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Dr. Arturo Mahiques

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Qué es la tendinopatía aquílea

La tendinopatía del Aquiles es un cuadro de dolor localizado, rigidez y pérdida de capacidad del tendón para tolerar carga. Aunque durante años se utilizó casi de forma automática la palabra «tendinitis», en los cuadros persistentes no existe necesariamente una inflamación aguda que explique por sí sola los síntomas. El problema se entiende mejor como una alteración de la respuesta del tendón a la carga, con cambios estructurales variables y una capacidad funcional que puede disminuir.

Esto tiene una consecuencia práctica: el objetivo no es «desinflamar un tendón para siempre», sino recuperar su capacidad para soportar caminar, subir escaleras, correr, saltar o trabajar. La imagen puede mostrar engrosamiento o cambios de señal incluso en personas con pocos síntomas, y un tendón doloroso puede mejorar clínicamente aunque su aspecto ecográfico no vuelva a ser idéntico al de un tendón asintomático.

La tendinopatía no debe confundirse con una rotura aguda del Aquiles. Un episodio súbito con chasquido, sensación de golpe posterior y pérdida marcada de fuerza exige otra valoración.

Anatomía: un tendón sometido a fuerzas muy altas

El tendón de Aquiles transmite la fuerza de gemelos y sóleo al calcáneo. Interviene en la flexión plantar y en el almacenamiento y liberación de energía durante la marcha, la carrera y el salto. Esa función explica que pueda tolerar fuerzas elevadas, pero también que cambios bruscos de entrenamiento o recuperación insuficiente superen temporalmente su capacidad.

Anatomía del tendón de Aquiles
El Aquiles conecta la musculatura de la pantorrilla con el calcáneo y participa de forma decisiva en el impulso.

En la zona de inserción, el tendón no solo recibe tensión: también puede experimentar compresión contra el calcáneo durante dorsiflexión profunda. Esa diferencia mecánica es relevante para diseñar la rehabilitación de la tendinopatía insercional.

Porción media e inserción: dos localizaciones que no se rehabilitan exactamente igual

FormaLocalización habitualPistas clínicas
Porción mediaAproximadamente varios centímetros por encima de la inserciónDolor y engrosamiento en el cuerpo del tendón; rigidez al iniciar la actividad y dolor con carrera o saltos.
InsercionalUnión del Aquiles con el calcáneoDolor muy distal, molestias con calzado posterior, dorsiflexión profunda y posible coexistencia de bursitis o prominencia posterosuperior.
Zonas frecuentes de lesión en el tendón de Aquiles
La localización del dolor modifica la interpretación clínica y la forma de progresar la carga.
Tipos de lesiones del tendón de Aquiles

Además pueden existir paratendinopatía, roturas parciales, calcificaciones o problemas en las bursas vecinas. No todas estas alteraciones tienen la misma relevancia ni exigen la misma intervención.

Por qué aparece: carga, recuperación y contexto

Con frecuencia no existe una sola causa. Es más útil pensar en el equilibrio entre demanda y capacidad. Aumentar de forma brusca volumen, velocidad, cuestas, saltos o trabajo de gemelos puede desencadenar síntomas, especialmente si coincide con poco descanso o una vuelta rápida después de un periodo de inactividad.

También pueden influir edad, antecedentes de tendinopatía, determinadas enfermedades metabólicas, obesidad, algunos fármacos y la capacidad de la musculatura de la pantorrilla. Estos factores son asociaciones o modificadores del riesgo; no convierten una característica anatómica o biomecánica aislada en una «causa» demostrada.

El calzado puede ser relevante sobre todo en la forma insercional si comprime directamente el talón. Una prominencia de Haglund puede coexistir, pero su presencia radiográfica no demuestra por sí sola que sea el origen del dolor.

Síntomas y exploración

El patrón típico combina dolor localizado y rigidez con pérdida de tolerancia a la carga. Muchas personas describen rigidez en los primeros pasos de la mañana o al comenzar a caminar, mejoría parcial al «calentar» y aumento del dolor tras una sesión exigente. En otros casos el dolor aparece desde el inicio y limita claramente la actividad.

La exploración intenta reproducir el dolor en la zona correcta y medir función. Son útiles la palpación, elevaciones de talón a una pierna, comparación de fuerza y resistencia, movilidad del tobillo y observación de tareas específicas. La respuesta de las 24 horas posteriores a la carga aporta información para ajustar el programa.

Una pérdida súbita de fuerza, un defecto palpable, incapacidad para elevar el talón o un mecanismo explosivo obligan a descartar rotura. Enrojecimiento intenso, fiebre, edema importante de la pierna o dolor desproporcionado requieren valorar otras causas.

Diagnóstico e imagen: la clínica sigue mandando

La tendinopatía aquílea suele poder diagnosticarse clínicamente cuando la historia y la localización son típicas. La ecografía permite estudiar grosor, estructura, vascularización, bursas y roturas parciales. La radiografía lateral puede mostrar calcificaciones o morfología ósea en la inserción. La resonancia es útil cuando el diagnóstico es incierto, se sospecha una rotura parcial extensa o se planifica una cirugía.

La gravedad de la imagen no se correlaciona de forma perfecta con el dolor. Por tanto, encontrar engrosamiento, señal alterada, entesofitos o una prominencia posterosuperior no basta para decidir un tratamiento invasivo. Debe existir concordancia entre síntomas, exploración, evolución y la pregunta que pretende responder la prueba.

Qué otros problemas pueden dar dolor posterior del talón

La distinción importa porque un programa que carga bien una tendinopatía de porción media puede irritar una inserción muy sensible si obliga desde el principio a una dorsiflexión profunda.

Tratamiento conservador: ajustar carga sin descondicionar

La recomendación central en la tendinopatía de porción media es el ejercicio de carga progresiva del tendón. El reposo completo prolongado suele reducir capacidad y no corrige el problema. En cambio, puede ser necesario recortar temporalmente carrera, saltos, cuestas o volumen de entrenamiento para situar la carga en un nivel tolerable.

El dolor durante el ejercicio no debe interpretarse automáticamente como daño nuevo. Se puede utilizar una respuesta de síntomas tolerable y, sobre todo, comprobar que el dolor y la rigidez no aumenten de forma sostenida al día siguiente. La dosis se ajusta a cada persona; no existe una cifra universal de repeticiones que sirva para todos.

El calzado, una talonera temporal o una bota corta pueden ser útiles en escenarios concretos, especialmente si caminar es muy doloroso, pero no sustituyen la recuperación progresiva de fuerza.

Ejercicio: no todo tiene que ser excéntrico

Los protocolos excéntricos clásicos fueron importantes para demostrar que el tendón debía cargarse y no simplemente descansar. Hoy se entiende que el tipo exacto de contracción es menos importante que una progresión suficiente y sostenida de carga. Pueden utilizarse isométricos, elevaciones de talón lentas con ambas piernas, trabajo unilateral, carga externa y posteriormente tareas rápidas o elásticas.

Ejercicio isométrico para el tendón de Aquiles
Los isométricos pueden formar parte del programa, pero no son obligatorios ni garantizan analgesia inmediata.

Una progresión razonable puede pasar de cargas bilaterales a unilaterales, después añadir peso y finalmente incorporar velocidad, carrera y saltos. La progresión depende de capacidad y objetivo, no de «fases» con fechas rígidas.

Ejercicio excéntrico para tendinopatía aquílea
Elevaciones de talones en escalón

Tendinopatía insercional: controlar la compresión cambia la rehabilitación

En la forma insercional, llevar el tobillo repetidamente a dorsiflexión profunda puede aumentar la compresión del tendón contra el calcáneo. Por eso no siempre es apropiado empezar con el clásico descenso del talón por debajo de un escalón.

Un ensayo clínico aleatorizado publicado en 2025 encontró mejores resultados en pacientes deportistas cuando el programa reducía la compresión mediante educación, taloneras y ejercicios progresivos que limitaban inicialmente la dorsiflexión, frente a un programa de alta compresión. Esto no significa que la dorsiflexión deba evitarse para siempre: significa que el rango puede progresarse según tolerancia.

En la práctica puede comenzarse con elevaciones de talón desde el suelo o con rango limitado, mejorar fuerza y después recuperar progresivamente el rango requerido por la actividad. Estiramientos intensos del gemelo no son imprescindibles si reproducen claramente el dolor insercional.

Ondas de choque, PRP e infiltraciones

Las ondas de choque extracorpóreas pueden considerarse en tendinopatías persistentes seleccionadas, especialmente en la insercional, normalmente como complemento de un programa de carga y no como sustituto de la rehabilitación.

El PRP y otros inyectables presentan resultados heterogéneos. No debe prometerse «regeneración» del tendón ni asumir que una técnica biológica es superior por su mecanismo teórico.

Las infiltraciones de corticoide dentro o alrededor del Aquiles requieren especial cautela por la posibilidad de debilitar el tendón y aumentar el riesgo de rotura. No son un tratamiento rutinario de la tendinopatía aquílea. Si se valora una intervención en una bursa vecina, la localización anatómica y la guía por imagen pueden ser relevantes para evitar el tendón.

Cuándo puede plantearse cirugía

La cirugía se reserva para pacientes con dolor y limitación persistentes después de un tratamiento conservador bien ejecutado y suficientemente prolongado, o cuando existe una lesión estructural concreta que cambia el manejo. La indicación se basa en síntomas, función y anatomía, no solo en una RM «fea».

Según la localización y el daño pueden realizarse desbridamiento, tratamiento de la inserción, resección selectiva de prominencia ósea, reinserción del tendón o procedimientos reconstructivos. En enfermedad extensa puede considerarse una transferencia tendinosa. Cada opción tiene tiempos de recuperación y riesgos propios, especialmente problemas de cicatrización en la región posterior del talón.

Retorno a carrera, salto y deporte

Volver a correr no debería depender de una semana predeterminada. Antes de aumentar volumen conviene recuperar tolerancia a la marcha rápida, fuerza de elevación de talón, capacidad para repetir contracciones y una respuesta estable de síntomas al día siguiente.

Después pueden progresarse carrera continua, cambios de ritmo, cuestas, saltos y tareas específicas. El orden depende del deporte. Una persona que vuelve a senderismo necesita tolerar desnivel y horas de marcha; un jugador de pádel necesita aceleraciones y cambios de dirección; un corredor necesita exposición gradual a volumen y velocidad.

Trabajo propioceptivo en la rehabilitación del Aquiles

Puede ampliarse este proceso en rehabilitación del tendón de Aquiles.

Fuentes y evidencia consultada

Preguntas frecuentes

¿La tendinopatía de Aquiles es lo mismo que una tendinitis?

No necesariamente. En cuadros persistentes predominan cambios de adaptación y degeneración tendinosa más que una inflamación aguda aislada. El término tendinopatía describe mejor dolor y pérdida de función del tendón.

¿Hay que dejar de caminar o hacer deporte por completo?

En la mayoría de tendinopatías no se recomienda reposo completo prolongado. Suele ser preferible ajustar temporalmente la carga y mantener actividad tolerable mientras se progresa con ejercicios de fuerza.

¿Los ejercicios excéntricos son obligatorios?

No. Son una forma útil de carga, pero no la única. Elevaciones de talón lentas, trabajo isotónico y progresiones de fuerza pueden utilizarse según síntomas, nivel y localización de la lesión.

¿Cuándo hay que sospechar una rotura del Aquiles?

Un chasquido o sensación de golpe, pérdida súbita de fuerza para impulsar el pie, dificultad marcada para ponerse de puntillas o un defecto palpable tras un episodio agudo requieren valoración para descartar rotura.