Saltar al contenido principal
🦴 www.cto-am.com
Dr. Arturo Mahiques

Índice de contenidos

Qué es la bursitis retrocalcánea

La bursa retrocalcánea es una pequeña bolsa sinovial situada entre la cara anterior del tendón de Aquiles y la parte posterosuperior del calcáneo. Facilita el deslizamiento de tejidos que soportan fuerzas repetidas durante la marcha y el movimiento del tobillo.

Cuando esta bursa se irrita puede producir dolor profundo en la parte posterior del talón. El término «bursitis» es útil anatómicamente, pero no implica que todo dolor posterior sea una inflamación aislada de la bursa. Con frecuencia coexisten cambios en la inserción del Aquiles, presión del calzado o una prominencia ósea.

Dos bursas distintas alrededor del Aquiles

Conviene distinguir la bursa retrocalcánea de la bursa calcánea subcutánea. La primera es profunda, entre Aquiles y calcáneo. La segunda es superficial, entre piel/calzado y tendón. Pueden irritarse al mismo tiempo, pero la localización del dolor y el desencadenante suelen ser diferentes.

Bursitis retrocalcánea entre el tendón de Aquiles y el calcáneo
La bursa retrocalcánea se sitúa por delante del Aquiles y por detrás del calcáneo.

Esta distinción es importante si se plantea una infiltración o una cirugía: introducir medicación dentro del tendón no equivale a tratar la bursa y añade riesgos.

Relación con tendinopatía insercional y Haglund

La bursitis retrocalcánea puede aparecer junto a tendinopatía insercional del Aquiles. Ambas estructuras soportan compresión en dorsiflexión y pueden irritarse en actividades con cuestas, carrera, saltos o calzado rígido.

La deformidad de Haglund describe una prominencia posterosuperior del calcáneo. Su presencia en una radiografía no demuestra que sea dolorosa. El diagnóstico clínico debe establecer si existe concordancia entre la prominencia, la bursa, el tendón y los síntomas. Operar una prominencia asintomática no tiene sentido solo porque esté presente en una imagen.

Síntomas y exploración

El dolor suele localizarse profundo y algo anterior al Aquiles, cerca de su inserción. Puede aumentar al caminar cuesta arriba, correr, realizar elevaciones de talón o llevar el tobillo a dorsiflexión. El calzado cerrado puede agravar la zona si además existe irritación superficial.

La exploración busca sensibilidad localizada, engrosamiento del Aquiles, dolor con elevación de talón y diferencias entre presión superficial y compresión profunda. Debe comprobarse también si el dolor está realmente en el tendón, en la bursa superficial o más proximal en el tobillo.

Enrojecimiento intenso, calor, fiebre, herida o inmunosupresión obligan a valorar infección. Un inicio brusco con pérdida de fuerza requiere descartar rotura aquílea.

Diagnóstico e imagen

En un cuadro típico, la historia y la exploración pueden orientar de forma suficiente. La ecografía permite ver líquido o engrosamiento sinovial de la bursa y valorar simultáneamente la inserción del Aquiles. También puede utilizarse como guía si se decide una intervención.

La radiografía lateral muestra la morfología del calcáneo, entesofitos y calcificaciones, pero no prueba qué estructura duele. La resonancia permite estudiar edema, bursa, tendón y estructuras vecinas cuando existe discordancia clínica o se planifica cirugía.

Diagnóstico diferencial del dolor posterior del talón

  • Tendinopatía insercional del Aquiles.
  • Bursitis calcánea subcutánea por presión del calzado.
  • Síndrome doloroso asociado a Haglund.
  • Rotura parcial del Aquiles.
  • Fractura por estrés del calcáneo.
  • Artritis inflamatoria o entesitis.
  • Pinzamiento posterior del tobillo, si el dolor es más proximal y aparece sobre todo en flexión plantar.

La presencia simultánea de más de un problema es frecuente. En ese caso el tratamiento debe dirigirse a la combinación que mejor explica los síntomas y no a una etiqueta aislada.

Tratamiento conservador

La primera medida suele ser reducir temporalmente lo que comprime o irrita la zona: calzado con contrafuerte duro, cuestas, saltos o dorsiflexión profunda si reproducen claramente el dolor. Esto no significa inmovilizar el tobillo de forma prolongada.

Una talonera temporal puede disminuir dorsiflexión y presión en algunos pacientes. Los antiinflamatorios pueden ayudar al dolor en periodos cortos si no existen contraindicaciones, pero no sustituyen la modificación de carga ni el tratamiento de una tendinopatía asociada.

Si el Aquiles también es doloroso, el programa debe recuperar fuerza progresivamente. En formas insercionales conviene evitar al principio descender repetidamente el talón muy por debajo del nivel del pie si esa posición comprime la zona.

Infiltración: la anatomía importa

Una infiltración de la bursa no es lo mismo que infiltrar el tendón. En casos seleccionados con dolor persistente y diagnóstico claro puede valorarse un procedimiento guiado por ecografía. El objetivo es depositar el fármaco en la bursa y evitar la sustancia tendinosa.

El corticoide dentro o inmediatamente alrededor del Aquiles puede debilitar el tejido y se asocia a riesgo de rotura, por lo que no debe utilizarse como tratamiento rutinario de una tendinopatía. Si la respuesta a una infiltración bursal es pobre, repetir procedimientos sin revisar el diagnóstico puede retrasar el tratamiento correcto.

Rehabilitación y retorno a actividad

La rehabilitación se adapta al componente predominante. Si la bursa es la estructura principal, la prioridad inicial es reducir compresión y después recuperar gradualmente movilidad y fuerza. Si coexiste tendinopatía insercional, el programa de carga del Aquiles se convierte en una parte central.

La vuelta a carrera o deporte puede progresar cuando caminar rápido, subir escalones y hacer elevaciones de talón producen una respuesta tolerable. Después se reintroducen cuestas, carrera, cambios de ritmo o saltos según la actividad. Puede consultarse rehabilitación del Aquiles para una progresión más detallada.

Cuándo puede plantearse cirugía

La cirugía no se indica por la presencia de líquido en una bursa o por una prominencia de Haglund aislada. Se reserva para dolor y limitación persistentes tras un manejo conservador suficiente, con correlación anatómica clara.

Según el problema pueden realizarse bursectomía, calcaneoplastia o tratamiento simultáneo de la inserción del Aquiles. Cuando existe daño tendinoso importante, la cirugía y la recuperación son diferentes de una simple resección ósea.

Qué actividades suelen aumentar la compresión retrocalcánea

La bursa profunda queda comprimida entre el Aquiles y el calcáneo en determinados rangos de dorsiflexión. Por eso algunas personas empeoran al caminar cuesta arriba, subir escaleras, hacer sentadillas profundas, correr en pendiente o utilizar calzado que obliga al talón a una posición incómoda. Sin embargo, que una actividad reproduzca dolor no significa que deba prohibirse de forma permanente.

En una fase irritable puede ser útil reducir temporalmente el volumen o el rango que comprime la zona y mantener otras tareas de acondicionamiento. Conforme disminuye la irritabilidad, el objetivo es recuperar progresivamente la exposición necesaria para la vida diaria o el deporte. Esta estrategia evita dos extremos: seguir provocando el mismo dolor intenso cada día o eliminar toda carga durante semanas.

Cuando existe una tendinopatía insercional asociada, la respuesta del día siguiente orienta la dosificación. Un pequeño aumento transitorio puede ser tolerable; un empeoramiento sostenido de rigidez matutina, cojera o dolor en actividades básicas sugiere que la progresión fue excesiva.

Errores frecuentes en el diagnóstico y el tratamiento

  • Interpretar cualquier hinchazón posterior como bursitis sin localizar si el dolor es superficial, profundo o tendinoso.
  • Diagnosticar Haglund únicamente porque la radiografía muestra una prominencia posterosuperior.
  • Tratar la imagen con infiltraciones repetidas sin comprobar si la bursa es la estructura sintomática.
  • Realizar estiramientos intensos en dorsiflexión cuando esa posición aumenta claramente la compresión y los síntomas.
  • Suspender toda actividad durante periodos prolongados y después volver de golpe a la carga previa.

También conviene revisar causas menos habituales cuando el cuadro es bilateral, muy inflamatorio o aparece sin relación clara con carga. Artritis inflamatorias, gota, infección y otros procesos sistémicos pueden afectar bursas y entesis.

Trabajo, carrera y deporte

En trabajos que obligan a usar calzado de seguridad rígido puede ser necesario adaptar el contrafuerte, utilizar protección local o modificar temporalmente tareas. El objetivo es reducir fricción sin generar inestabilidad ni comprometer la protección laboral.

En corredores, el retorno puede comenzar con terreno llano y volumen moderado antes de introducir cuestas y velocidad. En deportes de salto se progresa desde elevaciones de talón y pequeños rebotes hacia saltos más rápidos. El criterio no es estar completamente sin molestias en todo momento, sino recuperar función con una respuesta estable y sin deterioro progresivo.

Seguimiento: qué cambios indican que el plan está funcionando

La mejoría no debe medirse solo por cuánto duele al tocar la bursa. Son más útiles variables como caminar sin cojera, tolerar el calzado habitual, subir escaleras, hacer elevaciones de talón y recuperar las actividades que motivaron la consulta. En personas deportistas puede registrarse también la respuesta tras carrera o cuestas.

La evolución suele ser gradual cuando hay tendinopatía insercional asociada. Una reducción del dolor profundo y una mayor capacidad de carga son señales favorables aunque la ecografía todavía muestre líquido o engrosamiento. La imagen no necesita normalizarse para considerar que existe recuperación clínica.

Conviene reevaluar el diagnóstico si el dolor cambia de localización, aparece pérdida de fuerza, la inflamación aumenta de forma progresiva, existe dolor nocturno no mecánico o no hay ninguna mejoría a pesar de haber modificado correctamente la carga.

Situaciones que requieren un enfoque distinto

En pacientes con artritis inflamatoria, psoriasis, enfermedad intestinal inflamatoria u otros trastornos sistémicos, una bursitis posterior puede acompañar una entesitis. En estos casos el tratamiento local aislado puede ser insuficiente. La historia de dolor en otras articulaciones, rigidez prolongada o episodios bilaterales ayuda a identificar este contexto.

En personas con diabetes, alteraciones vasculares o heridas cutáneas, cualquier enrojecimiento importante exige especial precaución. También debe extremarse la valoración antes de procedimientos invasivos si existe tratamiento anticoagulante o inmunosupresor.

En niños y adolescentes el dolor posterior del calcáneo obliga a considerar diagnósticos propios del crecimiento, como apofisitis calcánea, en lugar de trasladar automáticamente la etiqueta de bursitis del adulto.

Fuentes y evidencia consultada

Preguntas frecuentes

¿Dónde está la bursa retrocalcánea?

Se encuentra profunda al tendón de Aquiles, entre su cara anterior y la parte posterosuperior del calcáneo. No es la misma bursa que la superficial situada entre la piel y el tendón.

¿Una bursitis retrocalcánea significa que tengo Haglund?

No. Puede coexistir con una prominencia de Haglund o con tendinopatía insercional, pero una bursitis puede aparecer sin que la prominencia ósea sea el factor principal.

¿Hace falta una resonancia para diagnosticarla?

No siempre. La exploración clínica puede orientar y la ecografía suele ser útil para valorar la bursa y el Aquiles. La RM se reserva para dudas diagnósticas, lesiones asociadas o planificación seleccionada.

¿Se puede infiltrar corticoide?

En casos seleccionados puede valorarse una infiltración de la bursa, preferiblemente con control anatómico preciso. Debe evitarse infiltrar el tendón de Aquiles por el riesgo de debilitarlo y favorecer una rotura.