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Dr. Arturo Mahiques

El dolor de hombro es un síntoma, no un diagnóstico. Puede proceder de tendones, articulaciones, cápsula, labrum, bursa o nervios de la propia región, pero también puede ser dolor referido desde la columna cervical, el plexo braquial, el tórax u otras estructuras.

La orientación más útil combina mecanismo, localización, duración, movilidad, fuerza, síntomas neurológicos y función. Una maniobra aislada o una imagen anormal rara vez explica por sí sola todo el cuadro.

Persona señalando dolor en la región del hombro
La zona de dolor orienta el diagnóstico diferencial, pero varias estructuras pueden producir patrones superpuestos.

Primero: patrón de síntomas, no una etiqueta

La primera distinción es entre un cuadro predominantemente mecánico local, una restricción articular, una lesión traumática, un problema de inestabilidad, una alteración neurológica o un dolor referido. Estas categorías pueden solaparse, pero ordenan la exploración.

HallazgoInterpretación posible
Dolor al elevar o cargar con movilidad pasiva relativamente conservadaPuede encajar con dolor relacionado con manguito rotador/región subacromial, entre otras causas.
Movilidad activa y pasiva claramente restringidasHace considerar capsulitis, artrosis u otra restricción glenohumeral.
Traumatismo con sensación de salida o deformidadObliga a descartar luxación, fractura y lesiones asociadas.
Parestesias o debilidad con patrón neurológicoRequiere valorar cuello, plexo y nervios periféricos.
Dolor torácico, disnea o síntomas vegetativosPuede indicar una causa no musculoesquelética y requiere valoración según el contexto.

Qué aporta la localización del dolor

Dolor lateral

Es típico de muchos cuadros relacionados con el manguito rotador y región subacromial, pero no identifica un tendón concreto. Puede irradiarse hacia la cara lateral del brazo sin llegar a seguir un patrón neurológico definido.

Dolor anterior

Puede relacionarse con la porción larga del bíceps, articulación glenohumeral, estructuras anteriores, articulación acromioclavicular o causas referidas. La sensibilidad en el surco bicipital tampoco confirma por sí sola una tendinopatía.

Dolor superior

La articulación acromioclavicular es una posibilidad, especialmente cuando el dolor se localiza sobre ella y aumenta con determinadas cargas o aducción horizontal. Sin embargo, otros cuadros pueden producir dolor en la misma zona.

Dolor posterior o periescapular

Amplía el diagnóstico diferencial hacia manguito posterior, labrum, musculatura escapular, columna cervical, nervio supraescapular y otras causas neurológicas.

En definitiva, la localización modifica probabilidades, no demuestra la estructura responsable.

Causas locales frecuentes

Manguito rotador y región subacromial

La tendinopatía y las roturas del manguito pueden causar dolor con elevación y pérdida de fuerza. La bursa subacromial-subdeltoidea puede participar en el cuadro, pero su engrosamiento o líquido en imagen no debe interpretarse de forma aislada.

Cápsula y articulación glenohumeral

La capsulitis adhesiva produce dolor y restricción progresiva de movilidad activa y pasiva. La artrosis glenohumeral puede causar rigidez, dolor y pérdida funcional, especialmente cuando existen cambios radiográficos concordantes.

Articulación acromioclavicular

Artrosis, esguince o lesión traumática de la articulación acromioclavicular suelen localizar el dolor en la parte superior del hombro. La exploración se interpreta junto con radiografía cuando el mecanismo o la evolución lo justifican.

Bíceps y labrum

La porción larga del bíceps y el labrum comparten relaciones anatómicas. Síntomas de clic, dolor anterior o molestia en gestos por encima de la cabeza son inespecíficos; una lesión SLAP o una lesión labral necesita concordancia clínica y no debe diagnosticarse solo por una prueba provocativa.

Inestabilidad

La sensación de salida, subluxación o aprensión tras una luxación previa orienta hacia inestabilidad. El riesgo de recurrencia y la indicación de imagen avanzada dependen de edad, deporte, número de episodios y posibles lesiones óseas o labrales.

Dolor referido y causas no articulares

Esquema de dolor referido hacia el hombro
El hombro puede ser la zona donde se percibe un dolor cuyo origen está fuera del complejo escapulohumeral.

Columna cervical

Una radiculopatía cervical puede producir dolor hacia hombro y brazo acompañado o no de parestesias, alteración de reflejos o debilidad. El movimiento cervical, la distribución de síntomas y la exploración neurológica ayudan a diferenciarla, aunque patología cervical y del hombro pueden coexistir.

Plexo braquial y nervios periféricos

La neuritis braquial, neuropatía supraescapular, lesión del nervio axilar y otras neuropatías pueden causar dolor y debilidad. Un déficit motor que no se explica por dolor, atrofia rápida o alteraciones sensitivas justifican una evaluación neurológica específica.

Dolor cardiopulmonar y visceral

Dolor torácico o presión con irradiación al hombro/brazo, disnea, sudoración o malestar general requiere considerar causas cardiopulmonares. La irritación diafragmática y algunas patologías torácicas o abdominales también pueden referir dolor al hombro.

Causas inflamatorias y sistémicas

Dolor bilateral con rigidez de cintura escapular, fiebre, pérdida de peso o síntomas generales puede requerir estudiar procesos inflamatorios, infecciosos, neoplásicos u otras causas sistémicas según edad y contexto.

Traumatismo, sobrecarga y evolución

Inicio traumático

Una caída, tracción brusca o golpe directo cambia la prioridad diagnóstica. La radiografía suele ser la primera prueba si se sospecha fractura o luxación. Debilidad brusca tras un traumatismo también hace considerar rotura del manguito o lesión neurológica.

Inicio relacionado con carga

Un aumento de trabajo por encima de la cabeza, lanzamientos, gimnasio o actividad repetitiva puede coincidir con síntomas tendinosos. El tratamiento inicial no exige eliminar para siempre el gesto: suele ser más útil ajustar temporalmente la carga y reconstruir capacidad de forma progresiva.

Dolor de evolución lenta

Artrosis, capsulitis y tendinopatías pueden evolucionar gradualmente. La duración por sí sola no determina gravedad, pero un cuadro que no responde como se esperaba obliga a revisar el diagnóstico.

Exploración clínica

La exploración debe reproducir el problema de forma segura y comparar los hallazgos con la función. Se valora movimiento activo y pasivo, fuerza, estabilidad cuando esté indicada, articulación acromioclavicular, sensibilidad y cuello.

Las pruebas especiales del manguito, bíceps o labrum tienen sensibilidad y especificidad variables. Su valor aumenta cuando varias observaciones son concordantes. El objetivo no es “coleccionar tests positivos”, sino decidir qué hipótesis explica mejor el cuadro y qué información adicional cambiaría el tratamiento.

La guía específica de exploración reglada del hombro organiza estas maniobras por función y estructura.

Qué prueba de imagen elegir

Según los criterios ACR, la radiografía es una prueba inicial apropiada en muchos escenarios de dolor crónico de hombro. Después se elige la técnica según la hipótesis clínica y lo que ya muestran las radiografías.

  • Sospecha de manguito: ecografía o resonancia pueden caracterizar tendones y músculos.
  • Sospecha de bíceps: ecografía o resonancia pueden ser útiles según la porción y la pregunta clínica.
  • Sospecha labral o inestabilidad: resonancia, artro-RM o TAC se seleccionan según tejido blando, pérdida ósea y contexto.
  • Calcificación o artrosis: la radiografía puede aportar información suficiente para orientar inicialmente.

La imagen no debe solicitarse únicamente para “ver qué hay”. Los hallazgos incidentales son frecuentes y pueden conducir a tratamientos innecesarios si no se relacionan con los síntomas.

Signos de alarma

  • Traumatismo importante con deformidad, incapacidad funcional marcada o sospecha de luxación/fractura.
  • Déficit neurológico nuevo o progresivo, pérdida importante de sensibilidad o debilidad no explicada por dolor.
  • Alteración vascular del brazo: frialdad, palidez, ausencia de pulso normal o dolor desproporcionado.
  • Fiebre, escalofríos, articulación extremadamente dolorosa o riesgo de infección.
  • Dolor torácico, dificultad respiratoria, sudoración o síntomas cardiopulmonares.
  • Dolor persistente con síntomas sistémicos, antecedentes de cáncer u otros datos que no encajen con un patrón musculoesquelético habitual.

Edad, actividad y contexto cambian el diagnóstico

El mismo síntoma no tiene la misma probabilidad diagnóstica en todas las personas. En un joven tras un traumatismo con aprensión puede preocupar la inestabilidad; en un adulto con dolor atraumático al elevar el brazo son más frecuentes los cuadros relacionados con manguito; y en una persona con rigidez progresiva deben considerarse capsulitis y artrosis, entre otras causas.

En deportistas de lanzamiento o natación, los síntomas deben relacionarse con volumen, velocidad, fase de la temporada y cambios recientes de carga. Algunos hallazgos de imagen o adaptaciones de movilidad pueden ser frecuentes en hombros asintomáticos de deportistas y no deben tratarse como enfermedad por sí solos.

Diabetes, enfermedad tiroidea, trastornos inflamatorios, cirugía previa, cáncer, infección reciente y determinados medicamentos también pueden cambiar el diagnóstico diferencial o la forma de tratar el problema.

Qué hacer mientras se estudia la causa

Si no existen signos de alarma, muchas causas musculoesqueléticas se manejan inicialmente sin reposo completo. Puede ser útil reducir temporalmente las actividades que provocan una gran exacerbación, mantener movimiento tolerable y recuperar fuerza y función de forma progresiva.

La guía AAOS 2025 sobre lesiones del manguito rotador y la práctica clínica actual apoyan un tratamiento no quirúrgico en numerosos escenarios, pero una rotura traumática relevante, inestabilidad estructural, artrosis avanzada u otra lesión concreta puede requerir un recorrido diferente. El diagnóstico modifica el plan.

Cuándo reevaluar el diagnóstico

La evolución forma parte del diagnóstico. Si un cuadro inicialmente compatible con dolor musculoesquelético no mejora de forma razonable o aparecen hallazgos nuevos, conviene revisar la hipótesis en lugar de repetir indefinidamente el mismo tratamiento.

  • Debilidad persistente o progresiva que no parece explicarse solo por dolor.
  • Pérdida creciente de movilidad pasiva.
  • Inestabilidad recurrente, nuevos episodios de luxación o bloqueo mecánico.
  • Parestesias, atrofia o signos neurológicos nuevos.
  • Falta de progreso pese a una rehabilitación bien dosificada y adherencia adecuada.

Reevaluar no implica pedir automáticamente una resonancia. Puede significar repetir la historia, explorar cuello y nervios, revisar la carga, comprobar la adherencia o seleccionar la prueba de imagen que realmente responda a la nueva pregunta clínica.

Preguntas frecuentes

¿El lugar donde duele permite saber qué estructura está lesionada?

No con certeza. La localización ayuda a orientar, pero distintas estructuras pueden producir zonas de dolor parecidas. El diagnóstico integra inicio, movilidad, fuerza, exploración y, cuando está indicada, imagen.

¿El dolor nocturno significa que existe una rotura del manguito?

No. El dolor nocturno puede aparecer en roturas del manguito, tendinopatías, bursitis, capsulitis y otros problemas. Su presencia modifica la historia clínica, pero no confirma una lesión concreta.

¿Cuándo se pide una resonancia por dolor de hombro?

Depende del escenario. En dolor crónico, la radiografía suele ser una prueba inicial apropiada. La resonancia o ecografía se seleccionan después cuando la sospecha clínica apunta a manguito, bíceps u otras partes blandas; la artro-RM se reserva para determinadas preguntas intraarticulares.

¿Cómo saber si el dolor viene del cuello y no del hombro?

Síntomas que cambian con el cuello, parestesias, debilidad neurológica, dolor que sigue un patrón radicular o una exploración local poco concordante aumentan la sospecha cervical. Aun así, ambos problemas pueden coexistir.

Fuentes y evidencia consultada