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Dr. Arturo Mahiques

Introducción

La tendinopatía del iliopsoas y la bursitis iliopectínea son causas relevantes de dolor anterior de cadera e ingle. Suelen relacionarse con sobreuso, fricción repetida, rigidez de la cadera o alteraciones del control lumbopélvico, y pueden pasar desapercibidas durante meses si no se exploran de forma específica.

La inflamación o degeneración del tendón del iliopsoas y la irritación de la bursa iliopectínea suelen coexistir por la proximidad anatómica de ambas estructuras. En la práctica clínica, muchos pacientes presentan un cuadro mixto de tendinopatía del iliopsoas con bursitis asociada o un síndrome funcional relacionado con la cadera en resorte.

Puede aparecer en deportistas, bailarines, corredores, futbolistas o personas con gestos repetidos de flexión de cadera, pero también en pacientes no deportistas con rigidez de cadera, debilidad abdominal y glútea, dolor lumbar asociado o cambios degenerativos del complejo lumbopélvico.

Anatomía funcional del iliopsoas

El iliopsoas está formado por la unión del psoas mayor y el músculo ilíaco. El psoas se origina en la columna lumbar y el ilíaco en la fosa ilíaca. Ambos convergen en un tendón común que se inserta en el trocánter menor del fémur.

Es el principal flexor de la cadera y participa en la marcha, la carrera, la subida de escaleras, el control postural y determinados movimientos de rotación externa. También influye de forma importante en la relación entre pelvis, columna lumbar y extremidad inferior.

La bursa del iliopsoas o bursa iliopectínea se sitúa entre el tendón del iliopsoas y la cápsula anterior de la cadera. Su función es reducir la fricción durante el movimiento, especialmente en gestos repetidos de flexión y extensión de cadera.

Anatomía del iliopsoas
El iliopsoas conecta la columna lumbar, la pelvis y el fémur, por lo que influye en la mecánica global de la cadera.

Papel funcional del iliopsoas

  • Flexiona la cadera al caminar, correr, subir escaleras o levantarse.
  • Ayuda al control del tronco y la pelvis durante actividades dinámicas.
  • Participa en la rotación externa y en el control de la extensión de cadera.
  • Se relaciona con el equilibrio entre abdominales, glúteos, aductores y musculatura lumbar.

Cuando esta musculatura se encuentra acortada, sobrecargada o mal coordinada, puede contribuir a dolor inguinal, aumento de la anteversión pélvica, rigidez anterior de cadera y sobrecarga de estructuras vecinas.

Dolor relacionado con el iliopsoas: qué significa

En deportistas con dolor inguinal, el consenso de Doha utiliza el término dolor inguinal relacionado con el iliopsoas cuando existe sensibilidad clínica en la región del iliopsoas y el cuadro es compatible; la reproducción del dolor con flexión resistida de cadera y/o con estiramiento del flexor aumenta la sospecha. Esta clasificación evita afirmar que todo dolor procede de una “tendinitis” demostrada.

Dentro de ese espectro puede haber tendinopatía, irritación de la bursa, resalte interno doloroso o combinación de varios hallazgos. Tendón y bursa están muy próximos, pero no es correcto asumir que siempre se inflaman a la vez ni que una imagen anormal identifica automáticamente la fuente del dolor.

El término tendinopatía es preferible para cuadros persistentes porque describe dolor y alteración funcional relacionados con el tendón sin presuponer inflamación como único mecanismo. La bursitis se reserva para una bursa clínicamente relevante, y el resalte interno describe un fenómeno dinámico que puede ser indoloro.

Condiciones asociadas

La patología del iliopsoas puede coexistir con otras alteraciones de cadera, pelvis o columna. Por eso, el diagnóstico no debe basarse solo en el punto de dolor, sino en una valoración global de la región lumbopélvica.

Carga, función y mecanismos de dolor

El iliopsoas participa en la flexión de cadera y debe tolerar demandas distintas al caminar, correr, subir escaleras, chutar, bailar o realizar gestos repetidos en flexión. El dolor puede aparecer tras un aumento de carga, después de un gesto agudo o en asociación con patología intraarticular de cadera.

Cuadro agudo

Un sprint, golpeo, cambio de dirección o contracción intensa puede producir dolor musculotendinoso anterior. En un episodio agudo conviene diferenciar una lesión muscular o tendinosa de una avulsión, una lesión articular o una lesión ósea por estrés.

Cuadro de sobrecarga

En síntomas de aparición gradual suele importar la relación entre demanda reciente y capacidad del tejido. Carrera en pendiente, baile, gimnasia o tareas con muchas repeticiones de flexión pueden ser provocadoras, pero no existe una postura pélvica, una longitud muscular o una “mala mecánica” que explique todos los casos.

La fuerza de tronco y cadera, la movilidad, el sueño, la recuperación y la distribución de entrenamiento pueden influir en la tolerancia. Se valoran porque pueden orientar la rehabilitación, no porque una asimetría visual demuestre la causa del dolor.

Factores asociados y escenarios clínicos

No suele existir una única causa. Es más útil reconocer el escenario y los factores modificables que buscar una explicación universal basada en anteversión pélvica, dismetría o debilidad de un músculo concreto.

  • Cambio de carga: aumento rápido de carrera, pendientes, golpeo, danza o ejercicios de flexión de cadera.
  • Lesión aguda: contracción intensa o estiramiento brusco del complejo musculotendinoso.
  • Resalte interno doloroso: movimiento dinámico del iliopsoas que reproduce síntomas, diferente de un chasquido indoloro.
  • Patología de cadera asociada: FAIS, labrum, artrosis u otras alteraciones pueden coexistir y modificar la carga anterior.
  • Tras artroplastia total de cadera: el conflicto del iliopsoas con el componente acetabular es un escenario específico que requiere evaluación propia.
  • Factores de capacidad: fuerza, movilidad, recuperación y exposición deportiva se valoran individualmente.

Síntomas

El cuadro típico produce dolor en la ingle o en la parte anterior de la cadera, a veces irradiado hacia la cara anterior del muslo. Puede aparecer de forma gradual o brusca, según el mecanismo de lesión.

Síntomas de la tendinopatía del iliopsoas
El dolor suele localizarse en la región inguinal o anterior de la cadera y empeora con gestos de flexión.
  • Dolor profundo en la ingle o en la cara anterior de la cadera.
  • Molestias al levantar la rodilla, subir escaleras, correr o chutar.
  • Dolor al ponerse calcetines, calzarse o levantarse desde una posición sentada.
  • Sensación de rigidez anterior de cadera.
  • Debilidad, inseguridad o cojera al caminar o correr.
  • Chasquido, clic o resalte anterior en algunos casos.

En fases iniciales, el dolor puede aparecer solo con la actividad y mejorar con el reposo. Con el tiempo, puede hacerse más persistente y aparecer también en actividades cotidianas. En algunos pacientes coexiste con dolor lumbar, molestias en pubis o alteraciones de la marcha.

Cuando existe cadera en resorte interna, el paciente puede describir un resalte o chasquido al mover la cadera desde flexión, abducción y rotación externa hacia extensión.

Exploración física

La exploración debe abarcar cadera, ingle, abdomen y región lumbar. Ninguna maniobra aislada confirma una tendinopatía del iliopsoas; el objetivo es reproducir el dolor habitual, localizar qué tareas lo provocan y comprobar si otra estructura explica mejor el cuadro.

Palpación y flexión resistida

La sensibilidad profunda en la región del iliopsoas y el dolor con flexión resistida apoyan un cuadro relacionado con el iliopsoas cuando coinciden con los síntomas del paciente. Según el acuerdo de Doha, el dolor con flexión resistida y/o con estiramiento del flexor hace más probable esta entidad clínica.

Resalte interno

El movimiento desde flexión, abducción y rotación externa hacia extensión puede reproducir un resalte anterior. Un chasquido sin dolor es frecuente y no necesita convertirse en diagnóstico. Cuando el resalte es doloroso, la ecografía dinámica puede ayudar a visualizar el fenómeno.

Exploración del resalte interno del iliopsoas
La exploración intenta reproducir el resalte y, sobre todo, comprobar si coincide con el dolor habitual.

Pruebas complementarias de cadera

Movilidad, fuerza, pruebas intraarticulares y evaluación lumbar ayudan a detectar diagnósticos alternativos. La investigación reciente ha propuesto nuevas maniobras para mejorar la precisión diagnóstica, pero su utilidad debe integrarse con el conjunto de la valoración y no sustituye el diagnóstico diferencial.

Diagnóstico y pruebas complementarias

El diagnóstico es principalmente clínico. En dolor de cadera persistente, las radiografías suelen ser una prueba inicial útil para valorar artrosis, morfología ósea, calcificaciones o secuelas traumáticas. La imagen avanzada se elige después según la pregunta concreta.

Ecografía

Permite valorar tendón y bursa y tiene una ventaja particular cuando existe resalte dinámico, porque puede observarse el movimiento mientras se reproduce el gesto. También permite guiar una infiltración si está indicada.

Resonancia magnética

Es útil cuando se sospechan lesiones musculotendinosas, bursales o intraarticulares y para estudiar diagnósticos alternativos. Una señal anormal del tendón o líquido bursal debe correlacionarse con la clínica.

Infiltración diagnóstica

Una inyección guiada de anestésico, con o sin corticoide según el objetivo, puede utilizarse en casos seleccionados. Un alivio concordante apoya la hipótesis del iliopsoas, pero no es una prueba absoluta y el efecto terapéutico a largo plazo está menos establecido que el alivio sintomático inicial.

Diagnóstico diferencial

Tratamiento

La primera opción suele ser no quirúrgica. El objetivo es reducir temporalmente la exposición que reproduce síntomas y después recuperar tolerancia a la flexión de cadera y a las tareas reales del paciente. No es necesario “corregir” una pelvis a una posición ideal ni mantener reposo absoluto.

Educación y modificación de carga

  • Reducir durante un periodo las tareas que provocan dolor intenso o respuesta mantenida al día siguiente.
  • Mantener actividad tolerable y condición física con alternativas que no agraven el cuadro.
  • Reintroducir progresivamente flexión resistida, escaleras, carrera, golpeo o danza según el objetivo.
Modificación de carga en dolor del iliopsoas
El control inicial de síntomas se combina con actividad tolerable y una progresión posterior de carga.

Medicación e infiltración

Los analgésicos o antiinflamatorios pueden considerarse según antecedentes y contraindicaciones. Las infiltraciones guiadas pueden aliviar dolor en casos refractarios; una revisión sistemática de 2025 encontró mejoría clínica en series disponibles, pero la evidencia es principalmente de nivel bajo-moderado y no demuestra que la inyección sustituya la rehabilitación.

Tratamiento farmacológico sintomático
La medicación puede modificar síntomas; la recuperación funcional depende también de la carga y del diagnóstico correcto.

Cirugía

Es infrecuente. Puede discutirse ante resalte interno doloroso persistente, conflicto estructural definido o patología asociada después de un tratamiento conservador razonable. La liberación o alargamiento del iliopsoas puede producir pérdida de fuerza de flexión y debe seleccionarse con cautela; tras una prótesis, la posición del componente acetabular cambia la estrategia.

Rehabilitación y progresión de carga

La rehabilitación se ajusta a síntomas y objetivos, no a cuatro fases obligatorias. La tolerancia durante el ejercicio y la respuesta posterior ayudan a decidir cuándo progresar.

Inicio

  • Mantener movilidad cómoda y actividad aeróbica tolerable.
  • Introducir fuerza de cadera y tronco sin provocar un incremento sostenido del dolor.
  • Evitar estiramientos agresivos si reproducen claramente el dolor anterior.

Desarrollo de capacidad

  • Progresar la flexión de cadera de isométrica o con palancas cortas hacia cargas mayores.
  • Entrenar glúteos, extensores, abductores y tronco según déficits relevantes.
  • Aumentar rango, velocidad y volumen de forma gradual.

Retorno funcional

Escaleras, zancadas, pendientes, carrera, golpeo o movimientos de danza se reintroducen de forma específica. Para volver a la actividad completa interesa que el paciente tolere las tareas de mayor demanda, recupere fuerza suficiente y no presente una respuesta relevante de dolor al día siguiente.

Ejercicios para la tendinopatía del iliopsoas

Estos ejercicios deben realizarse de forma progresiva y sin empeorar claramente el dolor. En cuadros irritativos, es preferible priorizar control motor y movilidad suave antes de cargar fuerte el flexor de cadera.

1. Respiración diafragmática y control lumbar

Tumbado boca arriba, con rodillas flexionadas, colocar una mano sobre el abdomen y otra sobre el pecho. Inspirar por la nariz favoreciendo la expansión abdominal y espirar de forma lenta. Puede utilizarse como ejercicio de baja carga para practicar control del tronco; no se considera una técnica específica para “relajar” o alargar el psoas.

Respiración diafragmática para iliopsoas
La respiración diafragmática puede integrarse como tarea de control del tronco, sin atribuirle un efecto específico sobre la lesión del iliopsoas.

2. Estiramiento del iliopsoas en posición de caballero

En posición de zancada con una rodilla apoyada, llevar suavemente la pelvis hacia delante sin arquear la zona lumbar. Debe notarse tensión moderada en la parte anterior de la cadera retrasada.

Estiramiento del iliopsoas en posición de caballero
El estiramiento debe realizarse con control pélvico, evitando compensar con hiperlordosis lumbar.

3. Estiramiento con pierna colgando desde camilla

Tumbado al borde de una camilla o cama alta, sujetar una rodilla contra el pecho y dejar la otra pierna colgando. Este ejercicio favorece el alargamiento suave del iliopsoas del lado extendido.

Estiramiento del iliopsoas en camilla
La pierna que queda colgando permite valorar y trabajar la extensibilidad anterior de la cadera.

4. Activación abdominal con piernas a 90 grados

Con caderas y rodillas a 90 grados, activar abdomen sin despegar la zona lumbar del suelo. Ayuda a mejorar el control anterior del tronco y a descargar el exceso de trabajo del psoas.

Activación abdominal con piernas a 90 grados
El objetivo es mantener la pelvis estable sin aumentar la tensión anterior de la cadera.

5. Puente de glúteos

En decúbito supino, elevar la pelvis de forma progresiva manteniendo alineación entre costillas, pelvis y rodillas. Refuerza glúteo mayor y mejora el equilibrio muscular entre la cara anterior y posterior de la cadera.

Puente de glúteos
El puente de glúteos ayuda a recuperar extensión de cadera sin sobrecargar el iliopsoas.

6. Marcha en supino con control de core

Desde posición tumbada, con una o ambas piernas en 90 grados, bajar lentamente una pierna sin perder el control lumbar. Es útil para trabajar la coordinación entre abdomen y flexores de cadera.

Marcha en supino con control abdominal
La prioridad es que el movimiento de la pierna no provoque compensación lumbar.

7. Elevación de pierna recta con control lumbar

Elevar una pierna extendida manteniendo la pelvis estable y la zona lumbar controlada. Debe realizarse solo si no reproduce dolor inguinal claro.

Elevación de pierna recta con control lumbar
Este ejercicio exige más al flexor de cadera y debe introducirse de forma progresiva.

8. Step-up bajo controlado

Subir a una plataforma baja manteniendo tronco estable y pelvis alineada. Mejora la fuerza funcional de cadera y la tolerancia a tareas como escaleras o marcha en pendiente.

Step-up bajo controlado
El step-up permite progresar hacia tareas funcionales como subir escaleras.

9. Lunge frontal progresivo

Ejercicio funcional útil en fases avanzadas para recuperar movilidad, control y carga progresiva. Debe realizarse con técnica correcta y sin dolor importante.

Lunge frontal progresivo
La zancada debe reservarse para fases de mejor tolerancia a la carga.

10. Bicicleta estática sin resistencia

Puede ser una buena opción de readaptación aeróbica si no reproduce dolor, especialmente en fases de transición hacia mayor actividad.

Bicicleta estática sin resistencia
La bicicleta sin resistencia puede ayudar a recuperar tolerancia al movimiento de forma controlada.

Reducir el riesgo de recurrencia

No existe una técnica, postura o estiramiento que garantice prevenir un problema del iliopsoas. Las medidas más razonables son mantener una exposición progresiva a las demandas de flexión de cadera, desarrollar fuerza suficiente, recuperar bien entre sesiones y ajustar con tiempo los cambios de volumen o intensidad.

  • Progresar carrera, cuestas, golpeo y trabajo de flexores de forma gradual.
  • Mantener fuerza de cadera y tronco compatible con la actividad.
  • Evitar usar el dolor como señal para inmovilizar indefinidamente; ajustar y reconstruir capacidad.
  • Reevaluar si aparecen bloqueo, pérdida de movilidad, dolor nocturno progresivo o síntomas que no encajan con un cuadro musculotendinoso.

Seguimiento y decisiones durante la recuperación

La evolución se valora mejor mediante tareas que importan al paciente que mediante la palpación aislada. Puede registrarse la tolerancia a levantar la pierna, subir escaleras, entrar en un coche, caminar rápido, correr o chutar. La fuerza de flexión y la respuesta a una carga repetida ayudan a objetivar cambios.

Si una progresión aumenta los síntomas durante varias horas pero la función se recupera al día siguiente, puede bastar con ajustar volumen o rango. Si el dolor escala sesión tras sesión, aparece cojera, se pierde movilidad o surge bloqueo, conviene revisar la hipótesis diagnóstica en vez de insistir en el mismo ejercicio.

Situaciones que cambian el enfoque

  • Dolor con chasquido reproducible: valorar resalte interno y utilizar ecografía dinámica si la localización no está clara.
  • Dolor profundo con rotación y pérdida de movilidad: ampliar el estudio de la articulación.
  • Dolor después de artroplastia: revisar la relación entre iliopsoas y componente acetabular.
  • Dolor óseo, nocturno progresivo o incapacidad para apoyar: descartar causas que no son una tendinopatía.

Preguntas frecuentes

¿Todo dolor anterior de cadera con flexión es del iliopsoas?

No. El dolor anterior o inguinal puede proceder del iliopsoas, la articulación, el labrum, los aductores, el pubis, la región lumbar u otras estructuras. El diagnóstico requiere patrón clínico y diagnóstico diferencial.

¿Un chasquido del iliopsoas necesita tratamiento?

No si es indoloro y no limita la función. El resalte interno puede existir sin enfermedad. Se trata cuando el chasquido es doloroso, limita la actividad o se asocia a otra lesión que explique los síntomas.

¿La ecografía o la resonancia confirman una tendinopatía del iliopsoas?

Pueden mostrar el tendón, la bursa y lesiones asociadas, pero los hallazgos deben concordar con los síntomas y la exploración. La ecografía dinámica es especialmente útil cuando se intenta reproducir un resalte.

¿Una infiltración en la bursa del iliopsoas cura el problema?

Puede aliviar síntomas y aportar información diagnóstica en casos seleccionados, pero no sustituye la progresión de carga ni corrige por sí sola una causa intraarticular, protésica o mecánica asociada.