Síndrome doloroso trocantérico mayor
El síndrome doloroso trocantérico mayor (GTPS) describe dolor en la cara lateral de la cadera alrededor del trocánter mayor. Durante años se utilizó casi como sinónimo de “bursitis trocantérea” o “trocanteritis”, pero actualmente se reconoce que los tendones del glúteo medio y menor tienen un papel importante y que la bursa no es siempre la estructura dominante.
El diagnóstico es clínico y se apoya en la combinación de síntomas y exploración. El objetivo no es decidir si cada molestia pertenece exclusivamente a “bursa” o “tendón”, sino distinguir el síndrome de otras causas de dolor de cadera, columna o nervio y seleccionar un tratamiento que recupere capacidad.
Índice de contenidos
- Anatomía funcional de la región lateral
- Qué puede contribuir al síndrome
- Síntomas y patrón clínico
- Exploración y pruebas clínicas
- Diagnóstico diferencial
- Cuándo utilizar imagen
- Tratamiento y educación de carga
- Rehabilitación y ejercicio
- Infiltración, ondas de choque y cirugía
- Preguntas frecuentes
- Fuentes
Anatomía funcional de la región lateral de la cadera
El trocánter mayor recibe inserciones del glúteo medio y menor y se relaciona con varias bursas y con el tracto iliotibial. Durante la marcha y el apoyo sobre una pierna, los abductores contribuyen a controlar pelvis y fémur. La carga sobre los tendones cambia con la tarea, la fuerza externa y la posición de la cadera.





La aducción de cadera puede aumentar la compresión lateral sobre los tendones glúteos. Esto ayuda a entender por qué algunas personas empeoran al dormir sobre ese lado, cruzar piernas o permanecer apoyadas sobre una sola cadera, pero no significa que esas posturas sean dañinas para todo el mundo.
Qué puede contribuir al síndrome
El GTPS no tiene una causa única. Puede aparecer después de un cambio de actividad, una caída sobre la región lateral o de forma gradual. La tendinopatía glútea, las roturas parciales y los cambios bursales pueden coexistir. Edad, sexo femenino, exceso de peso, artrosis de rodilla o cadera y dolor lumbar aparecen asociados en estudios, pero una asociación poblacional no demuestra que un factor concreto sea la causa en una persona.
La fuerza abductora puede estar reducida en pacientes sintomáticos, aunque no siempre es posible saber si esa debilidad precedió al dolor o apareció como consecuencia. Por eso se mide como una capacidad a recuperar, no como una explicación automática.
Evitar simplificaciones: ni una dismetría mínima, ni un “pie pronador”, ni una banda iliotibial tensa justifican por sí solos el diagnóstico o una corrección obligatoria.
Síntomas y patrón clínico
El dolor se localiza habitualmente sobre el trocánter mayor y puede extenderse por la cara lateral del muslo. Es frecuente que aumente al dormir sobre el lado afectado, caminar distancias largas, subir escaleras, correr, permanecer mucho tiempo de pie o realizar tareas de apoyo monopodal.
- Dolor lateral reproducible al presionar la región trocantérica.
- Molestia con carga de abductores o apoyo sobre una pierna.
- Dificultad para dormir sobre el lado afectado o para adoptar posiciones de aducción mantenida.
- Debilidad por dolor o pérdida real de fuerza en cuadros más evolucionados.
- En roturas glúteas relevantes puede existir alteración de la marcha y déficit abductor marcado.
Exploración y pruebas clínicas
No existe una maniobra aislada perfecta. Una revisión con metaanálisis publicada en 2024 encontró utilidad en combinar palpación del tendón glúteo y abducción resistida en personas con dolor lateral de cadera. La exploración también valora marcha, fuerza, movilidad de cadera y posibles fuentes lumbares o neurológicas.


Una prueba positiva aumenta o disminuye probabilidades; no “demuestra” qué tejido es responsable. La combinación de varios hallazgos y la coherencia con la historia tiene más valor que una maniobra aislada.
Diagnóstico diferencial y señales de reevaluación
El dolor lateral de cadera puede coexistir con otras patologías. Conviene ampliar la valoración si el patrón no encaja, hay dolor inguinal dominante, pérdida neurológica, traumatismo importante o incapacidad progresiva.
- Artrosis de cadera y otras causas intraarticulares.
- Osteonecrosis o fractura por estrés cuando el contexto lo sugiere.
- Dolor lumbar referido o radiculopatía.
- Tendinopatía o rotura glútea dentro del propio espectro lateral.
- Cadera en resorte y problemas del tracto iliotibial.
- Iliopsoas cuando predomina el dolor anterior o inguinal.
- Incapacidad para cargar peso tras traumatismo o dolor óseo intenso.
- Fiebre, enrojecimiento importante o mal estado general.
- Déficit neurológico progresivo o síntomas que se extienden por debajo de la rodilla con patrón radicular claro.
- Debilidad abductora marcada de aparición reciente o empeoramiento progresivo de la marcha.
Cuándo utilizar radiografía, ecografía o resonancia
La imagen no es obligatoria en una presentación típica que evoluciona bien. La radiografía puede ser útil para valorar la articulación y el hueso cuando el diagnóstico es incierto. Ecografía y resonancia permiten estudiar tendones glúteos, bursas y roturas, pero también pueden detectar cambios en personas sin dolor.
Los criterios ACR de dolor crónico de cadera contemplan ecografía o RM cuando las radiografías no explican un dolor extraarticular y existe sospecha de tendinopatía o bursitis. La elección depende de disponibilidad, experiencia y de qué decisión se pretende tomar con el resultado.
| Prueba | Utilidad principal | Cuándo aporta más |
|---|---|---|
| Radiografía | Artrosis, calcificación, lesión ósea y contexto estructural | Dolor atípico, rigidez o sospecha intraarticular/ósea |
| Ecografía | Tendones, bursas, roturas superficiales y guía de procedimientos | Duda extraarticular o necesidad de intervención dirigida |
| RM | Tendones, músculo, bursa, hueso y articulación | Síntomas persistentes, sospecha de rotura o planificación |
Tratamiento: educación, carga y recuperación de función
La primera línea suele ser conservadora. En la tendinopatía glútea, un ensayo clínico de referencia mostró que un programa de educación sobre carga más ejercicio obtuvo buenos resultados y ventajas frente a depender de una infiltración de corticoide, especialmente en el seguimiento más prolongado.
La educación puede incluir modificar temporalmente posiciones o actividades que comprimen mucho la región si reproducen síntomas importantes, sin convertirlas en prohibiciones permanentes. El objetivo es recuperar tolerancia a caminar, escaleras, apoyo monopodal, trabajo y deporte.
- Reducir durante un tiempo la dosis de caminatas, cuestas o carrera si generan exacerbaciones sostenidas.
- Evitar presionar directamente el lado doloroso durante el sueño si eso impide descansar; una almohada entre las piernas puede resultar cómoda.
- Progresar fuerza de cadera y miembros inferiores según capacidad, no con un número fijo de semanas.
- Reintroducir gradualmente tareas unipodales, velocidad, impacto o deporte cuando sean necesarias.
Rehabilitación y ejercicio: ejemplos, no una receta única
El ejercicio se individualiza. Las siguientes imágenes se conservan como ejemplos de movilidad y trabajo de la región; ninguna obliga a realizar una secuencia concreta. Si un estiramiento coloca la cadera en una posición que aumenta mucho la compresión lateral y reproduce síntomas, se modifica o se sustituye.




Las modalidades pasivas pueden ofrecer alivio a algunas personas, pero su papel es secundario frente a educación y recuperación de capacidad. El objetivo no es “romper adherencias” ni corregir una alineación perfecta.
Infiltración, ondas de choque y cirugía
Una infiltración con corticoide puede reducir dolor a corto plazo en pacientes seleccionados. Ese alivio puede facilitar sueño o rehabilitación, pero no se interpreta como demostración de que la bursa era la única fuente del dolor. La repetición sistemática de infiltraciones no constituye la base del tratamiento.
Las ondas de choque muestran resultados prometedores en revisiones recientes para algunos pacientes con GTPS persistente, aunque los protocolos son heterogéneos y no existe garantía individual de respuesta. PRP y otros inyectables presentan evidencia variable y no se indican de forma automática.
La cirugía es poco frecuente. Antes de plantearla se revisa si existe una rotura relevante del glúteo medio o menor, otra lesión estructural y una concordancia razonable entre anatomía, síntomas y limitación. Una bursa con líquido aislado no justifica una bursectomía.
Preguntas frecuentes
¿El síndrome doloroso trocantérico mayor es lo mismo que una bursitis trocantérea?
No exactamente. Bursitis trocantérea es un término histórico muy utilizado, pero el dolor lateral de cadera puede implicar tendones del glúteo medio y menor, bursas y otras estructuras peri-trocantéricas. Por eso se prefiere un término clínico más amplio.
¿Hace falta una resonancia para diagnosticar un dolor trocantérico?
No en todos los casos. La historia y una combinación de pruebas clínicas pueden orientar el diagnóstico. La imagen se utiliza cuando hay dudas, mala evolución, sospecha de rotura tendinosa u otra patología que pueda cambiar el manejo.
¿Una infiltración con corticoide cura el problema?
Puede aliviar síntomas a corto plazo en algunos pacientes, pero no sustituye el trabajo de educación, ajuste de carga y ejercicio. En tendinopatía glútea, los resultados a largo plazo favorecen una estrategia activa bien estructurada frente a depender de una inyección.
¿Cuándo se plantea cirugía?
Se reserva para casos seleccionados: dolor y limitación persistentes tras tratamiento conservador adecuado, roturas glúteas relevantes u otra lesión estructural concordante. La presencia aislada de líquido bursal no constituye una indicación quirúrgica.