molestia puntual o sensación de presión dolorosa.
- Dolor al sentarse, sobre todo en superficies duras.
- Dolor en la región glútea baja o sobre la tuberosidad isquiática.
- Molestias al permanecer sentado mucho tiempo.
- Dolor al levantarse de una silla tras estar sentado.
- Sensibilidad local a la presión profunda.
- Irradiación hacia la parte posterior proximal del muslo.
- Molestias con carrera, zancada amplia o estiramiento de isquiotibiales.
Si el dolor baja claramente por toda la pierna, se acompaña de hormigueos, pérdida de fuerza o empeora con maniobras lumbares, debe valorarse una posible radiculopatía o irritación neural.
Diagnóstico
El diagnóstico suele ser clínico. La sospecha aumenta cuando el paciente refiere dolor localizado en la zona de apoyo al sentarse y sensibilidad sobre la tuberosidad isquiática.
Exploración física
- Dolor a la palpación profunda sobre la tuberosidad isquiática.
- Dolor al sentarse o al comprimir la zona afectada.
- Valoración de la fuerza de los isquiotibiales.
- Dolor con estiramiento de la cadena posterior si existe afectación tendinosa asociada.
- Exploración lumbar y neurológica si hay irradiación o síntomas neurales.
- Valoración de la marcha, pelvis y control lumbopélvico.
Pruebas complementarias
Las pruebas de imagen no siempre son necesarias, pero pueden ayudar cuando el dolor es persistente, el diagnóstico no está claro o se sospecha tendinopatía de isquiotibiales, fractura, lesión ósea o patología lumbar asociada.
| Prueba | Utilidad principal |
|---|---|
| Radiografía | Ayuda a descartar fracturas, calcificaciones, lesiones óseas o cambios en la pelvis. |
| Ecografía | Puede valorar distensión de la bursa, tejidos blandos y tendones isquiotibiales proximales. |
| Resonancia magnética | Útil para valorar bursitis profunda, tendinopatía isquiotibial, edema óseo o lesiones asociadas. |
| Analítica | Solo si existe sospecha de infección, enfermedad inflamatoria o proceso sistémico. |
| Infiltración diagnóstica | El alivio tras anestésico local puede apoyar el origen isquiático del dolor. |
Diagnóstico diferencial
El dolor en la zona glútea baja puede tener varios orígenes. La bursitis isquiática debe diferenciarse especialmente de lesiones tendinosas, patología lumbar y dolor neural.
- Tendinopatía proximal de los isquiotibiales.
- Rotura parcial o completa de los isquiotibiales proximales.
- Radiculopatía lumbar o dolor ciático.
- Síndrome del piriforme o atrapamientos profundos del nervio ciático.
- Fractura por estrés de la pelvis o de la tuberosidad isquiática.
- Dolor sacroilíaco.
- Bursitis trocantérea.
- Artrosis de cadera.
- Lesiones ocupantes de espacio en la región glútea.
Tratamiento conservador
La mayoría de los casos se tratan inicialmente de forma conservadora. El objetivo es disminuir la presión sobre la bursa, controlar el dolor y corregir los factores que mantienen la irritación local.
- Evitar sentarse sobre superficies duras durante periodos prolongados.
- Usar cojín o adaptación del asiento para reducir la presión sobre la tuberosidad isquiática.
- Reposo relativo de actividades que aumentan el dolor.
- Frío o calor local según tolerancia.
- Antiinflamatorios o analgésicos si están indicados.
- Fisioterapia para mejorar movilidad, fuerza y control lumbopélvico.
- Corrección progresiva de la carga deportiva, especialmente carrera y ejercicios de flexión de cadera.
Es importante no limitar el tratamiento a evitar sentarse. Si existe una tendinopatía de isquiotibiales o una alteración funcional asociada, debe abordarse también para reducir el riesgo de recaída.
Infiltración de la bursa isquiática
En casos persistentes puede valorarse una infiltración con anestésico local y corticoide. Al tratarse de una zona profunda y próxima al nervio ciático, es preferible realizarla con guía ecográfica o mediante control por imagen.
La infiltración puede tener valor diagnóstico y terapéutico. Si el dolor mejora claramente tras la infiltración, se refuerza la sospecha de origen bursítico, aunque debe mantenerse un plan de rehabilitación y control de cargas.
Rehabilitación
La rehabilitación debe adaptarse a la causa predominante. En fases dolorosas se prioriza la reducción de presión y el control del dolor. Después se progresa hacia movilidad, fuerza y tolerancia a la carga.
Objetivos de la rehabilitación
- Disminuir el dolor al sentarse.
- Reducir la presión directa sobre la tuberosidad isquiática.
- Mejorar la movilidad de cadera y pelvis.
- Recuperar fuerza de glúteos, isquiotibiales y estabilizadores lumbopélvicos.
- Reeducar la sedestación, la marcha y la actividad deportiva.
- Prevenir recaídas mediante progresión adecuada de la carga.
Progresión habitual
- Fase inicial: descarga local, modificación de sedestación y control del dolor.
- Fase intermedia: movilidad suave, activación glútea y fortalecimiento progresivo.
- Fase avanzada: retorno gradual a carrera, deporte o actividades prolongadas en sedestación.
Tratamiento quirúrgico
La cirugía es excepcional. Puede considerarse en casos muy persistentes, correctamente diagnosticados, con dolor incapacitante y fracaso de un tratamiento conservador completo.
Las opciones pueden incluir bursectomía o tratamiento de lesiones asociadas, como patología de isquiotibiales proximales. La indicación debe individualizarse y valorar cuidadosamente la proximidad del nervio ciático.
Pronóstico y evolución
El pronóstico suele ser favorable si se reduce la presión local y se corrigen los factores que mantienen el dolor. Los casos relacionados con sedestación prolongada pueden mejorar con adaptaciones ergonómicas y rehabilitación.
La recuperación puede ser más lenta cuando existe tendinopatía proximal de isquiotibiales, dolor lumbar asociado o irritación neural. En estos casos es importante no atribuir todo el cuadro únicamente a la bursa.